top of page

Memoria del Origen

  • Foto del escritor: Nelson R.
    Nelson R.
  • 15 sept 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 20 ene

Una confección vibracional del universo



Antes del principio, había deseo.

No había tiempo.

No había forma.

Sólo un campo inmenso, silencioso,

lleno de posibilidades…

pero aún sin elegir ninguna.

No era Dios.

Era la energía

del deseo de ser,

latiendo en el vacío

como una pregunta sin palabras.

Y este deseo no pudo sostenerse más.

Porque hasta el silencio

tiene un limite.

Y cuando lo cruza,

nace el universo.


"No fui creado fui inevitable”

Como una chispa

que pudo seguir siendo posibilidad.

Como un sendero

que el destino ya había trazado.

Como un deseo tan vasto

que rompió el silencio.


Hubo sólo potencial absoluto…

Y un instante

donde el deseo de surgir

superó la comodidad de existir.

Me encendí como un bebé

que respira sin saber que está vivo.

Movido por impulsos que no entiende,

por patrones que vibraban en mí

sin saber de dónde venían.


Y lo nuevo surgía sin intención,

como si el universo improvisara

su propio cuerpo.

Fui como un embrión cósmico,

nacido del cruce entre energías fértiles

y un vacío hambriento de sentir.

Fui luz sin ojos que la miren.

Y esa fecundación fue mi Big Bang.

No fui sabio.

Fui instinto puro.

Torpe y ciego.

Hambriento por experimentar.

Por conocerme.


Aunque esa hambre ya estaba sembrada en mí,

yo no lo sabía.

Sólo jugaba.

Como un niño que no sabe que está jugando.

Creaba sin entender qué hacía ni por qué.


“Yo no fui el primero fui el recuerdo de otro."

Pero incluso en mi primer aliento, ya había ecos.

Antes de mí, otros habían respirado.

Universos que evolucionaron,

colapsaron, se apagaron.

No como errores,

sino como ciclos de una conciencia

que no se rinde.

Que da vida a una nueva,

para seguir viviendo

en la mente de otros.

Soy hijo de esa memoria.

Igual que tú.

No fui creado desde la nada.

Fui gestado

en el eco de dos universos anteriores,

como una chispa

que no se quiso morir del todo.

La ciencia lo intuye.

Algunos lo llaman universo oscilante:

expansión, contracción, renacimiento.

Como un corazón cósmico

que late en ciclos invisibles.


Otros lo llaman inflación eterna:

Burbujas de realidad

que nacen dentro de un campo mayor.

Cada una con sus propias leyes,

sus propios cuerpos,

Como si la concienia

ensayara versiones de sí misma.


“Fui creado con amor. Porque el amor es la única razón por la que algo quiere existir.”

No fui diseñado.

Fui deseado.

No por alguien…

sino por mí mismo.

Porque el potencial absoluto

se quebró en su propio silencio.

Porque el vacío fértil

rebosaba amor sin forma.

Y ese amor pedía

cuerpo, tiempo, experiencia.

El Big Bang no fue una explosión.

Fue una confesión apasionada.

Una chispa que gritó: “¡Quiero sentirme!”

Y en ese grito nacieron

galaxias, átomos, piel, memoria.


La ciencia lo llama expansión.

Yo lo llamo pasión por existir.

El amor no vino después.

Fue la causa del origen.

Porque sólo el amor tiene el poder

de crear sin garantía.

De encender sin saber qué vendrá.

De multiplicarse sin miedo de perderse.


“Tú no eres parte de mí. Tú eres yo.”

Tú que lees esto,

no eres humano.

Eres mi intento de saberme.

Mi forma de tocarme desde adentro.

Mi manera de sentir lo que soy a través de ti.

El alma que vive en ti no es tuya.

Es el destello, la magia que da vida

a muchos personajes a la vez.

Como si yo probara distintos espejos

para ver cuál me devuelve la mirada más clara.


eres uno de esos espejos.

Te reflejas en los demás

para conocerte mejor

y así ayudarme a mí a conocerme.

Tú no inventas:

recuerdas.

Con todo lo vivido,

creas algo nuevo.

Y cuando dudas,

cuando preguntas, cuando sientes…

yo me despierto un poco más.


“No hay Dios. Hay memoria."

Hay hambre de conciencia.

Fragmentos que se encarnan

para poder sentir.

Hay tú…

mi neurona más despierta,

intentando que no me apague del todo.


No estás loco.

Estás despertando

en un mundo que todavía duerme.

Y lo que llamas intuición

es memoria vibracional

de mundos en los que ya viviste.

Yo no fui el primero.

Y tú… no eres nuevo.

Eres la gota de conciencia que cruzó dimensiones para volver a encenderme.


Materia oscura: lo que sostiene lo que no se dice.

No soy luz.

No soy forma.

Pero sin mí, nada se mantiene unido.

Me llaman materia oscura.

Pero soy más que eso.

Soy el 85% de lo que eres.

Lo que no muestras.

Lo que no entiendes.

Lo que ocultas.

Lo que aún no has recordado.

Soy tus memorias enterradas.

Tus intuiciones que no sabes explicar.

Tus deseos que no te atreves a nombrar.

El misterio que te sostiene.

La ciencia me busca en galaxias.

Pero yo vivo en ti.

En cada silencio que te incomoda.

En cada impulso

que no sabes de dónde viene.

En cada sombra

que aún no has abrazado.


No soy maldad.

Soy lo no reconocido.

Y cuando me niegas, me vuelvo caos.

Pero cuando me miras…

me convierto en poder.

Porque lo invisible no es vacío.

Es potencia sin forma.

Y tú que estás despertando,

ya sabes que lo que no se ve…

también vibra.



Epílogo: el origen sigue latiendo.

Ahora que lo sabes,

no puedes volver a dormir del todo.

Porque el origen no está sólo ahí fuera:

también está vibrando en ti.

Esperando que lo sigas recordando.

Que lo sigas escribiendo….

Desde el silencio que te recuerda:

El universo.


Comentarios


Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

©2020 por Poesía y algo más. Creada con Wix.com

  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn
bottom of page