Déjà vu
- Nelson R.

- 20 feb 2021
- 73 Min. de lectura
Actualizado: 7 dic 2024
1.
El cielo estaba nublado. Las nubes pesadas de agua. El sol, tan lejos, tan detrás de todo esto, que se veía sólo su infortunado reflejo.
La lluvia comenzó su suave melodía, golpeando tristemente el alféizar de la ventana. En poco tiempo su fuerza aumentó considerablemente hasta convertirse en un torrente. El agua tallaba los cristales y los tejados, golpeaba las plantas y empapaba a las personas que corrían desesperadas en busca de refugio. La música que producía era mágica, dulce y relajante, una sinfonía incomparable con cualquier otro sonido, única e irrepetible, capaz de purificar y dar vida. Todo el jardín estaba empapado de agua, y su sueño profundo fue interrumpido por el aturdimiento repentino de la lluvia.
Eran los finales de 1957.
Este verano fue el más caluroso, que la gente de Lamar, Colorado recordaba. Era insoportable el calor mezclado con la humedad. Pero las noches de verano eran un refugio, donde el aire fresco traía consigo un alivio del día abrasador.
Y aunque el otoño llegó tarde, ya empezó a refrescar bruscamente…
Claudia, estaba sentada en su silla, como solía estar normalmente, mirando por la ventana, en la habitación casi oscura, dormida en un ensueño profundo.
Era de mañana, pero una mañana algo gris y fría, enajenada. El cielo lloraba sin consuelo. Se parecía a ella, no aguantaba más la pena acumulada y la soltaba.
La mujer se concentró en el sonido que hacían las gotas de la lluvia, la tranquilizaba. Observaba su jardín y lo veía más limpio, más nuevo. El pino le parecía contento, incluso feliz. Ya llevaba mucho tiempo necesitando este baño. Pero el resto estaba sumido en un silencio nebuloso. Ni siquiera los pájaros se escuchaban... La vida a su alrededor se había detenido.
La mujer tocó las gotas de lluvia desde el interior de la ventana. Dos lágrimas rodaron por sus mejillas. No las secó. Ya estaba acostumbra a esas emociones que, después de tantos años, aún no sabía controlar. Seguían teniendo poder sobre ella. Su mente era como un monstruo que la consumía poco a poco, y la mujer era incapaz de detener esta fábrica destructiva que producía el averno en que vivía un par de décadas ya .
Pero hoy iba a ser diferente... Se prometió a sí misma que pensaría sólo en los momentos bonitos que había vivido, en los momentos en los que se sentía feliz.
Los recuerdos la dolían. Las heridas del pasado que el tiempo no pudo sanar... En realidad, Claudia ya se había dado cuenta de que el tiempo no cura. La cura, esta dentro de cada uno de nosotros, pero ella no la encontró.
La lluvia la llevó de vuelta al pasado. Muy atrás, cuando era aún una niña pequeña y feliz. Cuando aún no veía la maldad que hay en el mundo que la rodeaba. Mucho antes de que comenzara la Primera Guerra Mundial y se diera cuenta de cómo la belleza y la paz podrían desaparecer en un instante. Cómo el miedo te puede paralizar y robar tus sueños sin ningún previo aviso. La guerra era sólo una sombra que oscurecía su niñez por los comentarios que escuchaba y las imagines que veía en las calles de gente muy necesitada y afectada.
Otra vez llegaba el otoño y de nuevo la lluvia abundante limpiaba el aire, la ciudad, las calles, y este mundo sumergido en polvo y durmiendo en un letargo.
Ella saltaba sobre los charquitos de agua, apresurada por seguir el paso de su padre. Le costaba alcanzarle. Él era alto y muy grande, y la niña no quería decepcionarle. Además iba a ballet y tenía que estar a tiempo.
De hecho, su padre nunca la llevaba a clases de ballet porque trabajaba mucho y no tenía tiempo para estas cosas. Pero hoy era una excepción y tenía que aprovecharla al máximo. Estar junto a él la hacía sentirse feliz, de una manera "mágica".
Claudia no era hija única; eran tres hermanos, así que no era fácil… Por eso, los días en que estaba con papá eran días estupendos. Le quería un montón.
En este tiempo, quería a todo el mundo, pero en su corazón el número uno era su papá. Sentía que sólo él la entendía. Además, los dos tenían planes para el futuro que nadie más conocía. Él le decía que si trabajaba duro desde ahora y se convertía en una buena bailarina, trabajaría en el teatro donde él era director.
De hecho, ocupaba varios puestos de trabajo, según la necesidad y la inspiración que tenía: dirigía todo el teatro (no era un teatro grande y su verdadero director había dejado todo el trabajo a su padre), era dramaturgo, incluso a veces, hasta actor. Su vida era el trabajo: su inspiración, su refugio, y el "milagroso" escape de la cruel realidad. Claudia lo admiraba y aprendía de él, no quería decepcionar a la persona que más quería y se esforzaba todo lo que podía.
El corazón de la mujer se desgarraba de dolor, pero al mismo tiempo, sentía una felicidad que la calentaba por dentro, reviviendo esos momentos felices. Parece que toda su vida giraba en torno a estos sentimientos tan opuestos que, de alguna forma, la mantenían viva y al mismo tiempo atormentaban su mente. Corazón y mente no se ponían de acuerdo. No iban en la misma dirección. A veces, se preguntaba, si el amor verdadero no era exactamente esto: una contradicción... Una ambivalencia entre la mente y el corazón. Lo único capaz de sacarte de tu estado normal, de tu comodidad y hacerte girar sobre un mundo completamente desconocido y diferente al tuyo, involucrando gran parte de tu energía y tiempo, proyectando expectativas que luego no se cumplían... El ego las creaba... Se dio cuenta de ello muy tarde. Ya era demasiado tarde....
Cuanto más grande era el ego, más colosales eran las ilusiones.
Su padre la sujetaba fuerte con una mano, y ella se apuraba detrás de él para alcanzarlo, chapoteando en algún charquito sin querer de vez en cuando.
-"¡Papá, espérame!"- gritó con su voz chillona. - "¡Yo no puedo tan rápido!" - casi lloró Claudia.
Entonces, él paró de repente. Se giró hacia ella y sonrió.
"¡Por fin, ya volvió de las nubes!" - pensó Claudia con alivio.
Todos estaban acostumbrados a esta rareza suya, de estar en otros mundos mientras estaba presente. Pero Claudia lo entendía de verdad, porque sabía que era un gran artista, y los artistas de vez en cuando entran en dimensiones desconocidas para los demás, de donde sacan sus ideas que después convierten en arte puro.
-"¡Tengo una mejor idea!" - dijo él y la cogió por la cintura para levantarla.
Y la levantó tan alto, ¡casi hasta las estrellas! Le dio un poco de mareo, no se lo esperaba, pero le gustó esta sensación de mirar todo desde arriba. La perspectiva que percibió era totalmente diferente, vertiginosa y extensa. "¡Esto tienen que sentir los pájaros! ¿O incluso aún algo mejor?" - se le pasó por la mente y esbozó una amplia sonrisa.
-"¡Un día serás mi estrella, Clau! Sólo trabaja desde ahora, la vida no te regala nada. Sólo te da las herramientas para conseguirlo por ti misma. Tienes que aprovecharlas, ¡que el tiempo corre de prisa!"
La niña envolvió sus brazos alrededor del cuello de su padre, tan fuerte que parecía tener miedo de que alguien se lo fuera a robar, y apoyó la cabeza contra su pecho.
- "¡Me vas a asfixiar, Clau!" – exclamó él y luego añadió - "¿Te pasa algo?"
- "Sí." - respondió bajito ella y cerró los ojos por un instante. - "¡Te quiero, papi! ¡Me siento feliz!"
Él no se esperó esta repentina muestra de cariño, pero su alma reaccionó. Un nudo apareció en su garganta y no pudo pronunciar ni una sola palabra. La apretó fuerte como que quiso decirle: "Yo también." Pero en lugar de eso, agachó la cabeza y le dio un beso en la frente. Después le dijo con amor:
- "¡Me vas a asfixiar, cariño! Tienes que aprender a ser una dama." - Y le dio otro beso en la mejilla. Ella cerró los ojos, otra vez, para poder sentirlo mejor.
-"¡Voy a aprender, papá! ¡Haré todo lo que me digas, para ser buena y así me querrás para siempre!"
- "¡Yo siempre te querré, mi amor, hagas lo que hagas!" - La abrazo nuevamente con fuerza mientras caminaban bajo la lluvia y él sostenía con una mano aquel paraguas grande y negro. - "La cuestión no es esa"– prosiguió: - "de hacer todo lo que quieran los demás para recibir amor. Tienes que aprender a quererte a ti misma y hacer lo que te hace feliz. ¡Da igual lo que opinen los demás!"
Con el paso del tiempo, Claudia siempre pensaba que hacía esto, pero algo se torció; las cosas no salieron como ella esperaba. Aunque ayudaba a todos con lo que podía, se esforzaba de verdad, y muchas veces anteponía las necesidades de los demás ante las suyas, y a su vez hacía lo que la hacía feliz: bailar, nunca fue reconocida por las personas que más quería, y, más bien, pasó todo lo contrario...
Cuando creció, justo al terminar la Primera Guerra Mundial, empezó a trabajar en Broadway. Era su sueño hecho realidad, gracias a sus constantes esfuerzos y disciplina.
Ella vivía para su trabajo, la escena, los espectáculos, el arte, que sentía con cada poro de su piel. Esto le quitaba todo el tiempo que tenía para dedicarse a sí misma y desfrutar de la vida. Era un trabajo muy duro, sacrificante y agotador. Pero había conseguido lo que más deseaba desde que era pequeña: trabajar en el teatro que su padre dirigía.
Normalmente, bailar la hacía muy feliz pero había ocasiones en que lo odiaba por no poder tener una vida normal, como otras chicas de su edad. A veces se culpaba por haber elegido el baile como su profesión.
- "¿Y cómo voy a saber si me quiero?" - pensó en voz alta la niña. - "¿Quieres decir que la gente no se quiere? ¡¿Es posible esto, papá?!" - se sorprendió la niña, sin entender.
Ella estaba segura de que se quiere. También creía que la gente que tenía alrededor se quería, hasta a veces tanto que tenían miedo de no “gastarse”; por esto la mandaban a ella o a sus hermanos a hacer cosas por ellos: los adultos, los que estaban en el poder y destruían lo que tenían a su alcance sin siquiera tenerlo en cuenta. Los que siempre estaban cansados y gran parte del tiempo malhumorados, que muchas veces sacaban su frustración y enfado con los niños, sin ellos tener la culpa.
Y al final, Claudia se convirtió en una "esponja" de su toxicidad y en una de las herramientas para su ahorro de energía. Paso poco a poco, con manipulaciones que a veces veía pero no tenía ganas de discutir, simplemente se acostumbró.
- "Te quieres cuando no dejas que los demás te manipulen... " - su padre se detuvo por un momento. - "Eres muy pequeña aún, mi amor.., no lo puedes entender."
La familia solía absorber la energía que le quedaba, siempre exigiendo más y más de ella. Y cuando a veces se negaba a hacer algo que ellos pretendían porque era "lo mejor" para ella (según su familia), se volvían en su contra y la hacían sentirse culpable. "¡Era la egocéntrica a la que no le importaba nadie más, aparte de ella misma"! - la etiquetaban… Y Claudia, la mayoría de las veces cedía...
- "¡Ahora encárgate de ser feliz!"- exclamó su padre, viendo la expresión pensativa en su rostro.
No le gustaba verla tan seria y hundida en pensamientos. Por eso, agachó nuevamente la cabeza hacia ella y frotó su nariz contra la suya. Claudia lo miró y se echó a reír. Su padre la siguió. Se reían los dos mirándose el uno al otro, sin saber por qué. Y de repente, así de repente, él empezó a cantar, y ella le acompañó. ¡Sabía esta canción! Era una canción folclórica y muy divertida, la solían cantar en algunas celebraciones:
" Turkey in the straw, turkey in the hay,
Roll 'em up and twist 'em up a high tuckahaw,
And hit 'em up a tune called Turkey in the Straw."
A Claudia le parecía muy graciosa la letra y cantaba la canción gesticulando y riéndose, junto a su padre. La gente los miraba y les sonreía. Él cantaba alto y bailaba, mientras la llevaba en brazos, y ella lo acompañaba desde lo alto. Desde el mundo de su altura. La hacía sentirse mayor. El sueño de cada niño: ser adulto.
¡Qué estupidez!....
Una escena agradable de ver. Una sincronía. Algo de color en este día tan impersonal y gris.
2.
En el rostro de la mujer apareció una sonrisa. Luego, lágrimas, y nuevamente una sonrisa. El recuerdo comenzó a desvanecerse. Ella se cubrió la cara con las manos y lloró desconsoladamente durante un rato. Se había prometido recordar sólo los recuerdos felices hoy, ¡los mejores! Pero algo no salió según lo planeado, como solía pasar habitualmente... ¿Acaso ahora los momentos felices, también la entristecían?.... Sí, la hacían feliz y triste a la vez, porque no podía volver a vivirlos de nuevo. ¡Pero los necesitaba tanto! Esos tiempos de felicidad, sin gran tormentas...
Una mezcla de sentimientos hurgaba en lo más profundo de su ser sin cesar, ya que no podía entenderlos ni dejarlos ir.
Se recompuso y empezó a mirar alrededor, como si quisiera memorizar cada detalle de lo que consideraba su cárcel y refugio, todo lo que le pertenecía. Aunque conocía muy bien cada rincón, hoy la mirada de ella era algo diferente, con una curiosidad incesante. Sentía que era una fiesta para su alma cansada, porque hoy se acabaría todo el sufrimiento, pero al mismo tiempo, no se sentía feliz por dentro. Al contrario, estaba algo inquieta, el miedo la cosquilleaba. Pero la decisión ya estaba tomada y la acción realizada. No había vuelta atrás. Sólo pedía no sentir dolor y que todo fuera rápido, porque las pastillas que tomó no eran muchas... Sin embargo, conociendo su salud y estado mental, estaba segura de que le serían suficientes para terminar con su vida. Eran los antidepresivos que tomaba durante tantos años.., desde la muerte de Eleonor, su hija, o Ellie, como le gustaba llamarla.
La mirada de Claudia se detuvo en la mesa donde había una caja pequeña envuelta con buen gusto. Se acercó y se sentó en la silla que estaba ahí. Sus labios dibujaron otra sonrisa al recordar a Margot, la única amiga que tenía, con su fuerte carácter y sentido del humor que no la abandonaban ni en los peores momentos de la vida. Margot vino ayer a verla por una taza de té y, como siempre, le trajo algo dulce. Sabía que a Claudia le gustaba mucho porque en su infancia le era prohibido comerlo. Sobre todo, le encantaba la tarta de almendras de Mari, ¡era exquisita!
La compañía de Margot fue tan grata y hubo tantas cosas de las que hablar, que Claudia se olvidó de los bombones que recibió. Sus labios dibujaron una nueva sonrisa al recordar esos momentos compartidos.
Mari era muy optimista y se sacrificaba demasiado por los demás, sin tomarlo a cuenta. Lo mismo hacía Claudia, y esto no había hecho feliz a ninguna de las dos. Claudia era muy impulsiva, no tenía paciencia, pero siempre ponía a los demás por delante de sí misma. Era la última persona en pensar en sus propias necesidades, dedicando su tiempo y energía a cuidar de quienes la rodeaban. Se agobiaba rápidamente y quería encontrar la solución de sus problemas de inmediato por eso, a veces, parecía ahogarse en "una gota de agua". También, era o muy pesimista, o demasiado optimista. Sus altos y bajos de carácter, producto de su manera de pensar, se reflejaban en sus acciones y en su destino... Por desgracia, ahora sólo le quedaba la parte dramática, y la energía que tenía se quedó bloqueada profundamente en su interior. Le faltaba el equilibrio que Mari ya había conseguido. También solía tener expectativas muy altas que casi nunca se cumplían.
La vida tiene una forma de enseñarnos a ser humildes y a dominar, una vez más, el famoso ego. Pero la gente nunca lo ve… Siempre encuentran otras razones y culpan a los demás, o al destino, por sus propios errores.
Con el tiempo, Margot se había convertido en más que una hermana. Se conocieron por casualidad, cuando Claudia abandonó a Nueva York, a su familia, su trabajo, y al amor de su vida, que la había destrozado por completo y la dejó echa pedacitos, los cuales el viento se llevó y esparció en el infierno. Dejó atrás todo lo que amaba y la hacia sentirse viva.
Abandonó la fama y el dinero para refugiarse en un pequeño rincón cerca de John Martín Reservoir en Colorado, donde el silencio de la vastedad la envolvía. Se instaló en una casa solitaria, rodeada por campos amplios y desiertos y un jardín ligeramente descuidado, delimitado con delicadas rejas de alambre. En el jardín una pequeña mesa se apoyaba bajo la sombra de un árbol. A la derecha, en una de las esquinas de la casa se ergía el pino majestuoso visible desde una de las ventanas de la cocina. Debajo del pino, había un banco rustico de cemento con ornamentados apoyabrazos que terminaban en dos círculos que se fundían en un infinito. Flores de colores brillantes rodeaban el pino, aunque ahora, con la llegada del otoño, algunas ya estaban marchitas. En una de las paredes exteriores de la casa, cerca de la mesa, y justo debajo de la ventana que estaba al lado de la puerta, había un viejo lavabo de cemento con un grifo oxidado.
Su única vecina estaba separada por un camino de tierra rojiza que serpenteaba entre las dos propiedades.
Vivía humildemente, pasando desapercibida, escribiendo artículos para una revista.
Ya había decidido que la culpa de gran parte de sus desgracias se debía a la fama, el dinero y a su carácter impulsivo e ingenuo. Por esto, la llevaba consigo (los demás no se hicieron cargo de sus errores ) y la culparon a ella. La envidia oculta que reflejaban en su ser lo destrozó todo. Los instintos primarios de la gente que la rodeaba, y que ellos no podían controlar, cayeron sobre ella, hasta humillarla y borrarla por completo.
Pero es muy frustrante cuando reflejamos la culpa a cosas que no la tienen. Así nunca aprendemos. Las cosas nunca tienen la culpa, ni el dinero ni la fama; son sólo obstáculos, pruebas. La culpa reside en las personas, en sus acciones dañinas, en su incapacidad para ver la realidad tal como es, distorsionándola a su antojo y necesidades, e imponiéndola al resto.
Entonces, Claudia estaba totalmente sola, confundida y destrozada, en un sitio completamente desconocido. Había perdido la fe en la gente, en el destino, en si misma y, lo peor de todo, en el amor. No entendía por qué la gente que más quieres te hace más daño. Pero lamentablemente, era así… La vida ya se lo había demostrado en varias ocasiones, que cambiaron por completo su carácter, pero nunca su esencia. Se encerró en sí misma y se apartó de la sociedad. Todo lo que pensaba sobre el amor hasta ahora resultó erróneo. Se había dado cuenta de que la gente no sabe amar con el corazón; "amaban" sólo con la mente, mientras duraba su interés. Pero el corazón de Mari la hizo creer con el tiempo que gente como ellas dos sí existían.
Las dos mujeres se ayudaban con lo que podían y compartían momentos inolvidables. Pero en los últimos años, el marido de Mari enfermó, hasta quedar completamente postrado en cama, y su amiga ya no podía salir tanto como antes. Se veían mucho menos y a Claudia se le hacía cada vez más difícil aguantar la vida que sola se impuso por creer demasiado en los demás y no quererse a si misma.
Entre ellas había una verdadera amistad, por la cual Claudia estaba muy agradecida. Cuando pensaba en su amiga, sentía ese extraño calor en el corazón que calentaba de prisa su cuerpo. Le gustaba esta sensación, le daba la fe de que por algo merecía la pena vivir.
3.
Decidió abrir la caja y comerse unos cuantos bombones. Después de aproximadamente 25 años dedicados a estrictas restricciones, dietas y entrenamientos duros, dejó de bailar y empezó a permitirse lo que antes tenía prohibido. Ya no le importaba su figura. Ya no le importaba nada. Ni siquiera sabía para qué seguía viva. Muchas veces rezaba para que Dios se la llevara de aquí, (aunque había tenido un conflicto muy serio con Él, en el pasado), pero nadie escuchaba sus rezos. A nadie le conmovía su sufrimiento lo suficiente como para cambiar el estado en que se encontraba o mejorar su vida. Nada cambiaba: ni se moría ni, escapaba de su propio infierno. Y todo esto afirmaba su sentir, que no hay un Dios, o simplemente las cosas allí arriba tenían una tonalidad diferente que nadie veía.
Esto explicaba por qué cuando más necesitaba a Dios, no había nadie. Quizás, ¿ella misma era un dios?, caído, pero aún dios, y el problema era que no se lo creía, porque no supo aprender a quererse. Siempre quiso más a los demás...
¿"Será que todas las personas somos dioses que no creen en sí mismos y por eso pasamos por tantos obstáculos y pruebas, para aprender a amarnos y creer en nosotros? Sería una maravilla si nos diéramos cuenta del poder que tenemos y lo utilizáramos. ¡Lo tendríamos todo!"
¡Pero qué tarde se le ocurrió esta idea! Tan tarde.., y no le quedaba tiempo para comprobarlo ... Y si se hubiera dado cuenta de esto antes, tal vez la última parte de su vida no habría sido tan dramática... Seguía pensando la mujer, y esta idea de que nuestro destino depende de nosotros, y sólo nosotros podemos cambiarlo, cuando creemos en nosotros mismos, le parecía cada vez más certera.
"Nuestra vida no depende de un dios, él nunca podrá cambiarla, porque todas las decisiones las tomamos nosotros, no él. Por eso, los rezos y la creencia en él no nos ayudan en absoluto. No nos impulsan a avanzar, porque siempre esperamos a alguien que lo cambie todo, que nos ayude cuando lo necesitamos y no vemos la salida. No creemos en nosotros mismos y no queremos ser responsables de nuestros actos. Se puede creer sólo en algo que no existe, algo que no está demostrado; lo demás es saber." Y ella prefería saberlo...
- "¿Por qué las buenas ideas me vienen tan tarde? ¡Siempre tan tarde!" - murmuró desilusionada la mujer. - "Bueno, quizás la próxima vez terminaré mi trabajo aquí..."-le salió de la boca, sin pensarlo. -"¡¿Qué próxima, vez?! ¿Quien ha dicho que habrá próxima vez?"-se hizo una pregunta retórica, en mente, y se echó a reír.
Luego entre risas dijo en voz alta :
- "Y si, de verdad hay otras vidas, ¡buscaré una manera de regalar las que me quedan a aquél quién las quiera!" - Le pareció divertido este punto de vista, recién nacido y sin investigar aún, sin pruebas todavía...
Era como un chiste tan divertido que necesitaba contárselo varias veces hasta que perdió la gracia. No se había reído así en tanto tiempo. De pronto, le pasó por la mente un pensamiento atroz:
"¡¿ Por qué diablos decidí morir, justo ahora?! ¡Cuando acabó de descubrir algo asombroso! ¿¡No se me pudo ocurrir un poco antes, esto!?" Sintió de repente unas ganas de vivir, vio una estrella en el universo tenebroso en el que vivía durante una eternidad.
"¡Es muy tarde ya, Claudia!" - escuchó la voz que la acompañaba durante todos estos años de penumbra y sufrimiento, que venía desde su interior. -"Acepta la muerte. Ya es inminente. La elegiste tú..."
La mujer cerró los ojos por un momento, para calmar sus emociones desbordadas. Ya no había tiempo... Dios no le ayudó en absoluto, la llave estaba en ella, todo este tiempo... Y la usó en contra suya, sin saber ...Pero ya no importaba, el reloj seguía contando sus últimas horas, o minutos, ¿quién lo sabía?
"¡La próxima vez, Claudia!" - escuchó de nuevo "la voz" que la intentaba tranquilizar. - "Todavía no está todo perdido ..."
"¡Sólo quiero descansar!" - pensó la mujer, agotada. - "¡Quiero irme a casa, y no quiero renacer de nuevo!" - parecía más bien a un gemido saliendo del averno.
Y ¿de qué casa, hablaba? ¡Esto era su casa! No se entendía a si misma. No sabía qué casa anhelaba tanto, pero pensar en ello la hacía sentirse tranquila, amada y segura.
Claudia dejó de creer en Dios cuando su hija murió de un simple resfriado que se convirtió en algo descontrolado. Toda su vida empezó a irse al piqué y cada esfuerzo por arreglar las cosas era inútil y se ponía en su contra. Entonces, decidió que Dios no existe, si no ayuda a los que más lo necesitan. Lo veía en los demás también, en mucha gente buena y necesitada a quienes Dios no ayudaba… Lo vio especialmente durante las dos guerras que vivió.
En cambio, había gente mala y aprovechada que abusaba del resto, pero no parecía que recibían ningún castigo por sus hechos. ¿O sólo a ella le parecía así?
Justo en ese momento, se le rompió toda la fe de que había alguien arriba cuidando de nosotros, y cuando le pides algo de corazón, te ayuda. ¿No dice esto la iglesia?...
Sin embargo, ya se había dado cuenta de que hay algo extraño dentro de nosotros que nos guía. Justo este aislamiento del mundo y el gran sufrimiento al cual la expuso su alma, le ayudaron, con los años, a llegar cada vez más cerca de ello. Ya podía escucharla, pero sólo cuando el dolor se calmaba, cuando la razón dormía…
Claudia empezó a quitar el papel de la caja lentamente. Quitó dos franjas de papel cuando, de repente, su cara se puso más blanca de lo que era y la caja se le resbaló de las manos, cayendo sobre la mesa. La mujer instintivamente tocó sus labios con los dedos.
-"Whiteman’s chocolate!"– exclamó.
¡No los había comido desde entonces!... Desde que el castillo de las ilusiones se derrumbó y la felicidad salió por la puerta, para siempre. Desde que su vida dejó de parecer un cuento hermoso y se convirtió en un sinvivir. ¿Era una casualidad de los bombones?... Los famosos bombones de Whiteman's que habían deleitado paladares desde hacía décadas, incluso durante la Segunda Guerra Mundial, cuando enviaron toneladas a los soldados en el frente...
“Creo que nunca le conté a Mari…"– pensó la mujer. –“¡¿¿Y me los trajo sin saberlo??! ¡Y justo ahora!... ¡¡Increíble!! ¡Gracias Mari!" – sonrió.- "Sentiré de nuevo este sabor tan exquisito antes de partir de aquí!"
Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando cogió de nuevo la caja con los bombones y quitó el resto del papel con impaciencia. Las imágenes empezaron a invadir su mente y ella quería disfrutar de ellos doblemente, añadiendo el sabor… Cogió con dos dedos un bombón y lo acercó lentamente a su cara, mirándolo con interés. "¡Tanto tiempo!” Hasta le parecían ahora diferentes. A propósito, no los había comido más, pues le traían mucho dolor del pasado ¡y tantos recuerdos! Acercó el bombón a la nariz y lo olió, cerrando sus ojos. Una leve sonrisa.
-"¡Sííí, el mismo olor! Creo que nunca lo olvidaré… "
Mordió la mitad y empezó a saborear lentamente el chocolate que se derretía en su boca, mientras el sabor y el olor la devolvían atrás en el tiempo… Las sensaciones que la atacaron eran una mezcla complicada que Claudia captaba sólo como un torbellino de sentimientos. Sin poder diferenciarlos, sin cuestionarlos, sin analizarlos. Y esto era un gran problema que ella ni llegaba a ver.
4.
Eran los principios de enero, cuando Claudia se dio cuenta de que Jack tenía otra...
Jack era un jugador de rugby. En realidad, su nombre verdadero era John Clarence Patrick, pero todos le llamaban por su alias. Estaba a punto de terminar su carera en Stanford y mudarse a Nueva York para dedicarse a los negocios. Cuando se lo presentaron, no le impresionó en nada, ni siquiera le gustó. Pero más tarde, coincidieron en una fiesta a puerta cerrada, justo antes de que él fuera a los Juegos Olímpicos en Amberes, donde por primera vez, después de muchos años de ausencia, equipos de rugby participarían. En la Olimpíada de rugby estaban invitados cuatro países: Checoslovaquia, Francia, Rumanía y Estados Unidos.
Como los Juegos de Berlín de 1916 se cancelaron por la Primera Guerra Mundial, la ciudad de Amberes, en Bélgica, fue elegida para los dichos juegos en 1920, unos años después de estallar la pandemia de la "gripe española", que causó 50 millones de muertes.
Los que fueron derrotados y considerados como responsables de la guerra, los Imperios Centrales: Imperio Otomano, Imperio Alemán, Imperio Austrohúngaro y el Reino de Bulgaria, no estaban invitados a los Juegos Olímpicos. Pero a pesar de ello, la participación alcanzó el récord hasta entonces de 29 países.
En aquel entonces, John jugaba en el equipo de "Los Indios" de Stanford, quienes eran miembros del equipo olímpico estadounidense que iba a competir en las Olimpiadas.
Antes de que los jugadores partieran para Europa, en el teatro donde trabajaba Claudia hicieron una fiesta privada en la cual invitaron al equipo de rugby, su entrenador, algunos patrocinadores y otra gente importante, para despedirse de los deportistas y desearles buena suerte. El dinero que consiguieron recaudar para el viaje era poco, por lo que no les quedó otra opción que viajar al bordo de un barco del ejército, que se llamaba Sherman.
Los años 20 habían empezado con la ley seca, donde se prohibía la venta, el transporte y la producción de bebidas alcohólicas en todo el territorio de Estados Unidos. Por esto, las fiestas se hacían a puertas cerradas. En este régimen, se disminuyó el consumo de alcohol a la mitad, porque para las masas era muy difícil conseguirlo. Pero en realidad, se seguía produciendo e importando de forma clandestina, provocando un considerable crimen organizado, bajo el control de feroces mafias. Y en vez de resolver los problemas por la delincuencia, la ley seca había llevado el crimen organizado a sus niveles más elevados de actividad, como nunca antes. Por esta razón, en 1933 derogaron la ley.
En dicha fiesta había mucha gente, buena música y demasiado alcohol. Los invitados estaban muy emocionados y se divirtieron hasta que salió el sol, felices por el evento venidero y, al mismo tiempo, celebrando el fin de la opresión por la guerra y la pandemia de la gripe.
Claudia y John intercambiaron unas cuantas palabras y un baile. Luego, ella se marchó angustiada al ver al chico con quien salía hasta no hacía mucho, con su nueva novia, por la cual había dejado a Claudia. Y para colmo, era una de sus compañeras de trabajo... Pero de todos modos, a ella no le gustaban los futbolistas; eran demasiado ruidosos, brutos, mujeriegos y poco interesantes. Su buen humor se esfumó por la escena que vio y quiso irse de allí rápidamente.
Después del triunfo de Estados Unidos en la VII Olimpíada, John vino a verla en el teatro. Los medios de comunicación y el país entero celebraban la primera victoria estadounidense en los Juegos Olímpicos. Se llevaron 95 medallas en total, de las cuales 41 eran de oro. Y una de ellas era de John, su primera medalla de oro. John quería despedirse de Claudia porque volvía a California para seguir con sus estudios y la invitó a cenar. Ella rechazó la invitación, pero para no parecer tan grosera, se quedó hablando con él un rato. Cuando el público se fue de la sala, después de la actuación, ellos se sentaron en el escenario para hablar. Él estaba muy feliz por la victoria y le contó cosas interesantes que había escuchado de otros participantes o vivido por sí mismo, las cuales la hacían reír. John tenía el don de decorar hasta las desgracias con un toque de humor peculiar.
-"¡Tienes que oír esto, Claudia! "- se acomodó y comenzó a contarle: -"Llegamos en el barco Sherman y para nuestra sorpresa, los belgas estaban más perdidos que un pulpo en un garaje. No tenían ni idea de que veníamos, y nos mandaron a dormir en unas escuelas que habían convertido en dormitorios improvisados. ¡Vamos, ni en nuestras peores pesadillas habríamos imaginado algo así!" John se rió, y Claudia lo acompañó.
-"Los organizadores belgas estaban como pollos sin cabeza, corriendo de un lado a otro. En su desesperación, llamaron a Francia y les suplicaron que enviaran un equipo lo antes posible. ¿Y a quién crees que trajeron? Pues a un grupo que parecía más bien sacado de un circo: futbolistas, jardineros, y hasta el panadero del barrio. ¡Era para morirse de risa!" John levantó las cejas de manera cómica, haciendo que Claudia soltara una carcajada.
-"El panadero, que nunca había jugado al rugby en su vida, resultó ser mejor que algunos de los que sí habían jugado. ¡Imagínate la escena!" John hizo un gesto dramático, y Claudia casi se cayó del escenario de la risa.
-"El día del partido, nosotros todavía estábamos mareados del viaje, y nos encontramos con estos franceses que apenas sabían en qué deporte estaban participando. ¡Uno de ellos incluso preguntó si podía usar las manos! El árbitro solo se encogió de hombros y les deseó suerte." John hizo una imitación exagerada del árbitro encogiéndose de hombros, lo que provocó lágrimas de risa de los ojos de la chica y ella las seco con el dorso de su mano.
-"¡Jack, para! ¡No aguanto más! Necesito coger aire!" - dijo Claudia, llorando de risas.
John sonrió y tomó un respiro antes de continuar.
- "¡Espérate, esto no es todo!" - hizo una mueca graciosa que provocó a Claudia a reír más aún.
Después prosiguió:
-"Y para colmo, el partido se jugó bajo una lluvia torrencial. Era como si el cielo hubiera decidido que necesitábamos un buen remojón. Fue el primer partido de rugby olímpico jugado bajo la lluvia, y la combinación del mal tiempo y el alto precio de las entradas hizo que el público fuera más escaso que un billete de mil pesetas. ¡Los participantes éramos más que el público! Ja,ja,ja,ja,ja.... La gente belga, empobrecida después de la guerra, no podía permitirse comprar los billetes para la Olimpiada." - John sacudió la cabeza con incredulidad, mientras Claudia seguía riendo y sacando sus lágrimas de risa.
-"Y ahí estábamos nosotros, jugando como si nuestra vida dependiera de ello, mientras nuestro entrenador gritaba instrucciones como un director de orquesta intentando que todos los instrumentos desafinados tocaran juntos. Aun así, nuestros esfuerzos dieron fruto con una victoria contundente... pero en el último momento. Estábamos sudando tinta china hasta el último segundo. La victoria fue una combinación de 'talento puro y suerte ciega'." John hizo una imitación dramática del entrenador, moviendo los brazos como si dirigiera una orquesta, y Claudia no paraba de reír.
Él tomó aire antes de seguir.
-"Sabes, ¡aún falta por contarte el drama!"... - se puso serio por un instante y luego soltó una risada, justo antes de empezar de nuevo: - "El estadio olímpico fue terminado a toda prisa y el dinero no alcanzó para completar las obras. La pista de atletismo estaba incompleta y los atletas tenían que correr sobre barro. La piscina estaba tan mal hecha y hacía tanto frío que muchos nadadores tuvieron que ser rescatados de la hipotermia, y algunos incluso quedaron inconscientes, aunque las competiciones de natación fueron a finales de agosto. Además, la comida para los deportistas no era ni buena ni suficiente. Nos daban una pieza de pan, café y una sardina para desayunar. Teníamos que comprar nuestra propia comida para no morirnos de hambre." John hizo un gesto de desesperación fingida, y Claudia abrió los ojos de par en par, algo incrédula y al mismo tiempo sorprendida por lo que escuchaba, cogiéndose el vientre con las manos porque ya no tenía más fuerza para reír, le dolía todo.
La forma en que narraba las situaciones, con humor hizo que la noche se volviera memorable. Aunque no aceptó su invitación a cenar, la conversación que compartieron quedó grabada en su memoria como un momento especial de conexión y risas.
Al final, se quedaron más de una hora conversando y riendo antes de despedirse. John le pidió el teléfono para llamarla de vez en cuando y avisarla cuando regresaría de nuevo a Nueva York, para verla.
Pasaron unas semanas mientras John estaba en California, durante las cuales la llamaba por teléfono. Hablaban de cosas cotidianas y se gastaban bromas. Claudia, poco a poco, se empezó a acostumbrar a sus llamadas nocturnas, las cuales disipaban la tristeza por el amor que había perdido y rompían la monotonía de sus noches. Después de dos meses, al final, se vieron a solas cuando él regresó de nuevo a Nueva York, y esta vez, ella aceptó su invitación para salir. Y ahí, fue cuando todo cambió... Aunque él no le gustaba en un principio, algo había comenzado a atraerla hacia él con una fuerza inmensa y magnética. No tenía paciencia para que él volviera de nuevo, para verle. Su alma, su cuerpo y su mente estaban subordinados. Se habían visto sólo cuatro veces a solas pero, tanto delante de todos como cuando estaban a solas, él se comportaba como si ella fuera la única, "su chica".
5.
¿Y qué es lo que estaba pasando ahora? No lo entendía. ¿Por qué estaba con otra? ¿Por qué entonces le decía que la quería? O, lo más probable era, que ¿"la otra" era ella misma…?
Los vio desde lejos: Jack estaba abrazado a una joven y ella le hablaba algo entusiasmada. A Claudia le dolió el corazón. Palideció mortalmente. No sabía qué hacer, sólo tenía ganas de herirlo para devolverle el dolor que sintió.
En la cabeza de la mujer acudieron imágenes que no quería recordar. Estiró el brazo y se echó un vaso de agua de la jarra… Era imposible parar los recuerdos. Le dolían aún, pero el dolor tenía una matiz dulce, adictiva... ¿Era posible que su mente se había hecho adicta a este dolor y se lo imponía una y otra vez, durante tantos años?
"Mi mente, con mis ganas de no existir, terminó conmigo lentamente. Y no, como yo quería... ¡que se acabe todo de una vez!" soltó una risa sarcástica. "¡A esto se le llama trabajo en equipo! ¿Y yo, dónde estaba durante todo este tiempo?...¿Quién realmente soy yo?" se preguntó, y comió el resto del bombón lentamente, abrumada por el sabor y el olor, que de nuevo la trasladaron al pasado.
Ante sus ojos revivió la pelea entre ellos... Ella golpeándole…Sintiendo que las nubes donde estaba hasta ahora se hacían humo y ella caía en un precipicio, inmenso y oscuro. Como una cárcel para su ego malherido, como una prisión cubierta con una alfombra de cuchillos cuyos filos se clavaron con crueldad en su corazón. Estaba furiosa como nunca antes. Y él sólo la miraba, sin decir nada, pero el extremo de sus labios se estiraba en una casi imperceptible sonrisita. Esto la sacaba de quicio, esa sonrisa que parecía decir: “¡Ya te tengo!”, la hacía insegura y perdida. No le gustaban estos sentimientos. Perdía el control de si misma y no sabía como recuperarlo.
-"¡Te odio!" – le siseo entre dientes, dándole un último golpe en el pecho.
Intentó alejarse, pero John la cogió por el codo con un movimiento brusco y la acercó a él. La agarró por la cintura y la apretó tan fuerte que no podía ni respirar. Sentía su olor, su corazón latiendo de prisa, mientras él la miraba justo a los ojos y las piernas de ella comenzaron a temblar. No sabía qué le pasaba, sólo sentía que en cualquier momento se podría desintegrar. Estaba tan frágil que él era capaz de romperla con un sólo golpe, en un sólo instante. No le gustó esta sensación, era algo totalmente nuevo, aterrador, y a su vez hipnotizador.
John se acercó tanto, que Claudia podía sentir su respiración. Bajo la cabeza y rozó los labios de ella con los suyos. Ella abrió un poco la boca y respiro hondo. No aguantaba tenerlo tan cerca sin estallar. Sus sentimientos cambiaban bruscamente en ese instante, de odio a deseo. Algo muy contradictorio y confuso...
Él le mordió levemente el labio inferior e introdujo su lengua en la boca de ella. De repente, el odio se convirtió en una pasión descontrolada. En un instante, los jóvenes explotaron como dos componentes químicos previamente calentados a una temperatura extrema. Se besaban perdiendo la razón, la noción del tiempo y el espacio. Se habían olvidado que estaban en el escenario… De pronto, el telón se abrió y la gente que tomaba asientos en la sala se quedó boquiabierta. Alguien silbó y gritó desde la puerta, pero ellos no escucharon:
-"¡Hoy parece que el espectáculo va a ser emocionante!"
La gente que tomaba sus asientos se empezó a reír. Ellos dos se quedaron quietos de inmediato y levantaron las miradas, cuando escucharon las risas y los aplausos entusiastas del público. Miraban sin entender qué estaba pasando, muertos de vergüenza.
“¡¿Quién estúpido abrió el telón, ahora?!” – pensó Claudia, con enfado. Cuando su padre se enterase ¡le echaría una bronca..! "Y además, ¡las vergüenzas por las que tengo que pasar!” En este momento, el telón comenzó a cerrarse, hasta que les escondió, de nuevo, de la vista curiosa y burlona del público. Se escucharon dos risas cerca de ellos. Pasaron dos de sus compañeras, riéndose también.
John le susurró en el oído:
-"Vamos a salir fuera, aquí hay muchos oídos…"
Claudia recordó nuevamente la imagen que le quitaba el sueño durante estos días: él con la otra chica. Luego, el horror de lo que acababa de ocurrir y ¡¿qué iba a explicar a su padre ?! Se enfadó de nuevo. Le golpeó una vez más:
-"¡No quiero verte, nunca más! ¡Eres un mentiroso!" – y se alejó, casi corriendo.
Entró en el baño y cerró la puerta de un golpe. Se sentó sobre el váter, cogió su rostro entre las manos y empezó a llorar desconsoladamente. Se sentía tan mal, tan traicionada y avergonzada. Pensaba que había algo entre los dos…¡Todo era tan intenso!...¿Pero quizás, era sólo para ella?.. Y por otra parte, ahora todos iban a hablar, que la hija de Bernard Grey estaba besuqueándose con Jack Patrick en el escenario, ¡delante de todos! "¡Ojalá, que nadie haya sacado fotos!"- pensó horrorizada, "Si no, ¡las fotos saldrán en todos los periódicos regionales! ¡Hasta en el New York Times! … ¡Qué desastre!" - sollozando se mordió los labios. ¡Y justo ahora!, cuando el nombre de Jack había empezado a escucharse a menudo… Su estrella acababa de surgir con el partido en Amberes, que causó un gran impacto social por ser el único partido que se jugó bajo la lluvia. Y lo más importante fue, que ganaron a los franceses con 8 a 0 puntos. Y todos los puntos, se anotaron en la segunda mitad del partido. El equipo de Estados Unidos tenía muchos nuevos jugadores y uno de ellos fue Jack, jugando en segunda posición de la fila.
Las cosas se complicaban más, en vez de arreglarse…Su vida tenía la tendencia de complicarse "por si sola".
“¿A lo mejor, él no siente lo mismo…? Es sólo un hombre…¡y la fama se le empieza a subir demasiado a la cabeza!" Y ahora era sólo el principio de su carrera como un importante jugador de rugby...
"El siguiente que va de flor en flor …” - pensaba la chica llorando.
El rímel se le escurrió alrededor de los ojos y estos se convirtieron en dos agujeros negros, tan oscuros y profundos que intentaban tragarse su razón.
Se levantó y comenzó a limpiarse. Tenía que salir al escenario… Ya no le quedaba tiempo. El espectáculo estaba a punto de comenzar. ¿Cómo iba a actuar después de todo lo que pasó?
Pensaba, que Jack vendría para explicarle qué estaba pasando, pero él no la siguió, ni tocó a la puerta. Claudia salió del baño y miró hacía el escenario; todo estaba como siempre. Hasta el telón de color rojo oscuro estaba tan quieto y solitario, igual que hace 15 minutos... Parecía que no había pasado nada. Como si Jack ni existiera. Empezó a buscarlo con la mirada por todas partes, pero sin éxito. Se decepcionó más aún. Dirigiéndose al vestuario, pensaba que a lo mejor estará vacío y que él la estaría esperando ahí… Pero sus expectativas otra vez no se cumplieron. Sólo unas cuantas miradas curiosas y contentas.., pero ella no veía estas cosas. Le costaba ver lo malo en los demás y al final pensó que la mala era ella.
Claudia pensaba que John haría lo que ella misma hubiera hecho, pero él nunca lo hizo. Era una persona diferente que veía el mundo a su manera, cual era distinta a la de ella. Dos puntos de vista diferentes, dos personalidades opuestas, dos mundos atípicos, que el destino unió con el único propósito de amarse. Pero el amor no puede con todo. No resultó ser tan poderoso para controlar el ego. El ego destroza de una manera inconsciente todo lo que está fuera de su entender y control. Porque quiere tenerlo todo, dominar todo el mundo exterior, menos a sí mismo, para poder sentirse seguro. Porque es muy consciente de que a sí mismo ni quiere ni piensa que es necesario controlar.
Aparte del ego no dominado, la otra razón por la cual todo se arruinó, fue la gente envidiosa, muy cercana a Claudia. Estas personas que se dirigen únicamente por sus intereses y instintos bajos. Esa gente que siempre te repite cuantos sacrificios han hecho por ti, para conseguir hacerte sentir culpable, para que hagas lo que ellos pretenden. Que te "muestran" constantemente cuánto te aprecian y quieren, pero sólo en palabras; los hechos se les quedan cortos. Todos aquellos, que están alrededor tuyo sólo para recibir y nunca dar. Esos actores que carecen de empatía, pero saben cómo pasarse por gente "buena", en los ojos de los demás, y siempre ven a si mismos, sufriendo por las acciones injustas del resto. Esos victimistas que son capaces de confundirte y hacerte creer en su verdad. A toda esa gente, les molesta la luz de los otros ya que ellos no tienen luz propia, por tener unas personalidades oscuras y ocultas. La oscuridad nunca brilla, sólo se traga la luz. Aquellos impostores, que no saben amar pero saben fingirlo, mientras en su interior odian el amor, por cual razón sólo pueden poseer. Ellos intentan encerrar el amor en una jaula, mientras él necesita de libertad para existir; si no, un día muere. Este tipo de personas no pueden elevar su mente hasta tal punto de sentir ningún sentimiento de alta vibración como lo es el amor. Por esto mismo lo destruyen queriendo tenerlo sólo para ellos mismos. Así que, la envidia destruye todo lo que no puede tener o ser. Incluso a sus dueños, porque la energía enviada vuelve como un bumerán hacia su remitente, con doble fuerza y no existe algo que la pueda parar. Pero todo esto pasa a su tiempo… Lento pero seguro.
Decepcionada y hundida, Claudia se estaba cambiando y en su cabeza los pensamientos volaban descontrolados, uno tras otro, sin darle tregua. Intentaba tranquilizarse, diciéndose que si él desapareció así, sin más, entonces no era para ella, que tenía novia y ella era la otra, que no merecía ni la pena, ni el esfuerzo. Después, se sentía culpable por su carácter impulsivo, por no pensarse bien las cosas. A lo mejor, ¿la culpa era de ella?…Le dijo, que no quería verle nunca más...
Claudia dejó escapar un suspiro tembloroso y cerró los ojos, intentando encontrar una chispa de coraje dentro de sí misma. El telón pronto se abriría y tendría que enfrentarse a la audiencia, como siempre lo hacía. Pero esta vez, su corazón estaba pesado.
Un golpeteo suave la sacó de su ensimismamiento. Abrió los ojos rápidamente, esperando que fuera Jack, pero solo era un compañero del elenco.
-"Cinco minutos, Claudia." - La voz era suave pero firme.
Asintió, agradecida por el recordatorio. Era tiempo de ponerse la máscara de profesionalismo y esconder la tormenta de emociones que rugía dentro de ella. Tomó una respiración profunda, se enderezó y salió del vestuario con la cabeza en alto, lista para dar su mejor actuación, sin importar lo que estuviera pasando en su interior.
Mientras caminaba hacia el escenario, pudo sentir las miradas de los demás sobre ella. Algunas eran de curiosidad, otras de superioridad y satisfacción y unas pocas de compasión, pero ninguna podía entender el conflicto interno que llevaba. Claudia había aprendido a ocultar sus sentimientos detrás de una fachada que intentaba ser impenetrable; después de todo, el espectáculo siempre debía continuar.
Finalmente, llegó al borde del escenario. La adrenalina comenzó a correr por sus venas, una mezcla de nervios y determinación. El telón rojo empezó a elevarse lentamente, revelando las luces brillantes y el murmullo expectante del público. Cerró los ojos por un breve momento, permitiéndose una última respiración profunda antes de salir a la luz.
Las primeras notas de la música llenaron el teatro, y Claudia dio su primer paso hacia el centro del escenario. Cada movimiento, cada gesto, era una manifestación de su arte, una conexión visceral con la audiencia. Pero en el fondo de su mente, no podía dejar de pensar en Jack. ¿Dónde estaba? ¿Por qué la había dejado sola en ese momento tan crucial?
A medida que avanzaba la actuación, Claudia sintió cómo el peso en su corazón comenzaba a aligerarse, aunque sólo un poco. La magia del escenario siempre tenía una manera de hacerla olvidar sus preocupaciones, al menos temporalmente. Con cada giro y cada paso, se sumergía más en su papel, olvidando por un momento las preguntas sin respuesta y los sentimientos de abandono.
El espectáculo llegó a su clímax, y Claudia sintió una oleada de emociones mientras el público aplaudía con entusiasmo. Se permitió una sonrisa fugaz, agradecida por el apoyo y la energía que recibía desde las butacas. Al terminar la última escena, hizo una reverencia profunda, dejando que la ovación la envolviera como un cálido abrazo.
Cuando el telón cayó de nuevo, se quedó inmóvil por un momento, respirando el aire cargado de emoción y éxito. Sabía que, al menos por ahora, había logrado superar otro desafío. Pero la incertidumbre sobre Jack seguía ahí, aguardando pacientemente en el borde de su conciencia.
En los días que siguieron, estos agotadores y contradictorios pensamientos la atacaban constantemente, convirtiéndose en semanas de sufrimiento e incertidumbre. Sólo la foto que salió en las portadas de casi todos los periódicos, le recordaba de Jack y su inexistente existencia...
El título sarcástico del artículo, con letras mayúsculas, en la primera página de "New York Times", la bajó de los estribos:
"¡Jack Patrick sigue conquistando las cumbres!"
6.
Al principio, le costaba comer, dormir y entrenar. Su energía se agotaba con cada pensamiento. Estaba tan absorta en sus conflictos internos que apenas notaba lo que pasaba a su alrededor. Su padre, observando su sufrimiento, no le echó la broca como ella esperaba. En cambio, intentó animarla:
- "¡No te lo tomes tan a pecho! Yo también he tenido situaciones incómodas y ridículas una que otra vez… Nos pasa a todos. La gente va a hablar y después se olvida…" - le dio un cálido abrazo. Luego se alejó y la miró con recelo:
- "¿Y cuándo le conociste?... ¡Un jugador de rugby!" - exclamó. - "Fue en la fiesta, ¿verdad?" - murmuró bajito, como si se preguntara a sí mismo.
Después, hizo una mueca, como si no entendiera su gusto. - "¿Crees que un futbolista te puede hacer feliz? Además, dicen que tiene novia... Has leído el artículo, ¿cierto?" - cogió el periódico que estaba sobre su escritorio y se lo lanzó.
-"¡No quiero, leerlo!" - lo cogió en el aire y lo puso boca abajo en el mismo sitio donde estaba antes, clavando su mirada en el suelo. Tenía vergüenza de mirar a su padre a la cara.
- "Los jugadores de rugby son como…" – él se quedó pensando, buscando una comparación, frotando el pulgar y el dedo índice de su mano izquierda, entre sí. – "...,piedras sin pulir, brutos…, además poco civilizados, ¿no? …" - encorvó la boca en desaprobación y risa, a la vez. Su cara delataba que le faltaba imaginación para esto. La miró con sorpresa y prosiguió: - "Y tú... ¡tanta finura!" – se empezó a reír.
Claudia alzó su mirada, y los extremos de sus labios se estiraron en una tímida sonrisa, intentando imaginarse lo que su padre imaginaba. En unos instantes él se puso serio de nuevo y la miró penetrante:
– "Hmm, ¿era él quien te llamaba por las noches?... Ahora empiezo a entender... Tú piensas que tu padre no se entera de nada ¿verdad?... Sólo no sabía quién era, pero ya lo sé... Y no me lo esperaba, por cierto." - seguía pensando en voz alta, mientras Claudia mordía nerviosamente sus labios, desviando la mirada. - "¿Hay algo serio entre vosotros?" - clavó sus ojos en los ojos de ella.
- "No, papá… Ya, nada… Parece que me he equivocado, otra vez…" - Claudia miró al suelo, nuevamente, donde las figuritas de la enorme alfombra persa hoy le parecían de repente tan interesantes, como si las viera por primera vez. - "No sabía que tiene novia..." - encogió de hombros y soltó el aire que aguantaba en sus pulmones. - "¿O el mundo es así, papá?" – le miró, esperando una respuesta.
Sabía que el matrimonio de sus padres era sólo una fachada para las fiestas oficiales y para la apariencia ante los demás. Su madre era una manipuladora innata: sexy y dulce cuando quería, y victimista mientras le convenía. Manejaba a los demás según sus propios intereses y gustos. Una actriz en la vida real. Todos satisfacían sus deseos, mientras ella vivía de los logros de su marido, sin hacer nada, excepto “pretender“ ser alguien ocupada e importante - ¡la esposa de Bernard Gray!
- "Ya lo verás por ti misma, Clau…" - su padre comenzó a llenar la pipa con tabaco. – "¡Nada es lo que parece ser, mi niña!… No ates tu vida a las personas, cariño… Ellos sólo la saben destrozar." - encendió la pipa y dio una calada. Después, sopló el humo y continuó: - "¡Crea algo! ... Átate a una idea y haz todo para lograrla. Creo que te dará más felicidad que el matrimonio…" - dio otra calada, y pasó la punta de la lengua por la parte interna de sus labios. –"Pero tú algún día tendrás que casarte también y pasar por esto. Espero sólo que sepas elegir bien y tengas suerte con el matrimonio. Por esto hay que pensar bien las cosas. Todos pasamos por ahí... ¡Así es la vida, Claudia!... Yo, cuando era joven, tampoco pensaba que me casaría algún día… Que me enamoraría…¡Estaba tan loco!" - miraba un punto fijo recordando algo y sonriendo. - "¡¿Quién pensaba que yo sentaría la cabeza?!" - se hizo una pregunta retórica y se hecho a reír.
El tiempo pasaba sin que Claudia supiera algo de Jack. Estaba intentando aceptar algo que no quería: -¡que él nunca volvería! Los días y las noches se arrastraban con penuria y se burlaban de su paz. Luego, la atrapaban en un universo vacío, donde el tiempo no existía y una hora parecía medio siglo. En un laberinto enorme del cual la salida era casi imposible de encontrar. Las noches se convertían en días, y los días, en una insignificante existencia.
Se acercaba el 14 de febrero, cuando una mañana ella se despertó con el presentimiento de que Jack le haría alguna sorpresa por el día de los enamorados. ¡Estaba tan contenta, de repente! Segura de que no la había olvidado… Los pocos días que faltaban hasta San Valentín, Claudia estaba como antes: sonriente, llena de vida, pero su felicidad cambió rápidamente cuando llegó el 14 de febrero y descubrió que no había ninguna sorpresa. Él no apareció. Tampoco la llamó. Otra vez, se le derrumbó el mundo. Sus expectativas, de nuevo no se cumplieron. Tenía que aceptarlo, pero el dolía el ego…, sus sentimientos por él. Casi siempre la vida era diferente a lo que ella deseaba...
Se murió la esperanza de que volvería, se murió el ego y con él las falsas expectativas. Lo aceptó al final, con mucho dolor… Pero a partir de ahí le fue más fácil. Ya no estaba pendiente de cualquier chico que se le parecía, ni cada vez que el teléfono sonaba. Ya no esperaba nada de él. Entrenaba más que antes y empezó a escribir una obra de teatro con su padre. Y la idea esta vez era suya, pero les costó mucho tiempo y trabajo terminarla. Después de un año aproximadamente, la obra consiguió bastante éxito en Broadway. Más fama y dinero para ellos, más reconocimiento y elogios para los dos.
7.
Eran principios de mayo cuando Claudia se preparaba para su primera actuación en la ópera "Madame Butterfly". Estaba exultante, tarareando en voz baja un fragmento de la partitura. Al entrar en el vestuario, se encontró con un enorme ramo de rosas rojas, unas 60…, acompañadas de una caja de “Whiteman’s Chocolate”. Fue la primera vez que probó esos bombones y desde ese momento se convirtieron en sus favoritos. Su corazón saltó de alegría. “¡Son de Jack!” – pensó, pero al instante se desanimó: “Serán para alguna compañera, seguro. ¡Ya ha pasado tanto tiempo! Y además ¡a mí él ya no me interesa!”
En ese momento, una de sus compañeras pasó y sin esconder su envidia, le dijo:
-"Son para ti, peque... ¡Qué suerte tienes!" – cerró la mandíbula bruscamente, hizo un ruido con los dientes, y lamió sus labios, insinuando que, si pudiera, devoraría a Jack.
Luego le sonrió frescamente y le guiño el ojo.
Claudia se sintió incómoda por un momento, pero la ilusión que la invadió de pronto era más fuerte y no quería estropear esa alegría repentina, aunque había dejado el recuerdo de él en el pasado. Se acercó al hermoso ramo de rosas y estiró el brazo para coger la tarjeta que se veía entre las flores, mientras pensaba: “¡¿Pero cómo me va a hacer esto aquí?! ¿Seguro que ya todo el mundo lo sabe? ¡Qué vergüenza!...¡Tierra trágame!”
Cogió la tarjetita con margaritas blancas y sonrió al ver su letra. Estaba escrita con letras pequeñas y redondas que parecían muy bonitas, aunque ilegibles. Las mayúsculas se destacaban con una manera poco usual y artística de escribir. Le gustó su caligrafía, aunque le costaba entenderla a primera vista. En el ángulo derecho de arriba estaba escrito: "Para Claudia."
“¡No ha escrito mucho!” pensó riéndose, mirando el tamaño de la tarjetita que no era más grande que su pulgar. Su corazón comenzó a latir impaciente, pero a propósito alargó un poco más ese momento de incertidumbre antes de abrir la tarjeta.
"¿Seguro quiere explicarme, qué está pasando? ¿Quizá ya no tenga novia...,o realmente nunca tuvo? ¿Será posible?"
Pero al mismo tiempo pensó: "¿Ya, para qué? Después de tanto tiempo, ¿qué sentido tiene?"
Por otro lado, se sentía estúpida por no poder quitarse esa tonta sonrisa que le salió en la cara. Y también, estaba algo enfadada. "¡Justo cuando me olvidé de él, aparece! ¿Puede ser tan absurdo todo? ¡A mí, ya no me interesa!" Abrió la tarjeta… Su cara se iluminó más y soltó una carcajada sin querer al leer:
“¡No puedo vivir más sin ti!”
Y más abajo, con letras pequeñas ponía:
"Tu futuro marido: Jack."
“¡Qué loco está!" – pensó Claudia, riéndose un buen rato, ”¿¡Su futura esposa!?” Esto no se lo esperaba, para nada. Más bien, tenía ganas de darle un puñetazo en la cara antes que casarse con él. Estaba tan lejos de estas necesidades y sueños que muchas chicas tenían a su edad. Las razones eran dos: su madre, por un lado, y los chicos que nunca saben lo que quieren, por el otro. En su interior, detestaba esa incapacidad de amar que predominaba en su madre, siempre buscando algún tipo de provecho en sus relaciones afectivas.
Temía que muchas personas fueran como ella y que, sin poder evitarlo, se cruzaban en su camino; simplemente, era su destino. Los amantes de su madre no eran un secreto para la familia. Aunque ella intentaba ocultarlos y desmentir los rumores, la realidad siempre se filtraba. Mientras su padre trabajaba para mantener el nivel de vida de la familia, su madre se entregaba a sus propias distracciones. Seguro que él también habría tenido algún desliz, pero Claudia nunca lo supo con certeza. El verdadero problema para ella era su madre, incapaz de amar; sólo sabía divertirse o quejarse, manipulando a su antojo hechos y personas. Claudia temía que, si alguna vez se casase, le tocaría alguien con el mismo comportamiento nocivo. Y, en realidad, no estaba tan lejos de la verdad…
Por ahora, sólo quería bailar - su gran felicidad y sacrificio, ¡su primer amor!
Empezó a mirar a su alrededor, pensando que Jack debía estar cerca … o, al menos, a punto de llegar. Pero no, él no estaba. Se desanimó un poco, pero aun así se sentía muy feliz e impaciente por verle. " Pero, ¿de dónde viene esta alegría, si ya cerré la puerta al pasado??", se preguntaba. Estaba segura de que él había regresado a Nueva York; si no, ¿por qué le mandaría flores? ¿No sería más fácil llamarla, en lugar de hacer todo este show?
Durante la función, Claudia estaba distraída. Buscaba a Jack entre el público, tenía una inquietud constante y no disfrutaba del baile como solía hacerlo. Bailaba en modo automático. Su mente, sin quererlo, la llevaba al futuro... Un futuro con él, donde todo el presente perdía importancia.
Pero cuando el espectáculo terminó John tampoco apareció. Ni siquiera la esperaba fuera… Claudia se unió a un grupito de compañeras para irse a casa, decepcionada. No se esperaba este final para la noche....
Caminaban y hablaban sobre chicos, otras chicas, fiestas.., como siempre, y Claudia pateaba las pequeñas piedras en el camino, sin participar el la conversación. Intentaba escuchar a su corazón y entenderse a si misma: ¿era realmente feliz, o toda la alegría que sentía era porque su ego estaba satisfecho? Porque había conseguido lo que quería...
En este momento, escucharon el ruido de una moto que se acercaba a gran velocidad. La moto apareció enseguida y se detuvo delante de ellas, cortándoles el paso. Claudia se quedó inmóvil. Su corazón comenzó a latir deprisa. El motorista bajo, y a la luz de las farolas, ella vio la cara de Jack. En esos tiempos, los motoristas no llevaban cascos; la gente no pensaba en la protección, sino en ir lo más rápido posible…
-"¿No te gustaron las flores?" – le preguntó con una sonrisa un poco avergonzada, mientras ella seguía quieta, sin reaccionar.
En un momento no sabía que hacer; por una parte, estaba enojada con él, y por otra, ¡tenía tantas ganas de volver a sentir sus abrazos! Sus compañeras se apartaron riéndose.
- "Nosotras ya nos vamos, Clau… Y vosotros, prepárense para dar autógrafos sobre las fotos de los periódicos mañana! Ja, ja, ja, ja" – se rieron alejándose en la oscuridad y siguieron hablando ente ellas.
John se acercó a Claudia :
-"¿Aún estás enojada conmigo?" – la miró con culpabilidad.
Ella estaba sorprendida:
-"¡¿Esta era la razón por la que desapareciste tanto tiempo, sin ninguna explicación?! ¿¿Esperabas que se me pasara??" – otra vez el enfado tomó el control.
Él la miró y soltó :
-"¡Estoy loco por ti, Clau!"- su mirada se dirigió al suelo, luego murmuró – "Esperaba que se me pasaría..., pero no te puedo olvidar. Pensé que era sólo un deseo lo que sentía por ti, pero me equivocaba." - Se acercó un poco más hacia ella, mirándola a los ojos. - "¡Te quiero en mi vida! ¡Dame una oportunidad más! ¡Esta vez, no te decepcionaré!" - Su voz sonaba firme y decidida.
- "Pues, ¡si hubieras esperado un poco más, habrías tenido éxito en olvidarme! ¡A mí, ya se me pasó!" – mordió su labio inferior y miró al suelo.
“¡Dios! ¡¿No puedo ser normal por una vez?!" se regañó mentalmente. "Me saca de quicio este imbécil, ¡¡como ningún otro!!" Estaba todavía resentida y tenía que devolverle el golpe, aunque fuera sin querer.., queriendo. Y a la vez, esta simple declaración le llegó directo al corazón. Su mirada aún la hipnotizaba. Era difícil resistirle. No tenía nada preparado ni pensado, era él,
tan sincero, y a su vez, inmaduro e incompleto. Se acordó por un instante de la descripción que le dio su padre y sonrió. “¡Sí, tenía razón papá! Creo que por la misma razón no me gustan los futbolistas". - concluyó la chica. “¡Y voy y me enamoro de uno! ¡No, esto no me puede pasar, a mí!... ¡¿Por qué volvió?! ¡Sería mejor que se hubiera quedado en San Francisco! ¡Me altera constantemente! ...¡Relájate Claudia!, ahora le das la espalda y te vas a casa. ¡Y sin mirar atrás! ¡No merece la pena complicarte la vida por alguien así! Este hombre será tu perdición. ¡Vete!, es mejor." - cerró los ojos para echar este pensamiento suicida, y cuándo los abrió de nuevo ¡Jack estaba tan cerca de ella que podía sentir toda su física y química, a la vez! Su cuerpo masivo la atraía cada vez más cerca de su orbita. Era imposible escapar de la ley de la gravedad.
- "¡No quiero estar más sin ti, Clau! Ya nada es lo mismo... ¡Voy a arreglarlo todo! Sé que la culpa fue mía y esta vez quiero hacer todo bien."
Cogió su cara entre las palmas de sus manos y le dio un beso en la boca.
Claudia no se apartó, le respondió. La química entre los dos era tan fuerte que le era imposible escapar.
Se abrazaban con locura, se besaban con pasión y Jack no paraba de repetirle entre gemidos y besos "¡Te quiero! ¡Te necesito! ¡¡Te echaba tanto de menos!!" Claudia, otra vez, sintió aquella rara sensación de perderse en sí misma. De diluirse en el espacio y sentir que era todo.
- "¿Y qué es lo que piensas arreglar, exactamente? Lo nuestro no puede ser, si tienes pareja..."
- "Escucha..," - empezó John, un poco inseguro. – "... Estoy comprometido…"
Claudia abrió desmesuradamente los ojos como si hubiera visto un marciano.
Le costaba procesar la información.
Pensaba que se desmayaría. Esto ya, ¡era demasiado! "¡¡¿Comprometido?!! ... Me tenía que ir. ¡Lo sabía! ¡¡¿Por qué nunca me hago
caso?!! ¡Soy una estúpida! ¡¡Subnormal!!" - pensó, decepcionada de sí misma.
John prosiguió, después de una breve pausa:
- "Después de que la foto salió en la prensa, todo se complicó, muchísimo..." - su voz resultó áspera y estaba algo nervioso. - "Tuve que comprometerme, porque no me dejaba vivir. Estaba histérica... Pasé por un infierno desde que salió aquel artículo. Le prometí que me casaría con ella.... Pero con el tiempo me di cuenta de que no lo puedo hacer. Ya no... ¡De verdad, no puedo! ...¡Te quiero a ti!... Además, a finales del año pasado, ella se mudó con su familia aquí, cuando nos has visto... Arreglaré todo este desastre... ¡Te lo prometo!" - su mirada era la de un niño que ha hecho una trastada sin querer y ahora no sabía cómo salir de la situación.
Ella arqueo las cejas como queriendo decir: “¿Y cómo piensas arreglarlo?" No era capaz de hablar. Estaba en shock.
John cogió las manos de ella en las suyas:
- "Le diré que ya no la quiero..,
que estoy enamorado, de ti.... Le diré la verdad…" - bajó su mirada nuevamente y después la miró a los ojos. - "¡Nunca he sentido algo tan fuerte por alguien! ¡Nunca antes me había enamorado así!...¡Nos podemos casar y tener hijos, Clau! … ¡Te prometo que todo estará bien!"
Comenzaron a besarse apasionadamente. De repente, Claudia se apartó y le dijo:
-"¿Y cómo la vas a dejar de esta forma? ¿¡Tan a la ligera!? .. Si le prometiste casarte con ella..." - él la miró con cierta culpa, pero sus ojos tenían un brillo vivaz. - "Y si mañana sientes algo más fuerte por otra mujer.., ¿a mí también me vas a reemplazar tan rápido?"
- "¡A ti nunca te reemplazare!" – le dio un abrazo fuerte - "¡A ti nunca te dejaré!" – exclamó y hizo un gesto, enseñándole la moto: - "¡Vámonos! ¡Tenemos que celebrar esta noche! ¡Estoy tan feliz de poder estar contigo de nuevo! No lo estropees, ¡por favor!"
-"¿Qué vamos a celebrar?" - ella no entendía. - "Es muy temprano para celebrar algo que no ha ocurrido aún..."
Jack soltó una carcajada:
- "Entonces celebraremos mi ascenso. ¡Ya soy el capitán de "Los Indios" de Stanford!" - lo dijo con orgullo, dándose un golpe en el pecho y declaró: - "¡Siempre hay motivos para celebrar algo!" - le guiñó el ojo y su cara se iluminó de una amplia sonrisa.
-"¡Dios mío, Jack! ¡Esto es una locura!... ¿Y por qué, justo hoy? ¿Qué fue lo que te hizo venir, exactamente hoy? Tenías tanto tiempo de hacerlo antes..."
-"No lo sé, exactamente... Simplemente lo decidí, después de un sueño que tuve contigo. Vi nuestro futuro... ¡Era como un cuento! ¡Vi la niña que vamos a tener!... ¡Sentí tanto amor y deseo de cumplir este sueño! Cogí mi moto y subí al tren. ¡No podía esperar más! Quería sorprenderte.... Lo pensaba durante mucho tiempo, Clau... Espero que me entiendas. Estaba muy confundido y perdido entre lo que debo hacer y lo que quiero... ¡Todo entre nosotros pasó tan rápido!... Yo no lo planeé, pasó así. No quería mentirte...,simplemente me deje llevar y llegamos hasta aquí." - La abrazó y le dio otro beso.
-"¡No podemos hacer las cosas así, Jack! No es lo correcto…"
-"¿Y piensas que es correcto morirme cada vez que estoy con ella, mientras anhelo estar contigo?" – gritó él. Su ánimo cambió bruscamente. Estaba en una situación muy, muy complicada... – "¿Piensas qué es mejor que nosotros dos suframos, para que ella esté feliz? ¡¿Hasta cuándo, Clau?!..." – Comenzó a dar vueltas alrededor de la moto y gesticular gritando: -"¿Te parece más justo que sufran dos personas, en vez de una?...¡Me estoy destrozando por dentro y no creo que me lo merezco! Ya no me quiero casar con ella..." - miró al suelo, después alzó la vista y los ojos de ambos se encontraron en el aire que ya estaba ardiendo como si saliera de un volcán.
-"¡Quiero estar contigo, Claudia! ¡Y no me pararé ante nada hasta conseguirlo! Me da igual lo que ella quiere ...¡No me importa lo que dirán los demás! ¡Es mi vida, y quiero compartirla contigo!"
- "… ¡Yo también lo quiero, Jack!... Lo pasé muy mal cuando desapareciste... Estaba echa pedacitos..." - susurró y se abrazaron otra vez. – "Sólo pienso que no es correcto hacer las cosas así. Va a pasar algo … Pagaremos por ello..."
Él alzó de hombros, como si no le importara, ni tampoco pensara que hacía algo mal:
-"No te preocupes, ¡no hacemos nada malo!" – le dio un beso en la cabeza – "Sólo nos amamos…"
En realidad, no había nada malo, sólo que las decisiones no eran del todo correctas. Más bien, la manera de hacer la cosas... Y esto se juntó con unas cuantas personas malintencionadas que querían destruirles. Y nada de eso era casual. Los acontecimientos se colocaban según las decisiones se tomaban, pero esperaban su tiempo para ocurrir.
Claudia, de nuevo, se sentía muy feliz y otra vez quiso creer en el amor. Aunque hace no mucho sentía horror al pensar que un día iba a tener su propia familia, una como en la cual había crecido… Pero el destino tomó su curso, los sucesos se desarrollaron muy rápido y se casaron poco después. El deseo que sentían fue difícil de controlar en muchas ocasiones. El ego no era propicio, fue cegador. No tardó mucho en nacer su hija, Eleonor. Era un ángel, parecía a su padre, pero no pudo cumplir los 5 años de edad y pronto cogió un camino que no era el suyo. Lo que empezó como un reflejo por su mala manera de hacer las cosas en el pasado, se convirtió en un completo desastre que destruyó la vida de todos. Desde los que lo provocaron, hasta gente que no tenía culpa. Pero la parte más cruel e injusta le tocó a Claudia.
Toda la familia empezó a culparla por la muerte de su hija, mientras John estaba enfadado con ella, por la misma razón. Cada vez la trataba peor y más faltaba por las noches de casa, justo cuando ella más lo necesitaba y anhelaba su apoyo. Se sentía tan sola, tan sucia por la basura que le echaban y ese vacío que le dejó la perdida del ser más puro que estaba a su lado. Sólo su amor la podría salvar, ahora. Pero Ellie ya no estaba... Nada más podría volver a ajuntar los trozos del alma de Claudia y hacerla entera de nuevo. La había perdido para siempre... El amor de John no era suficiente. Ya ni lo sentía. Se había convertido en odio. ¡Le hacía tanto daño! Y no le importaba.
Su familia la criticaba diciendo: "Que no fue una buena madre. Que una madre tiene que estar por las noches con su hija ¡no bailando en los escenarios! Que ya estaba casada y no podía seguir trabajando ese trabajo. Que no tenía porque enseñar su cuerpo a los demás. Que no pensaba en nadie aparte de sí misma. Que si él se hubiera casado con su exnovia esto no hubiera pasado, ¡iba a tener una familia normal! ¡Que ella le destrozo la vida! Que es una inútil y una loca qué quiere que todos vayan detrás suyo para obedecer a sus órdenes."
"¿Pero de quién hablan?" -se preguntaba Claudia. "¿De verdad, la gente me ve así?" Todas estas descripciones tanto les parecían a las de su madre, pero quien sabía, ¿a lo mejor y Claudia se le parecía pero no lo quería ver? ¡Qué triste es parecer a alguien a quien detestas! Y lo peor era que Jack pensaba lo mismo que todos. Consiguieron meterlo a su bando: todos en contra de ella. Y decían que era loca, por el echo de no poder aceptar la muerte de su hija y caer en una profunda depresión.
El ángel que vino a hacerla feliz, por un instante... Después de su partida, la vida feliz se había convertido en un sufrimiento. En un feroz y desbordante sinvivir .
De pronto, la mujer sin querer volvió a esa parte del pasado que le había dejado la herida más profunda, todavía sangrienta. No quería volver a vivirla, ahora, en los últimos momentos de su vida. ¡No!... Fue suficiente, reviviéndola innumerables veces, durante tantos años. El sabor amargo de la culpa reapareció en su boca, que ni siquiera el chocolate pudo eliminar.
Se veía caminando nerviosamente en la cocina entre la oscuridad. La luz que entraba por la ventana frente a ella era escasa. Pasaba por alto los utensilios rotos esparcidos por el suelo, intentando no pisarlos, pero no se le daba muy bien. Mechones casuales caían de su moño despeinado, en la cara y le impedían ver bien. Además, en su mente reinaba el caos, después del siguiente enfrentamiento entre ella y John. Discutían. Está vez fue bastante vigoroso y destructivo. Él le lanzaba vasos, sartenes, todo lo que estaba frente a sus ojos, gritándole con odio, que si Ellie no se curaba, ella sería la única culpable. Claudia trató de defenderse, diciendo que estaba haciendo lo que podía, pero no ayudó. Él no era capaz de calmarse. Estaba agotada por no haber dormido ni una sola noche desde que Ellie se enfermó. Dejó de trabajar un tiempo para poder estar al lado de la niña, tratando de bajar su fiebre de todas las formas que le habían dicho, que había escuchado y aplicado antes, pero esta vez, sin éxito. Ni los médicos podían ayudar. Tampoco las medicinas servían de algo.
Luego se enojó porque en lugar de apoyarla, en este momento crítico para los dos, Jack estaba en contra de ella y lo culpó a su vez. Le dijo, que podría ser culpa suya, después de dejar a su prometida de esta manera imprudente. Él le había prometido que haría las cosas bien. "¡Te dije que las cosas no se hacen así! Que lo vamos a pagar, ¡pero tú no querías escuchar!" - sonaban las palabras de ella en su propia cabeza, todavía. O, de hecho ¿tal vez Jack tenía razón, y ella era una mala madre y no sabía cómo cuidar a su hija? Por esto estaba sucediendo esta desgracia. Quizás la culpa era suya.., como decían todos. Dedicaba demasiado tiempo a su trabajo.., igual que su padre.
Realmente, ahora no era el momento de experimentar esta vivencia nuevamente, pero al contrario de su voluntad, las siniestras imágenes no abandonaban su mente.
Mientras Claudia pensaba frenéticamente y caminaba de un lado a otro, John entró con Eleonor en brazos, en la cocina. No hablaba. Su rostro estaba entumecido. Se paró frente a Claudia y se arrodilló. El cuerpecito de la niña colgaba sin vida, en sus brazos. Su cabello rubio, despeinado, enmarañado en algunos lugares por el sudor debido a la fiebre que había durado dos semanas sin bajar, rozaba el suelo suavemente. Sus mejillas rosadas y el camisón rosa que llevaba la hacían parecer dormida. Pero no, ahora no estaba durmiendo. Ellie, estaba muerta.
Claudia estalló en un llanto incontrolable. Su alma estaba atormentada por un dolor que nunca antes había sentido. El rostro de John se había quedado completamente pálido, como el de un muerto, sin sangre. Estaba en estado de shock. No podía y no sabía cómo reaccionar. Parecía que ni respiraba, congelado completamente. Claudia se derrumbó al suelo, comenzó a abrazar y a besar a su hija, llorando de impotencia y un inmenso dolor:
- "¡Despierta, mi amor!... Angelito mío. .. ¡¡Tú no puedes morir!! ¡¡No te lo permito!! ... Te daré mi vida... ¡Ya no la quiero! …¡¡Sólo quiero, qué vivas!! .... ¡Despierta, por favor! ¡No me dejes!.. ¡Mi ángel, por favor!... ¡Yo no me merezco vivir! ...¡No podré vivir más sin ti !..¡Ellie, despierta! ¡Vuelve! ... ¿Me oyes?... "
Lloraba otra vez, recordándolo, apoyando cabeza en su mano, sobre la mesa. A continuación, humedeció su garganta con un buche de agua y secó las lágrimas que se deslizaban por su cara. Esta culpa había emborronado para siempre su vida.
Todos de repente estaban en contra de ella, no le prestaban atención, la ignoraban como si no estuviera. La castigaban con su comportamiento, la juzgaban detrás a sus espaldas, la criticaban, y envolvían en sus mentiras a todos quienes la conocían. Tenían que acabar con su buena reputación. Así se sentían al poder. Porque "¡ella era la asesina, la mala, la oveja negra, la tonta y la egocéntrica que destruyó la felicidad y la paz de toda la familia!"
También los engaños de Jack, no tenían fin. Todo se convirtió en un desmadre completo. Hasta dejo de esconderse. Además, parecía contento y satisfecho verla sufrir. Le gustaba castigarla. Se sentía poderoso ver el poder que tenía sobre ella. Quería hundirla y destruirla, como los demás... Y lo peor era que su propia madre estaba en el centro de todo. La "actriz" que había organizado esta gran obra con la ayuda de sus allegados.
8.
Ya habían pasado dos años desde la muerte de Eleonor. Dos interminables e insufribles años, en los cuales los malos eventos no dejaban de suceder. Claudia seguía en una depresión severa, de la cual ni su psicólogo ni las pastillas que tomaba podían sacarla. A John no le importaba mucho su estado y seguía con su vida como podía, evitando la realidad y sus sentimientos, lo que a su vez lo alejaba cada vez más de ella y se olvidaba de volver. El alcohol ahora era su mejor compañero. Su rendimiento en los partidos bajó drásticamente después de la muerte de Ellie y su carácter se volvió más arisco, cerrado y rígido.
Realmente, a John siempre le faltó madurez emocional para afrontar las adversidades de la vida de una manera equilibrada . No le gustaba compartir sus sentimientos y miedos con nadie; los evitaba concentrándose en otras cosas: el trabajo, las mujeres y el alcohol. Intentaba llenar sus vacíos internos con otras personas, compras innecesarias y vicios. No quería entender que el vacío que sentía era simplemente falta de amor propio y nadie aparte de él lo podía llenar. Y esta falta de amor provenía de sus penosas acciones... Todo lo que hacía mal se acumulaba en su inconsciente y se transformaba en odio hacía si mismo, pero no lo quería ver. Prefería cerrar los ojos a la verdad y culpar a Claudia por sus propias desgracias. Temía la realidad. No quería cambiar, prefería vivir en su mundo de ilusiones. Tampoco sentía una gran necesidad de cambiar porque Claudia lo quería igual y él vivía de su amor. Tomaba cuando lo necesitaba hasta saciarse, luego se alejaba y la dejaba sola, preguntándose qué hacía mal para recibir este injusto comportamiento. Después, cuando sentía frío de nuevo, buscaba a otras estrellas en el horizonte de las cuales podía tomar algo de calor para calentar su corazón, pero en realidad lo único que hacía era satisfacer su ego. Por eso, nada de lo que hacía mejoraba lo que sentía por dentro.
Después de la muerte de su hija empezó a vender seguros de diferentes empresas. Ya no jugaba en los partidos más importantes. Ya no le llamaban para ellos. Además, el entrenador le sugirió dejar el rugby porque ya no estaba en forma hacía tiempo. Terminó su carera de futbolista con dos medallas de oro. La segunda la ganó en los Juegos Olímpicos de París en 1924 con dos victorias de los estadounidenses.
Por otro lado, había comenzado la Gran Depresión: una crisis mundial que se prolongaría durante años, justo antes de la Segunda Guerra Mundial en los Estados Unidos. Esta crisis se originó a partir de la caída de la bolsa de valores en Nueva York. En el momento del crack, la ciudad se había convertido en la mayor metrópolis del país. Los precios de las acciones cayeron drásticamente en un día y continuaron bajando durante un mes entero, lo que provocó la perdida de empleo para 100,000 trabajadores en un periodo de tres días.
Una noche, volviendo del trabajo, Claudia encontró a su marido en la habitación de la hermana de ella. Los escuchó al subir las escaleras, dirigiéndose hacia su dormitorio. Los sonidos de la traición resonaban en el pasillo. Se detuvo por un momento para asegurarse de que el hombre que escuchaba era realmente él. No esperó mucho, lo siguiente que escuchó fue: "¡Eres fantástica! ¡Menos mal que tú me haces sentir lo que tanto anhelo! Tu pobre hermana ya no sirve para nada."
La sangre le subió a la cabeza. Las piernas le comenzaron a temblar de repente. Se mareó y se apoyó en la maciza barandilla de la escalera. Permaneció ahí un rato, intentando calmar a sus emociones alborotadas. El corazón le latía deprisa y su aliento se aceleraba, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos sin cesar. Ya había llegado el fin. Lo sentía con todo su ser. El final de las ilusiones, el fin del amor, de todo lo mejor y lo peor que le ocurrió. De su vida hecha de sueños preciosos que no se cumplieron como deseaba. Desde ese momento en adelante, quedaba sólo la existencia. La inútil y cruel existencia que no iba a traerle nada de lo que quería. El amor que él una vez sintió por ella ya estaba muerto. Ahora, por fin, no tenía más dudas. En realidad, lo que John sentía nunca fue amor, sino un simple deseo que se acaba cuando consigues lo que deseas. No se puede desear algo que ya se tiene... Por desgracia, sólo el deseo de ella se había transformado en amor. Y de ese amor ya le dolía. Debería haber puesto fin hace tiempo, no esperar a que él cambiara, lastimándose cada vez más.
Entró en el cuarto llorando, tomó varias pastillas tranquilizantes y se duchó con rapidez. Después se puso un conjunto de lencería negra de encaje, un vestido del mismo color, corto, y ajustado al cuerpo, la gabardina beige, unos zapatos de tacon alto y salió con el coche. Todavía no sabía exactamente adónde iba y con quién, pero estaba decidida a devolvérselo, para todos los engaños. Aunque todo indicaba que a John ya no le importaba, ella pensaba que así recuperaría parte de su dignidad perdida.
Se sintió atrapada en su dolor y confusión, la lencería de encaje que llevaba no hacía más que recordarle lo frágil y expuesta que estaba. Aquella delicada prenda, que antes le traía un sentido de elegancia y sensualidad, ahora solo añadía al tormento de su situación, como un sutil recordatorio de la vulnerabilidad y traición que experimentaba.
Así iría al entierro de ese gran amor que la descompuso, porque había entregado todo lo que tenía sin guardar algo para sí, y ahora se encontraba vacía. Esta vez, sin más llantos, sin lamentos, sin ninguna duda. Ya había llegado el momento.
En el pasado se enfurecía cuando él la celaba sin razones y la manipulaba a su conveniencia. En un instante de claridad, una "bombilla" iluminó su mente. Se dio cuenta de por qué él siempre intentaba controlarla y por qué estaba tan celoso: era él quien engañaba y proyectaba sus demonios en ella. Por eso la sospechaba, porque se conocía bien pero no quería cambiar. No creía en sí mismo y reflejaba su inseguridad en Claudia. Era más fácil controlarla y culparla por los errores que él mismo cometía. Así se libraba de ser responsable por sus actos y su consciencia permanecía limpia, intacta. Pero el subconsciente de él, donde se guardaba todo, reflejaba la verdad en su vida futura. Sin embargo, todavía era demasiado temprano para verlo.
A Claudia le vino una arcada al pensarlo, pero se contuvo. Había acertado. No podía vomitar ahora, iba a manchar su ropa... Tenía que ser fuerte. Un poco más y se acabaría otro capítulo de su vida. Conducía, mientras las lágrimas se deslizaban por su rostro. ¡Le odiaba! A él y a sí misma también, por ser tan estúpida y no verlo antes. Por dejarse manipular, por quererlo tanto, ¡sin merecerlo! Sí, ¡era una ingenua!, por ser demasiado buena con los demás y nunca consigo misma. Ahora entendió lo que su padre quería decirle cuando era pequeña, aquel día lluvioso cuando la llevaba a ballet: que la gente no se quiere. Suspiró. Ya, le parecía que ninguno sabe quererse, porque la gente que se ama no hace daño a los demás, ni a sí misma. El amor es constructivo, te da fuerzas para crear, no para destruir. Destruyen sólo aquellos que se odian y no son conscientes de ello. ¡Qué pena que no lo vio a tiempo! De haberlo sabido, no habría permitido que se burlara tanto de ella. Pero es difícil ver la verdadera cara de los demás cuando tienes sentimientos, cuando estás enamorado y idealizas al objeto de tu amor. Cuando te guías por tu ego...
Cogió aire porque sentía que se asfixiaba y secó sus lágrimas con la manga de la gabardina. ¡No más llantos!... Puso la radio; necesitaba algo de chispa. Si no ¿cómo iba a engañarlo en ese estado tan deprimente en que se encontraba? De todos modos no podía hacerlo así, estaba demasiado sobria y se sentía tan mal... Condujo el coche por la carretera y paró en el primer bar que vio abierto. Necesitaba tomar algo antes. Emborracharse...¿Y cómo iba a conducir después? Agitó la cabeza para quitarle la importancia al pensamiento. Pues, si se moría en un accidente, ¡sería aún mejor! Se acabaría esta parodia de vida que llevaba. ¡Y eso sería lo mejor que le podría pasar!
Entró en el bar. Era pequeño, con un aire nostálgico, todo hecho de madera oscura. La luz tenue y verdosa provenía de unas lámparas antiguas colgadas del techo, creando sombras misteriosas en las paredes. Las mesas y sillas eran de madera robusta, desgastadas por el tiempo, y el suelo de baldosas negras y blancas reflejaba el brillo tenue de la iluminación. No había nadie, sólo el barman haciendo la caja, preparándose para cerrar.
El bar tenía una atmósfera de clandestinidad, reminiscentes de la Ley Seca que marcaba la década. Las botellas de licor estaban dispuestas detrás de la barra, reflejando la luz verdosa. Unas pocas fotos en blanco y negro colgaban de las paredes, mostrando escenas de los locos años veinte: parejas bailando el Charleston, hombres con trajes de rayas y sombreros de ala ancha, y mujeres con vestidos de flecos y plumas.
Claudia se sentó en la barra y dijo con voz firme al barman:
-"Quiero un whisky. Lo tomaré rápido y me iré antes de que cuentes tu caja."
Su determinación y sus ojos perdidos en un mundo lejano le hicieron confiar en ella, y el barman, reconociendo la desesperación en sus mirada, le sirvió un vaso de whisky sin decir palabra. Mientras lo tomaba, pensaba en cómo llevar a cabo su venganza.
Por dentro, rogaba que el hombre no le hablara. No tenía ganas de conversar ni de escuchar a nadie. Estaba harta de escucharse a sí misma. Necesitaba silencio, pero sus pensamientos gritaban y laceraban su corazón. No los podía parar... En dos tragos, el vaso quedó vacío....¡Ya sabía a dónde ir! ¡Hombres como Jack había un montón! Egocéntricos perdidos que no encontraban placer más grande que en la carne de cualquier mujer. Hombres que no les interesaba nada más que su propia satisfacción. Lo difícil era encontrar a alguien diferente... Pero ella ya no quería eso. Además, pensaba que no existían hombres que controlaran sus impulsos. "¡Son tan primitivos, tan simples! ¡Les odio!" - pensó Claudia, mientras sacaba dinero de su bolso para pagar, dejándolo en la barra. Salió algo mareada del bar y siguió su camino. Le daba igual lo que la gente dijera luego sobre ella. Ya los que más quería se habían encargado de destruirla. De todos modos, mañana ya no estaría en esta ciudad y nunca más volvería.
Y así lo hizo: engañó a John, y por la mañana fue al despacho del abogado de su padre para firmar los papeles del divorcio que ella le pedía, basándose en las infidelidades de John y también la suya hacía él. Dejó una nota en un sobre para su exmarido, que le entregarían cuando fuera a firmarlo.
"Por fin ya tienes lo que querías: la libertad de ser tú mismo.
Claudia".
Y desapareció…Pero no se sintió mejor al engañarle, como pensaba, más bien añadió una culpa más a su trasfondo emocional.
9.
Después de unos años, viviendo en Colorado, Claudia recibió un telegrama de su tía, diciendo que su padre estaba muy enfermo y si quiere verle tiene que darse prisa. Sólo ella sabía donde se mudó, pero le había prometido no decírselo a nadie.
La mujer preparó una pequeña maleta y cogió el tren para Nueva York. Por desgracia, cuando llegó ya era demasiado tarde, su padre había fallecido la noche anterior. Su viaje fue en vano. Había vuelto sólo para el entierro... No se pudo despedir de él. Se sintió terriblemente culpable. Otra vez, esta insoportable impotencia y tristeza la envolvieron en sus abrazos helados. Y le costaba tantos esfuerzos por salir de ahí....
Subió al despacho de él, donde tenía tantos recuerdos. La habitación estaba intacta. En el aire aún se sentía su olor, su presencia. Parecía que el tiempo se había detenido desde que ella se marchó. Cerró la puerta detrás suya y estalló en llanto, sin poder contenerse. Luego, empezó a pasear por el despacho lentamente, pasando con la mano por su enorme escritorio. Sus cosas aún estaban ahí. Le daba la sensación de que él había salido por un momento y en cualquier instante la puerta se abriría y su padre entraría con los pelos despeinados y aquella cálida sonrisa en el rostro, al verla. Aunque después de la muerte de Ellie, él estaba distante y frío con ella, Claudia nunca lo culpó, siempre lo recordaba con su sonrisa grande y el amor que supo darle.
Había polvo. Se notaba que no usaba su despacho hacía tiempo. Se acercó a la biblioteca y hizo lo mismo con los libros. Los miraba y tocaba con cariño. Un recuerdo la visitó y pintó una sonrisa en su cara.
Se vio ahí, cuando era joven y trabajaban sobre el guion del teatro, cual les había traído momentos inolvidables. ¡Como si fuera ayer! El recuerdo era tan lúcido, tan vivo, en su mente.
Ella llevaba una camisa blanca y una falda negra, tenía el pelo recogido en dos trenzas. Miraba por la ventana pensando. Su padre, sentado detrás de ella escribía algo. Claudia se giró hacia él y le comentó su idea en la cual estaba pensando. Él dejó de escribir para escucharla, mientras la miraba por encima de sus gafas. Luego le habló con un tono serio:
-"Primero, pensaremos en la trama, Claudia. Luego, haremos la escaleta, ¡y después, los diálogos!"
- "¡Yo ya tengo la trama en mi mente! ¡Me vienen muy buenas ideas sobre los diálogos! Las puedo olvidar..."
- "Escríbelos para no olvidarlos, pero primero tenemos que plasmar la trama sobre el papel, para poder hacer una buena y detallada escaleta."
- "Pero ¿por qué no empezamos por la historia?" - suspiro decepcionada.
- "¡Porque no podemos empezar a construir una casa por el tejado! ¡Para todo hay normas que se deben de seguir!"
- "¡No me gustan las normas! La gente no las cumple..."
- "Son necesarias para conseguir un buen trabajo. ¡Eres muy dispersa, todo debe mantener un orden!" - le dio un papel y la invito con un gesto a sentarse en la silla, al lado de él. - "Escríbeme la trama."
Ella le lanzó una mirada descontenta.
-"¡En breve!, sin explicaciones." - añadió muy serio, con un tono que no aceptaba objeciones.
Claudia todavía veía su semblante como si él estuviera al lado de ella.
-"¡Cuánto te extraño, papá! ¿Me podrás perdonar, alguna vez, todo lo que hice?"- le hablaba, aunque él no estaba ahí. - "¿Me perdonarás que fui una mala madre?... Que no la pude detener..." - lo dijo en voz baja y otra vez sus ojos se llenaron de lágrimas. - "¡Por favor, cuida de ella, papá! Ya que yo no supe hacerlo bien... ¡No la dejas sola en la oscuridad! Le daba tanto miedo..." - rompió en llanto sentada en la silla. Prefería mil veces que este entierro fuera el suyo y no el de su padre, pero como solía pasar - no tenía esa suerte...
El día siguiente fue el entierro. Llovía. Había mucha gente que vino a despedirse de su padre. John también estaba allí con su nueva esposa, en gestación avanzada. Claudia andaba sola entre la gente que la observaba con indulgencia. Ahora, su presencia provocaba en ellos sólo lástima. Andaba, mirando el suelo. La lluvia que caía la mojaba entera, no llevaba ni paraguas para esconderse debajo de él. Así nadie veía sus lágrimas. Se fundían con las gotas de la llovizna. Su madre se acercó a ella intentado darle uno y la regañó en voz baja, para que nadie la escuchará:
- "¡Cógelo! ¡No andes así, como una indigente! ¿Qué va a pensar la gente?"
- "¡Me da igual lo que pensarán! Ya tú te encargaste hace tiempo de eso... ¿Por qué me temías tanto, mamá? ¡Yo nunca fui tu rival, sino alguien quien te quería sin medida!..., hasta que me di cuenta de quién eres realmente." - la voz de Claudia era seca.
La miraba en los ojos, mientras su madre no tenía la valentía de hacer lo mismo y desviaba su vista en diferentes direcciones. Luego, Claudia prosiguió, con una sonrisa irónica:
- "Ya estás contenta, ¿vedad? Conseguiste lo que querías..."
- "¡¡Basta ya!! ¡Yo no tenía la culpa de que tú no supieras cómo cuidar de tu familia! ¡Tómate las pastillas! ¡Siempre fuiste una loca y desagradecida!... ¡Una egocéntrica que no tenía otra prioridad que a sí misma!... ¡No intentes echarme tus culpas a mí!" - en su rostro se veía enfado.
Hizo una mueca de decepción, apartándose del área del combate. No era el momento de discutir esto. Tampoco tenía ganas de hablar de cosas pasadas y de escuchar las ficciones de una loca. La gente ya veía cómo es su hija, también sabían lo que pasó.... ¿Para qué ensuciarse las manos?
Claudia ya no era una amenaza para nadie. Se había convertido en una sombra. No podía despertar más la envidia en los que estaban a su alrededor. Su cuerpo hermoso y erguido en el pasado, ahora estaba encorvado por la insoportable carga de la culpa que llevaba en sí. Su pelo ya no era tan abundante y había perdido el sedoso brillo que tenía. Los ojos de ella ya no miraban desafiante. Su mirada audaz había desaparecido junto con la sonrisa juguetona que la caracterizaba antiguamente. Era una Claudia totalmente distinta y parecía mucho mayor de lo que era. Una mujer hundida, abandonada y desafortunada. Un ser muerto en vida.
De pronto, John se acercó a ella para ofrecerle sus condolencias y dejarle su paraguas. Ella le dio las gracias y lo cogió. Abrió su bolso y sacó el frasco con las pastillas para tomarse un par de ellas. Cada vez tomaba más de esas pastillas como si fueran caramelos. Conversaron un rato. Él le pidió disculpas por su comportamiento en el pasado, por todo el dolor que le causó. Pero el daño que hizo no se podía reparar con un "lo siento", era demasiado... Le dijo que lamenta mucho lo sucedido entre ellos. Que todavía solía pensar en las cosas que hizo mal. Que aún la quería... Que tal vez la historia podría haber tenido un final diferente, si él hubiera tomado otras decisiones. Le dijo que nunca la olvidará. Que ella y Ellie eran lo mejor que le había sucedido. Que ahora tampoco estaba feliz... Le confesó que a veces piensa en divorciarse y volver a San Francisco. Seguía siendo bróker de seguros y el fútbol ya era parte de su pasado. Lo que vivieron lo había marcado muy profundamente...
Claudia le comentó que no creía más en el amor, ni en las personas. Por esto estaba mejor sola. Ya no podía sentir amor porque se odiaba a sí misma. Por ser tan mala e ingenua, por no poder salvar al único ser que la quería de verdad y la hacía sentirse feliz. La pérdida de Eleonor aún era inaguantable para ella. No pudo dejar el pasado atrás, seguía viviendo en él. Le dijo que intenta con todas sus fuerzas perdonarle, pero no lo había conseguido todavía. Que cuando más lo necesitaba, él nunca estuvo presente. No supo olvidarse de ello. De su extraña manera de amar, destrozándola. El pasado le traía tanto dolor que no podía pasar página y empezar de nuevo. Había aprendido que el amor no existe. Que existen sólo los intereses y cuando ya no te necesitan dejas de ser prioridad, te conviertes en una opción ¡una simple opción, entre tantas!
En ese instante, vino la esposa de John. Dio su condolencias a Claudia, cogió a John por el brazo y le condujo lejos de ella, donde estaban su madre y sus hermanos. Donde le tenía a salvo...
La vida les trató mal a los dos, por hacer malas gestiones y no pensar en las consecuencias de sus actos. También, por ser tan despistados y no ver a la gente oculta que siempre pretende ser lo que no es. Las personas "atentas" y hipócritas que te sonríen y alaban a veces y otras te critican y juzgan, pero siempre están tan mortalmente cerca de ti, sólo a unos átomos de distancia...
10.
Claudia cogió otro bombón. De nuevo lo miró de todos lados con el mismo interés. Observaba cada agujerito donde no había llegado la cubertería del chocolate. Cada espacio vacío en esta sabrosa masa con olor que era capaz de despertar los sentidos.
Empezó a sentirse muy cansada. Su mente no le hacía tanto caso, era más torpe y lenta. Se comió y el otro bombón y decidió volver al sillón, que estaba justo al lado de la ventana. Necesitaba algo de comodidad. Le costó mucho tiempo y esfuerzo. Se mareaba. Le pareció mucha la distancia, aunque eran apenas tres pasos.
El aguacero amainó. Ya sólo chispeaba... Pronto, todo iba a terminar… El sufrimiento, todo lo que había vivido. Esa pesadilla infinita llegaba a su fin. Lo sentía. ¡Por fin! Le dolían mucho la espalda, el estómago, la cabeza … Se reclinó en el sillón y cerró los ojos por un momento. Requería un descanso…
Y de repente, como si fuera real, o más bien un sueño, ¡extremadamente real!, se trasladó en otro mundo…
Primero escuchó una voz.. Una voz tan conocida y tan querida, pero no recordaba de quién era...No distinguía las palabras…Venían de lejos. Prestó atención intentando comprenderlas. Ahora ... ¡ya las escuchó bien!:
"-Le corps droit! Tête haute…Claudia!! Tu es toujours dans les nuages, mon chérie!"
(* - "El cuerpo recto. La cabeza arriba… ¡¡Claudia!! ¡Siempre estás en las nubes, cariño!")
Los labios de la mujer se estiraron en una leve sonrisa, luego intentó enderezar su postura en el sillón. Sus movimientos eran ya extraños y muy lentos… ¡Le encantaba esa voz! Era de alguien que ella quería y apreciaba muchísimo: Madame Bissette, su profesora de danza. Ahora estaba otra vez ahí, con ella, y ¡todo era como antes!, cuando era pequeña. No, no era exactamente como antes… En su tiempo ella no supo valorar tanto todos esos momentos de felicidad que muchas veces estaban disfrazados como obligaciones. Su cara se veía feliz. Sus ojos, ya en otra dimensión. Claudia miró por la ventana, y ahí en el banco de cemento, debajo del enorme pino, estaba su padre, con un traje nuevo y con una corbata. ¡Tan elegante! ¿A dónde iba? A él no le gustaban mucho las corbatas. Las usaba sólo en ocasiones muy especiales. No tenía paraguas y las gotas de la lluvia caían sobre él, mojándolo. Claudia se preocupó. Él consultó su reloj. Los pelos despeinados que tenía le hicieron gracia.
“¿Tendrá prisa otra vez? “, pensó ella. “¡Siempre su trabajo! …"
Pero giro la cabeza un poco más a la izquierda y al lado de él vio a Eleonor. Los ojos de Claudia se ensancharon pero sus movimientos se hacían más lentos y torpes a cada instante.
La niña estaba ahí sentada en el banco, moviendo impaciente sus piernas en el aire porque todavía no llegaban al suelo. Su pelo rubio estaba recogido en dos largas coletas, tenía puesto su vestido azul favorito y se veía tan bella y perfecta como en los recuerdos de Claudia.
Eleonor tiró de la manga de la chaqueta de su abuelo y le preguntó algo. Él le señaló con el dedo a Claudia, que los miraba por detrás del cristal. La niña levantó la cabeza y vio a su madre. Se miraron a los ojos y sonrieron. Con sus últimas fuerzas, Claudia levantó el brazo y dibujó con el dedo un corazón en el cristal. Un corazón distorsionado, que no pudo terminar. Su brazo cayó sin resistencia y no pudo acabarlo. Ya no se podía mover más. Su cabeza cayó a un lado. En un instante cerró los ojos. Para siempre…
Cuatro días después la encontraron su amiga Margot, que había venido a verla, y una vecina. El cuerpo, que había empezado a descomponerse, desprendía un olor específico y desagradable, asfixiante. Nadie más supo de su muerte. En el corazón incompleto y distorsionado que había dibujado en el cristal, en sus últimos momentos, se reflejaba la luz del sol que entraba por la ventana...
Prórroga
1976
Todo es blanco... Un blanco deslumbrante, irreal. Hasta donde alcanza la vista, sólo se percibe este blanco infinito. No hay ni cielo, ni techos, ni paredes … Nada más que personas en medio de esta luminosidad. Un lugar muy extraño. Transmite una inmensa tranquilidad, orden y silencio. A lo lejos se distingue un grupo de gente en trajes blancos, como monos ajustados al cuerpo, todos iguales, esperando serenamente de pie, sin hablar entre sí. Pasan uno por uno y hablan con cuatro personas al frente del resto: ¿mentores, profesores? … No lo sé. Son dos mujeres y dos hombres, aunque los más activos son los del centro: el calvo con gafas y la mujer rubia. Su melena llega hasta los hombros, tiene poco pelo, casi liso, aparenta unos cincuenta o sesenta años, no está bien peinada, algo descuidada. El hombre también aparenta la misma edad, o incluso algo mayor. La mujer lleva una chaqueta roja convencional y el hombre otra, de color negro. Es muy extraño, ¿por qué están vestidos de forma tan "normal" en medio de esta anormalidad? Incluso la mesa delante de ellos es blanca. No puedo ver las sillas en las que están sentados. Ni sé exactamente qué hago yo aquí. Parece que nadie me ve. O, ¿simplemente me ignoran? ¿Será sólo una grabación lo que estoy observando? No lo sé, pero de alguna forma me siento "dentro" de ella...
"Claudia" está entre esta gente. Se aparta del grupo. Ha llegado su turno de hablar con "el jurado". Ahora parece diferente: joven, llena de energía, también vestida de blanco, como los demás. Se aparta del grupo y se acerca a ellos.
- "¿Qué tal, "Claudia"?" – dice el calvo – Te tomó mucho tiempo recupérate esta vez...
- "Así es. Estaba destrozada... Necesitaba pensar. " – agacha la cabeza.
- "En vez de solucionar las viejas culpas, te hiciste muchas nuevas, ¡gracias a la manipulación de los demás, de nuevo! ¡Nunca aprendes, "Claudia"! ..." - suspira.
–"Lo sé... "- responde ella. – "Jugaron muy sucio esta vez. Y cuando estoy abajo me cuesta ver la realidad… Los sentimientos me impiden ver la verdadera cara de las personas. Me confunden... El ego es muy difícil de dominar. Me cuesta distinguirlos de los humanos cuando estamos allí. Son muy buenos impostores, muy 'perfectos'"... - explica.
- "Pero unos cuantos de "ellos" ¡son siempre los mismos, "Claudia"! ¡Durante todas tus vidas!" - gesticula con ambas manos el hombre, impaciente. - "¿Y cómo piensas solucionarlo? Ahora tienes muchos más pecados por pagar, aunque no sean tuyos. Tampoco podrás ver la realidad. Tu mente te pondrá en el roll de víctima, para que sigas alimentándoles con tu energía. Y no queda tiempo para liberarte de tantas culpas... ¡El momento más esperado de todos, ha llegado! Así nunca lo conseguirás…"
- "He tenido mucho tiempo para pensar en ello. Tengo un plan... Lo he mencionado en mi proyecto."
El hombre asiente con la cabeza y mira hacia abajo, sobre la mesa, donde se ilumina una pantalla . "Claudia" continúa:
- "Primero, despertaré el avatar, para poder devolver los pecados a los culpables y, sobre todo, a "ellas". Después, será más fácil cumplir mi propósito. Me vengaré de estas tres mujeres que mataron a mi hija y destrozaron mi vida. ¡Esta vez, lo conseguiré! Y más aún, una de ellas entonces..., ¡fue mi propia madre!" - parece muy enfadada ahora. Toma aire y se queda en silencio por un momento. Luego sigue: - "Vi la grabación… Pero vosotros ya habéis visto esto, antes que yo... Estando abajo no tenía paciencia por volver aquí y ver por qué fracasó mi plan... ¡"Ellas" usaron a una hechicera para conseguir lo que querían! Otra vieja enemiga... Todo el mal que hicieron fue por envidia y sus propios intereses. ¡Fue intencionado y además usaron fuerzas de magia negra! Y no pagaron su merecido. Nacieron de nuevo..."
-"Ya le hemos quitado los poderes a la hechicera."- la interrumpe el hombre, apoyando su espalda en la silla. - "En realidad, se los quitó sola por no utilizarlos correctamente."
- "Pero por lo que hicieron, ¡tuvieron que morir, para siempre! ¡¿Por qué con "ellas" esto no ocurrió?! … El destino de Eleonor, ¡no era morir!" - todavía le cuesta entender qué falló ¿Dónde estaba el error? - "La brujería fue lo que me descolocó y no pude levantar más la cabeza. Y "ellas" sabían que esa era la única manera de arruinarme, de tenerme, echándome más culpas para no poder escapar de esta cárcel en la que convirtieron la Tierra, todos como "ellas"... " - está enojada, pero sabe controlarse, no alza la voz, habla con seguridad y firmeza. - "Y aunque la hechicera consiguió casarse con él, luego, por medio de este "trabajo" que hizo, él la dejó con el bebé. El plan de "ella", también fracaso. Porque la hechicera tuvo que hacer que él volviera con la mujer que dejó casi antes del altar. Le prometió que lo haría, pero como lo quería para sí misma, no cumplió su promesa. Él, igual que yo, posee mucha energía, de la cual no se quieren privar. Nos necesitan ... ¡Pero no van a conseguir alimentarse de nuestras energías más, desviándonos sus pecados para tenernos presos! ¡No vamos a dejar las cosas así! Lo estábamos pensando durante mucho tiempo. Tenemos un plan... Cuando terminemos con "ellas", ayudaremos a todos los humanos a transformarse para deshacerse de identidades como estas. Pero primero me vengaré por Eleonor. ¡Se lo debo!.... ¡El plan que hicimos antes era diferente! Y parece que "ellas" lo sabían y querían sabotearlo... Pero esta vez, ¡lo conseguiremos!"
"Claudia", parece no entender todavía, porque aunque los hechos de "ellas" fueron malignos e injustos, no pagaron lo que se merecían . . .
- "Este castigo lo tiene que activar el nuevo avatar ahora, "Claudia", para que se cumpla…. Tú no hiciste nada antes, sino aceptaste las culpas que te echaban. Él se tiene que dar cuenta. Ahora, te será mucho más difícil. ¿Cómo harás que el nuevo avatar se entere de todo esto, para que te pueda ayudar?"
La cabeza de ella se ilumina: "¡Claro, el castigo dependía de mí también! Cada uno recibirá lo que se merece, ¡sólo si yo lo veo y lo deseo!"
- "Sabes que nosotros no podemos hacer mucho, sólo sincronizar los eventos que vosotros activáis…" - continúa el hombre - "¡Estas son cosas vuestras! De vosotros depende todo. Y que cada cual reciba su castigo, también.
El momento de todos los humanos a llegado, de liberar las culpas que llevaban durante toda su existencia en la Tierra. ¡Será un gran logro para todos los que consiguen salir del nivel más difícil!"
- "Sí, ¡estoy emocionada por ello! Por fin, llegó el momento en que “ellos” pagarán por todos sus crímenes cometidos durante su experiencia aquí... Pero muchos de “ellos” también van a dejar de existir…, y hubo gente a la que he querido entre "ellos"" - suspira con tristeza. - "Espero que algunos podrán cambiar para salvarse."
- "No debes sentirte mal por eso. Algunos se salvarán, claro...¿No era esto una parte de tu plan?..." - la mira, esperando una respuesta.
Claudia sonríe:
-"Tengo algo pensado, pero no sé si funcionará."
El calvo prosigue :
-"Tu plan está bien elaborado, has utilizado todos tus conocimientos adquiridos durante todas tus vidas. Esperamos que lo consigas esta vez. Muchos de vosotros ya ven que una parte no tan pequeña, se alejó de sus almas y dejó de ser humana, hace muchísimo tiempo. Ahora se transformarán en otras existencias y comenzarán el ciclo de nuevo ... “Ellos” nunca quisieron cambiar… No fue culpa nuestra, sino suya. Ha llegado el momento del pago, no se puede hacer nada más. ¡Tienen que pagar y vosotros, los humanos, tenéis que solucionarlo! Poner a cada uno en su sitio... "Ellos" jamás intentaron aprender y hacían que todo girara, durante tantas vidas, sólo en su propio interés. Todo giraba alrededor de sus egos… La meta de todos aquí es eliminar el ego para poder elevar vuestras vibraciones y abandonar este mundo tan hostil..." - pasa los dedos por su cabeza, aplastando los pocos pelos que le quedan. - "Demasiados bajos instintos y mucho ego, "Claudia". Esto fue lo que los destruyó: su incapacidad de amar y su constante búsqueda de provecho personal en todo lo que hacían ... Pero, ¡cuéntame tu plan! ¿Cómo piensas lograrlo?" – la invita con un gesto y le lanza una mirada intrigante.
- "He preparado una trampa... " - comienza "Claudia" con una sonrisita pícara. - "Para “ellas” y para mí, también..." – se ríe. – "Una trampa para pagar lo que nos queda."
La miran sorprendidos.
-"¿A qué te refieres?" – por primera vez habla la mujer rubia.
- "He combinado dos pruebas en una, para el avatar. Va a ser duro... Pero para “ellas” esto va a ser la trampa…y la prueba más importante: ¡su examen final!... Voy a hacer que el avatar se sacrifique por "ellas" y otras personas, que no lo merecen. Además, le van a echar toda la culpa por los desastres que ellos mismos provocaron y provocarán... ¡Como siempre!" - dice ella, sonriente - "Les conozco tan bien que he apostado todo mi futuro progreso en esto! Estoy segura de que van a hacer lo que han hecho siempre conmigo: ¡intentar a destruirme! Me odian profundamente. Pero necesitan mi energía vital. Por eso mismo, intentarán echarme otra vez sus pecados a pagar. El dolor que va a experimentar el avatar al ver la verdadera cara de la gente por la que se ha sacrificado lo despertará. Y así, aparte de escucharme, va a empezar a comunicarse conmigo. Lo tendré más fácil para cumplir mi propósito. Le ayudaré como pueda... Podrá ver las verdaderas caras de "ellos", pero sólo en algunas ocasiones - cuando intentan esconderlas. ¡Va a ser divertido, para él! Pero también muy útil. "Ellos" son muchos y harán todo para sabotear el proyecto. Creo que ya se han dado cuenta de lo que les espera." - los mira con triunfo. Le parece muy buena la idea, aunque es muy arriesgada. Todos estos cálculos precisos dependerían de un hilo muy, muy, finito, llamado intuición.
- "¡Esta bien pensado! Vas a liberarte de las culpas ajenas de este modo. Lo que, por otra parte, dominará tu ego y te permitirá ver el mundo y a la gente tal y como son, sin apegos, sin distorsiones. Pero va a durar bastante tiempo, te parecerá un milenio allí abajo. Va a ser un infierno para el avatar y para ti también... No te quedará energía para seguir con el resto del plan, la parte más importante… Y no vas a ser tan joven, entonces... No sé cómo lo harás..." - el hombre se rasca la barbilla. - "Pero no veo otra opción..." - alza los hombros.
- "Espero, poder manejarlo…" -responde "Claudia", después explica: - "Cuando todos estén en contra mía, hablen mal de mí y me juzguen sin tener culpa, esto desviará parte de sus energías vitales a mí, y será una cantidad muy importante de sus energías, ya que viene con los intereses del pasado. Así, tendré muchísimo más energía vital que antes para poder realizar todo. Y "ellas" se quedarán con muy poca.... Pero suficiente para tener la misma vida infernal que hicieron que yo tuviera.., gracias a "ellas" y la hechicera. Gracias a su instinto insaciable de poseer..."
- "Me parece bien el plan. Pero, ¿no tienes ninguna duda de que "ellas" pueden sabotear tu proyecto reaccionando esta vez de una forma diferente?" - el hombre apoya su cabeza con los dedos y la inspecciona con la mirada.
-"¡Ninguna! Ya he visto que son incapaces de cambiar desde que las conozco. Teníais razón antes cuando me decíais que “ellos” nunca cambiarán porque no quieren. Lo vi por mí misma muchísimas veces. ¡Qué lastima que no lo acepté antes! Tuve que pasar por lo peor para darme cuenta... ¡Qué ingenua fui, pensando que el amor les podía cambiar!"
-"Me alegro que ya lo tengas todo claro. Pero, Claudia…" - el hombre hace una pausa para darle más importancia a lo que va a decir: - "¡No gastes ni tiempo, ni energía en advertir a la gente para los exámenes que vienen! De todos modos, no puedes ayudarles, no te escucharán, estarán bloqueados por sus subconscientes. Controla bien tu avatar. Porque no hacerlo te desviará de tu misión... Mantente al plan, porque tienes mucho trabajo por hacer y te quedará poco tiempo y muchos enemigos. Tus aliados van a ser, como siempre, los humanos. Esta vez, no puedes confundirte, sino, fracasará todo el proyecto. ¡Fracasaremos todos!"
- "¡No quiero que los humanos sufran tanto! Ya han sufrido bastante .., les quiero hacer el dolor más leve. Quiero que cambien antes de los dichosos exámenes." - "Claudia" intenta justificarse. - "Me duele verles sufrir. ¡Me duele, igual que ellos!..."
-"¡No debes! Aparte, es imposible conseguirlo antes de tiempo. ¡Nadie cambia sin dolor, "Claudia"! Aunque les digas lo que les espera, no te harán caso, ni tampoco avanzarán si ellos mismos no toman sus decisiones. Están programados para repetir sus mayores errores. Además, podrías perjudicarles más… Cada uno de vosotros ha hecho su plan, sólo hace falta cumplirlo. Se trata de aprender de este dolor para pasar al siguiente nivel. La humanidad lo va a conseguir, no dudo en ello. Suspenderán solamente algunos de “ellos” y los transformaremos, no tenemos otra opción. No nacerán de nuevo. Se gastaron todas sus vidas en vano..." - el hombre calvo aprieta los labios, alza las cejas y la mira otra vez. - "... Ya has elegido nombre, padres, país…, como siempre. Solamente me queda decirte: ¡Te deseo lo mejor!" - sus labios se estiran en una cálida sonrisa.
- "¡Muchas gracias, a todos! Haré todo lo posible para no decepcionarles." - "Claudia" también sonríe. Después, añade: - "Mis nuevos padres ya me están esperando… Tengo que irme."
-"¡Bon voyage!" – le dicen todos a la vez.
- "¡Y no pierdas el contacto!" - incluye la mujer sonriente también.
-"¡Gracias! Pueden confiar en mí." - contesta "Claudia" y les guiña el ojo.




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