El arte de arrodillarse con estilo
- Nelson R.

- 4 feb
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 20 feb
Para los amantes del silencio cómodo,
ese que mata despacio
mientras ellos brindan por la paz interior,
confundiendo la cobardía
con una forma avanzada de sabiduría.
Dicen que el amor propio
es un capricho moderno,
una moda del egoísmo idolatrado
que afila sus dientes en la sombra
para devorar el mundo
sin remordimientos.
Pero yo diría que es un reflejo
peligroso.
mirándose a sí mismo en el espejo,
y sólo lo ven quienes no tiemblan
ante su rostro distorsionado
por quienes desean encerrarte
en la mazmorra silenciosa
de la sumisión
y la manipulación.
Sólo lo gozan aquellos
que se arrancaron las culpas
y las mentiras bonitas.
Los que pelearon la guerra imposible
contra sí mismos...
y vencieron.
Por eso conocen su valor
y han probado el mayor lujo
que existe: amarse.
La gente,
con su paciencia torcida,
agacha la cabeza ante la psicopatía,
y estalla contra el prójimo
por idioteces.
Arrodillados ante altares falsos,
ante profetas de humo
que predican dioses de feria,
vendiendo paz y amor
en frascos vacios.
Yo aprendí a quererme
cuando descubrí
que la sumisión tiene descuento,
pero la dignidad...
no entra en rebajas.
Y prefiero tropezar despierta
que caminar en línea recta,
con los ojos vendados
para no incomodar a los demás;
para servir a este sistema
perverso y corrupto
que nos chupa la sangre
mientras nos vende
paraísos inexistentes.
Y si al final todo arde,
que al menos no me encuentre
arrodillada,
pidiendo permiso para existir.




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