Cuando mi Yo Vasta alzó voz: ¿Te atreves a sabotear el futuro programado?
- Nelson R.

- 29 sept 2020
- 116 Min. de lectura
Actualizado: 26 abr
Cuentos chinos para dormidos y la verdad cruda para los que ya no pegan ojo
1.
El idioma de lo invisible
Cuando era pequeña, escuchaba una voz interna que me hablaba en ocasiones. No era una autoridad que me dictaba órdenes, sino algo sutil que me insinuaba a buscar el por qué de las cosas y como funcionaban. Tenía ideas que, en aquel momento, simplemente me ayudaban a explorar la naturaleza. Me invitaba a ponerme en el lugar de algún animalito, o bichito, y sentir lo que él sentía. En aquél tiempo, esto era fascinante para mí; era como un juego de descubrimiento, hasta que empezara a suceder con las personas, pero esto fue mucho más tarde.
En aquella época, me sentía libre y encantada con el mundo consciente que no puede hablar como nosotros, cuando quería podía captar el estado de alguna planta o comprender el sentir profundo de los seres vivos, del cual muchas veces ni ellos mismos eran conscientes.
De todas las vibraciones que he captado, las que menos me gustan son las de los “humanos”. Escribo humanos entre comillas porque parto de la base de que somos buenos por naturaleza, pero para serlo necesitamos tener empatía, algo que descubrí que falta en gran medida en la humanidad. Para mí, las personas que carecen de empatía no son verdaderamente humanas. Viven únicamente para satisfacer sus propios intereses, sin importarles el daño que causan a los demás. No pueden sentir el amor, la compasión ni la admiración. Aunque creen experimentarlos, en realidad, los confunden con sentimientos de baja vibración: lo que perciben como amor es sólo una obsesión o apego, debido a que el amor es un sentimiento elevado que no pueden alcanzar porque sus mentes vibran en una frecuencia baja. De igual forma, la compasión es reemplazada por lástima, y la admiración se distorsiona en envidia.
Y aunque algunos han inventado “la envidia sana” para no sentirse miserables cuando admiten que sienten envidia hacia alguien, francamente no existe una envidia “sana”. No hay buena y mala envidia; ella siempre es destructiva. ¡No os dejéis engañar! Este tipo de personas nunca abren su corazón y no pueden dar amor porque no lo sienten, no saben lo que es. Nadie puede dar a los demás algo que no siente primero hacia sí mismo. Son individuos que no se quieren y que, en su mayoría, arrastran una baja autoestima que ocultan bajo máscaras sociales, mientras su vibración baja consume todo lo que tocan.
2.
Amor propio vs. Autoestima
Es importante distinguir entre el amor propio y la autoestima. Muchos psicólogos sugieren que la falta de autoestima es consecuencia de la ausencia de amor propio, pero la realidad es más compleja.
El amor propio emana de lo más profundo del ser, del alma; ocurre cuando el individuo ha integrado las lecciones más importantes de la vida y ha adquirido sabiduría. Sólo entonces es capaz de amarse. Amarse es un acto de soberanía: significa valorarse lo suficiente como no dejarse manipular ni sentir la necesidad de manipular a otros. Es el limite donde termina el abuso, propio y ajeno.
Por otro lado, la autoestima, es una construcción del ego: es el resultado de las cualidades, habilidades y logros que uno posee. El equilibrio real ocurre sólo cuando la autoestima está moderada por el amor propio. Sin esa raíz profunda, la autoestima es frágil y depende de la aprobación externa. Sólo cuando soy consciente de mis virtudes y mis defectos y me acepto desde el alma, puedo proyectar ese mismo respeto hacia los demás, sin importar cuán diferentes sean a mí.
3.
Los impostores de empatía
En resumen: casi, no hay verdaderos humanos… sólo seres que han aprendido a fingir empatía. Las vibraciones de sus mentes me demuestran lo que ocultan: una oscuridad de la que muchos ni siquiera son conscientes. La llevan tan bien reprimida, enfocada al exterior y enmascarada que no la ven hasta chocar severamente con ella. Y gran parte de ellos nunca lo hacen, porque siempre proyectan sus problemas en los demás, en el destino, o en la vida misma. Así, la culpa siempre es de alguien más o de las circunstancias, y nunca de ellos mismos.
Estos seres operan en un espectro de toxicidad que va desde el narcisista, el sociópata hasta el psicópata. Pero a todos los llamaré por su verdadero nombre: vampiros energéticos.
Todos ellos son buenos impostores: pueden ser impulsivos y compulsivos, y suelen actuar sin pensar en las consecuencias de sus actos, dejándose llevar por sus emociones más primarias. Se comportan como vampiros, pero en vez de sangre “chupan” energía o, dicho de otro modo, vida. Fingen amor y amistad de la manera más hipócrita posible para robar energía y vivir a costa ajena. Desvían sus deudas kármicas hacia el empático y mediante la manipulación saquean su dharma. Es un robo de identidad espiritual: el vampiro vive una vida que no se ha ganado, mientras el humano paga facturas de errores que no cometió. Es una ruptura de equilibrio que sólo se sostiene por la ausencia de amor propio de la víctima que lo deja indefenso.
Estas personas interfieren en nuestros destinos, alejándonos de nuestro propósito, pretendiendo que giremos a su alrededor para ayudarles a cumplir sus metas (no sus destinos). Son seres de un egocentrismo absoluto sin una gota de empatía; sólo máscaras, sólo mentiras. A este grupo de seres no se le puede ayudar si están rodeados de personas empáticas, porque no existe un intercambio real de energía: ellos siempre toman y nunca entregan la suya.
He elegido no basar mis escritos con conceptos preestablecidos de psicología ni de esoterismo; de hecho, no he buscado refugio en estos temas porque no quise apoyarme en visiones ajenas. Mi intención ha sido investigar la realidad por mí misma, vaciando mi mente para observar, sentir y analizar cómo funciona realmente el ser humano. Por esto, es inevitable que mis conclusiones choquen con lo establecido. No busco encajar en la academia, ni en manuales de autoayuda: mi propósito es describir la naturaleza del alma y las leyes que la mueven tal como las percibo, observando el mundo con ojos limpios y sin ideas impuestas por otros.
Se necesita un cambio de enfoque para comprender lo que quiero decir y compararlo con vuestra realidad, mirándola desde un punto de vista neutral. Si no, no será posible.
En aquel tiempo, cuando era muy joven, pensaba que todas las personas podían sentir lo que siente el prójimo, pero al enfrentarme con su crueldad y falta de comprensión a lo largo de mi vida, me di cuenta de que no es así. Descubrí que muchas personas se han bloqueado estructuralmente para anestesiar el daño que causan y reciben.
Es importante distinguir que no todos los que han bloqueado su corazón actúan dañando a otros para conseguir lo que quieren. Para algunos, esto es sólo un mecanismo de autoprotección: una forma de sobrevivir al dolor sin intención de herir a nadie. Sin embargo, hay otros que cruzan la línea y se convierten en vampiros energéticos, al decidir que, si la vida les trata mal, ellos pagarán con la misma moneda. En este instante dejan de ser humildes. Su origen es humano, pero se desconectan de su alma para vivir sólo para satisfacer sus egos, alimentándolos con vicios y caprichos. No suelen culparse; al contrario, proyectan sus culpas en los demás. De esta forma pretenden “librarse de sus pecados”, compartiendo su carga con “la víctima” (el humano empático), quien termina pagando una deuda que no le corresponde.
También comencé a darme cuenta de que muchísimas personas están guiadas únicamente por sus necesidades. Esto es lo que las motiva a actuar: el interés por obtener cosas que creen necesitar para sentirse plenas y no desdichadas. Pero esta “plenitud” es sólo momentánea, porque viene de fuera y no de dentro: dependen de objetos materiales u otras personas para sentir felicidad. Pero, como algunos sabemos, amar y hacer algo por necesidad te asesina con el tiempo; te condena y te hace repetir el mismo error una y otra vez. Lo peor es que algunos no se dan cuenta de que actúan de tal forma y a otros les da igual, ignorando cuán perjudicial es este comportamiento para ellos a largo plazo.
Sus subconscientes los arrastran por el camino de errores antiguos no resueltos, cometiendo los mismos fallos hasta que aprendan las lecciones. Porque la necesidad y los errores no corregidos se convierten en apego, y el apego no eleva el alma, sino que la hunde. Es una mala jugada de nuestro ego en contra nuestra. Es impresionante ver cuánta gente finge tener empatía, escondiéndose tras palabras bonitas y acciones que, al final, resultan ser fingidas y contradictorias.
Si en aquellos años hubiera aprendido lo que sé ahora, mi vida habría sido totalmente diferente. Habría escogido caminos totalmente distintos a los de entonces. No habría sido víctima de algunas malas experiencias de vidas pasadas, mientras mi subconsciente decidía a través de mis traumas y elegía mi futuro a través de mí, y yo solamente lo vivía sin saber por qué. Hoy entiendo que, para cambiar el rumbo, primero hay que aprender la lección que esos traumas ocultan.
Y aquí, quiero mencionar algo importante: al leer esto, la mayoría os veréis reflejados en el papel del empático, encontrando pocos errores propios típicos del vampiro energético, incluso si formáis parte de este grupo. No es un error, es el mecanismo de defensa del propio ego. La vida es una estructura de espejos: estamos rodeados de personas que reflejan nuestras sombras para que podamos sentir en nuestra propia piel el daño que causamos o el que nos permitimos a recibir. Cuando este daño, después de un tiempo, vuelve a nosotros con más fuerza, destroza el mundo de ilusiones en que vivimos, permitiéndonos abrir los ojos y ver la realidad tal y como es. Es el momento de reconocer los errores que también cometemos contra nosotros mismos y cambiar el enfoque con el que percibimos la realidad, dejando de distorsionarla a través del ego.
Además, el daño recibido actúa como una llave para desbloquear traumas profundos de la infancia que, aunque se manifiestan ahora, tienen su origen en vidas pasadas. Esta es la verdadera filosofía de la vida: enseñarnos que todos estamos conectados entre sí y con el universo. En este escenario de experiencias compartidas, cada uno de nosotros es profesor y, al mismo tiempo, el alumno del otro.
4.
La voz en la sombra
Con el paso de los años crecí y mi vida se ocupó con cosas “reales”, como la de la mayoría. Al no encontrar utilidad práctica a esa extraña voz, que me hablaba a veces, decidí ignorarla. O a lo mejor no era sólo una voz, sino una mente que estaba dentro de mí…¿mente? ...Es como si acabara de descubrir un universo dentro de otro y no pudiera creérmelo.
Parece que el universo en que vivimos, éste que conocemos y pisamos está creado de múltiples mini universos que son inconscientes de su propia consciencia, y existen uno dentro de otro, interactuando entre sí sin verse ni oírse, llevando vidas comunes y muy diferentes a la vez.
Por ejemplo, los billones de bacterias y células que nos habitan, no tienen conciencia de que viven dentro de un ser humano, pero cada uno de nuestros pensamientos y estados de ánimo les afecta de forma directa. Nuestra alegría o nuestro estrés cambia su entorno y su destino. Por otra parte el alma vive en todos estos planos a la vez, mientras el ego pertenece sólo a este mundo físico, actuando como nuestro amigo o enemigo según como decidamos usarlo. Cada suceso en un estrato se refleja inevitablemente en el siguiente, de alguna u otra forma. Todos están vivos a su manera, cumpliendo sus programas y, al mismo tiempo, comprendiendo y sintiendo el mundo que les rodea de una forma muy subjetiva, según la evolución en la cual se encuentran.
La comunicación entre nosotras dos, durante los años (de esta “voz” y yo) se había quedado pésima; mi vida se llenó poco a poco con más obligaciones cotidianas, además de los desafíos propios de la adolescencia (amistades, hobbies, estudios, salidas) y no tenía ni ganas ni tiempo de prestarle atención. Por esto decidí que sería mejor dejar esta “relación” absurda y dedicarme a vivir tranquila, haciendo mis errores en paz. Me quedaba poco espacio para reflexionar e intentar a entenderla. Y ella me dejo…No había venido su momento para deslumbrar. Como casi nunca llegábamos a un consenso debido a la incompatibilidad de los caracteres, abandoné el “coliseo”… No. La hice abandonar. Creyendo en ese momento que era la mejor opción. Realmente, ni lo cuestioné, simplemente lo decidí y lo hice.
Después de la adolescencia, me vi sumergida rápidamente en la vida adulta, casi sin darme cuenta: trabajo, familia, casa que atender y un montón de cuentas por pagar. Había poco disfrute entre tantas obligaciones y nada de tiempo para mí misma. Pasaba de un momento a otro a piloto automático sin ser consciente de ello, aunque en todo momento juraba ser dueña de mis actos. Ahora sé perfectamente qué significa ser consciente de uno mismo. Pero para entenderlo, primero tuve que darle una paliza a mi ego hasta dejarlo “knock out”. Sólo así pude despertar, salir de su reino ilusorio y ver la realidad desnuda, fea y cruel riéndose en mi cara.
Ahora me doy cuenta de que, en aquel entonces, no comprendía lo que esa voz me quería decir. De echo, no es nada fácil de procesar. La mayoría de las veces, me decía cosas absurdas, con doble sentido o paradójicas, y pocas veces algo que me resultara creíble. Intentaba llevarme siempre a la contraria, y a mi parte consciente, guiada por el ego, no le gustaba nada… Por eso mismo, deje de prestarle atención, e incluso la mandaba a callar cuando escuchaba algo que no entendía o no quería oír, porque aquello rompía todas mis esquemas y mis expectativas. Es decir, anulaba mi ego.
La dejé en “espera,” durante muchos años, sin darle voz ni voto. Pero cuando no soportaba más estar callada, soltaba algo “picante” para provocarme…, y yo pasaba olímpicamente, o sólo me reía internamente. Sin embargo, no se rindió. Siguió intentándolo todo este tiempo, especialmente cuando se avecinaban acontecimientos muy importantes y yo estaba a punto de meterme en la “boca del lobo”. Pero, ¿quién escucha consejos cuando el ego impulsivo está al mando, construyendo castillos en el aire?
5.
Entre el destino programado y el libre albedrío: las matemáticas del alma
En los últimos años, la conexión entre nosotras cambió. "Ella” se volvió tan pesada e insistente que no me quedó más remedio que escucharla. Me predijo bastantes cosas, que siempre me parecieron absurdas, pero cuando llegaba su momento, ya no lo eran tanto.., y al final, sucedían, sin que yo pudiera interferir. No es que no intentara detenerlas, simplemente mi esfuerzo era inútil; siempre era demasiado tarde.
La causa fue que algunos acontecimientos se habían “activado” en un pasado muy lejano (en otras vidas), otros, en un pasado no tan remoto (en esta vida), y el presente sólo les daba el toque final. Fue entonces cuando se me aclaró el panorama: ¿por qué no puedo cambiar algo que sé que va a ocurrir, incluso si lo veo con años de antelación?
En los momentos en que intentaba cambiar mi presente, parecía que había alguien detrás de mí que sabía cada uno de mis pensamientos y movimientos, y lo cambiaba todo al instante, para que yo no pudiera alterar nada. Todo esto pasaba porque yo ya había elegido el camino por el cual estaba decidida a andar y, una vez que lo elijes, ya no hay vuelta atrás. Y "ella" – mi mente subconsciente o más bien “esta voz”, – me decía entonces sin ningún sentimiento, sin rastro de compasión, indiferente como el universo mismo:
— Ni lo intentes. No vas a conseguir nada. Sólo puedes complicar más las cosas. Observa. No está en tu poder, cambiarlas. Todo está programado para que suceda así.
“¿Programado? ¿Qué está programado? ¿Mi vida? ¿Cómo es posible esto si soy yo la que decide?”, pensaba yo, sintiendo una mezcla de confusión, impotencia e incredulidad. Todavía sus palabras me parecían absurdas, casi ridículas. Sin embargo, ella no discutía. Sólo observaba mi resistencia con la indiferencia de quien mira caer la lluvia.
En ese momento, empecé a observarlo todo muy detenidamente. Con el tiempo, descubrí que las cosas se colocaban “solas” y que todo seguía un orden perfecto. Y aunque supiera cómo se iban a desarrollar los eventos (sin los detalles), no podía evitar nada, ni tampoco cambiar el final que venía.
Desde ese momento, empecé a comprender poco a poco el sentido oculto de la vida. Comprendí por qué los momentos más felices y más atroces de nuestras vidas son inamovibles: sólo tenemos la forma de “suavizarlos”, de aprender de ellos para que el impacto sea menor.
Así, comencé a investigarlo todo. Incluso a esta “amiga” extraña que a veces parecía mi peor enemiga, y intentaba despertarme a toda costa del sueño profundo en el que yo dormía.
6.
Descifrando el Jugador
Para mi sorpresa, descubrí que esta sabia amiga es mi alma. La voz interna - la intuición - que escuchaba a veces, venía de ella. La que siempre intentaba prepararme para el futuro que se aproximaba, pero yo ni la entendía ni quería entenderla. Ahora sé que no queda otra opción, ¡tengo que escucharla! Ella lo sabe todo mejor que yo. Lo he comprobado muchísimas veces. Pero a veces le da la vuelta a todo lo establecido y me confunde.
En ocasiones, la llamo “el Jugador”. El jugador que juega por nosotros y con nosotros, a la vez, este juego impresionante llamado vida.
Con todo lo que me ha enseñado, mi perspectiva del mundo y del universo ha cambiado completamente. Hay muchas cosas que aún no puedo comprender; es algo muy complejo, profundo, dual, además de programado, extraño e ingenioso. Al final, sólo soy capaz de entender y ver una muy pequeña parte de este sinfín increíble.
Quiero entender qué soy yo en una escala más grande, más profunda; es decir, la verdad. No me lo puedo explicar claramente. No sé cómo plasmarlo, cómo imaginarlo… mi mente no alcanza a llegar ahí.
Me doy cuenta de que nuestros cerebros son bastante limitados. Las limitaciones para percibir la realidad las creamos nosotros mismos, sin ser conscientes de ello. En gran parte, esto es obra de nuestro ego, que distorsiona la información recibida según le conviene, manipulando nuestra propia mente a su necesidad, si la persona no es consciente de sí misma.
La gran mayoría de la gente, quizás un 99,98% percibe la realidad de manera subjetiva, basadas en experiencias pasadas, creencias, prejuicios, y expectativas …, siempre desde el punto de vista del ego (o, en otras palabras, de las emociones). El ego hace que la gente se identifique con sus problemas y, por esa razón, nadie ve las cosas tal y como son.
Además, las culpas subconscientes que todos cargamos bloquean la mente consciente y distorsionan el enfoque de nuestra percepción. Esto en gran parte impide que usemos nuestra capacidad mental al máximo.
También, hay otro factor muy importante: los instintos bajos no dominados. Hablo del miedo, la avaricia, la traición, el odio, la envidia, la mentira, o la obsesión; pero también de esos hilos más sutiles que nos anclan al suelo: el desprecio, la impaciencia, la necesidad de aprobación, el victimismo y la vanidad de creer que ya lo sabemos todo. Cuando esos factores controlan al sujeto, es imposible contactar con el alma. Mientras nos posea uno solo de estos instintos, vivimos una vida completamente programada a través de los traumas. Nuestro subconsciente cargado con esos errores “eternos” es el capitán del barco, ¡y jamás nuestra alma! Ningún ser que sea incapaz de controlar sus instintos bajos, podrá ver más allá de su ego, de su propia realidad, o de sus propias necesidades.
Al elevar las vibraciones de la mente, las cosas cambian, bastante… Sólo entonces, empezamos a experimentar lo que llamamos libre albedrío. Es un concepto paradójico: lo tenemos y no lo tenemos al mismo tiempo. Se siente como aprender a jugar con el “Jugador”. Solamente así, podemos elegir los mejores caminos que nos propone el destino. Al educar nuestro subconsciente a través de las lecciones del karma, lo estamos reprogramando; eliminamos archivos dañinos y escogemos los mejores senderos que nos ofrece el destino. Pero no os confundáis: elevarse no significa tener una vida de cine. Es como las matemáticas: cuanto más avanzamos, más complejos son los problemas. Al subir de nivel, elegimos karmas más difíciles de solucionar que requieren una conciencia mayor.
Y analizando con lógica: ¡no existe el libre albedrío como nos lo han vendido! No es una capacidad de nuestra mente consciente para tomar decisiones en el momento. El subconsciente siempre es más rápido y responde a lo que tiene grabado. El consciente es capaz de reprogramarlo a través del aprendizaje para que pueda elegir caminos con una frecuencia más elevada. Nuestra libertad no es decidir qué hacer, sino entender por qué lo hicimos. Comprenderlo es reprogramar el software para la siguiente jugada. Por lo tanto, no elegimos el acto pero, sí eleligimos la evolución del programa. La libertad es la decisión de limpiar la lente con la que el subconsciente mira al mundo.
Decidí ponerle nombre a la voz que me acompaña y, aunque es parte de mí, la llamaré Ella. Su sabiduría es inmensa frente a la mía y llamarla “Yo”, sería elevarme a un nivel que no poseo.
Ella me envía señales y dice cosas que a primera vista no tienen gran sentido, o prácticamente ninguno. Y no es nada fácil de comprender. Si percibimos la realidad desde un punto de vista subjetivo, nunca podremos “ver” qué nos depara el futuro; nunca lo podremos “montar”, porque viene como un puzle, en piezas sueltas. Y algunas de estas piezas tardan meses o años para encajar para que las podamos entender.
Después de comprobar muchísimas veces, que Ella siempre tenía la razón, comencé a escucharla y hacerle caso. Aunque la mayoría de las veces yo no quería hacer lo que me insinuaba – porque parecía ir en mi contra – al final las cosas salían a mi favor, mucho mejor de lo que imaginaba. ¡Su plan siempre era ingenioso! Todo se desenlazaba justo como me había mostrado tiempo atrás, aunque siempre se guardaba alguna sorpresa que no me dejaba ver…
Y durante un día aburrido se me ocurrió hacerle una pregunta. ¿A ver qué pasaba? ¿Me respondería? Ya que siempre la escuchaba y nunca se me había ocurrido preguntarle nada. Justo por eso pensé que por una vez ¡le tocaba a Ella responder!
7.
La entrevista
Ayer lo hice. Le pregunté ¿quién soy yo, en realidad? Me siento dividida. Por un lado está Ella. Por otro, hay una parte que sólo observa; en ocasiones, he intentado preguntarle algo, pero nunca responde. Se parece más bien a una cámara de vigilancia: almacena cada fotograma que ve, no se olvida de nada, y la sensación que me transmite es: “¡Me importa un carajo todo lo que pasa alrededor! Mi meta no es involucrarme en vuestros asuntos.” Y la tercera, la que más sufre, la que siempre choca con la misma piedra, y se niega a aprender: la consciencia.
“¿Qué de todo esto, soy yo?”, pregunté. Ella me respondió que soy básicamente la parte consciente, pero también un cúmulo de todas las partes a la vez. Así que, pensé en aprovechar el momento para interrogarla mientras escribo, para no olvidar las respuestas. ¿A ver qué sale?
— Cuando me muera, ¿todo va a acabar? – pregunté, aunque no creía que me respondería.
— Para este personaje, sí. Todo morirá con ella… Aunque tú muy bien sabes que hay algo más. Eres una parte de mí que nunca va a morir. ...Pero ¡tú ya lo sientes, lo vives! ¡Todo depende de ti!
¡Funciona!...No esperaba que se explayara tanto; normalmente sus respuestas son cortas. Pero hoy la siento con ganas de conversar. “¿Cómo que Ella quería que yo apuntara esto?” Una pregunta inofensiva comienza a dar vueltas por mi mente…¡Sí! Fue Ella, otra vez… ¡Parece que a mí no se me ocurre nada interesante! ¿¿Seré tan inútil??
Y de hecho, ¿¿qué es realmente lo que hago yo, si Ella me hace cumplir sus ideas, pensando que son mías?? Si la idea es suya, lo que sigue promete: convertirá vuestras creencias en humo y el sentido de vivir. Espero también que podáis cambiar el enfoque que tenéis s, si os habéis dado cuenta de que es dañino para vosotros.
Retomé el hilo de nuestra charla:
— De todos modos, es un poco triste, ¿no? Ella (¿o yo?) va a morir y no sabrá cómo sigue todo después… – seguía pensando confundida. Me sentí pequeña, al imaginar que todo mi esfuerzo sería en vano.
— ¡Pero tú no! – me interrumpió Ella. — Tú siempre sabrás que ella existió. Yo grabo cada una de tus emociones, pensamientos y recuerdos… con eso evoluciono. Todo está guardado en mi memoria, en mi “corazón” … y vivo todo contigo. Lo vivimos juntas. ¡¿No lo ves?!
— ¡Pero yo no quiero terminar así! – le solté, como una niña cuyo ego le impide aceptar una realidad que no encaja en sus expectativas. Quería que la realidad cambiara según mi entender, según mi necesidad.
— Tú siempre estarás en mí. En mi futuro ADN, en todo lo que hago y en mi forma de pensar. ¡Ya somos uno!
— ¿Entonces, sólo tengo una vida? – preguntó la "niña", decepcionada y curiosa a la vez.
— Y sí, y no. Todo es ambivalente. Todo es verdad y mentira al mismo tiempo. Según cómo tú lo quieras ver… así será.
¡No me gusta nada cuando me responde de forma tan ambigua! Es confuso, contradictorio y perturbador para la mente. ¡Y siempre lo hace!... Pero ya sé que lo hace aposta… y no a la vez, porque la vida es así de dual, y muy complicada para ser explicada.
— ¿Qué pasa cuando nos morimos, entonces? – Me sentía tan confusa que ya no sabía si comprendía lo que entendía.
— Pasas a otro plano. Trabajas, siempre trabajas; creas y te preparas para tu próxima vida. El centro de todo es la evolución y el arte. Pero lo hacemos de diferente manera: sólo con la mente, para poder plasmarlo después y hacerlo real en los mundos físicos.
—¿Es aburrido, verdad? – Me froté las sienes, tratando de procesar la información. La idea no me parecía nada intrigante. Obviamente no me lo creía. ¡Era una locura! “¡¿Trabajas aun cuando te mueres?! Pero, ¿quién se cree esto? ¿A caso no morimos para descansar?” Mi lógica se rebelaba ante semejante follón de ideas que no tenían ni pies ni cabeza para mí en ese momento. “¡Qué especie de gobierno maldito había decidido esto! ¡¿Cotizando hasta en el más allá?!”
Tal vez, ningún sitio sea bueno del todo: ni aquí, ni allá. Simplemente es otra realidad donde ni siquiera podemos bailar, cantar, o mirarnos a los ojos… Pero eso del “Infierno” de Dante, no existe. ¿Quizás era tan sólo una forma metafórica de expresar sus experiencias en la Tierra?
Parece que todo es posible e imposible a la vez; es real y una gran mentira al mismo tiempo… ¿Pero qué mentira es más grande: cuando “vivimos” o cuando estamos “muertos”? ¿Quizás ambas? La verdad debe de estar en el medio, pero ¿cómo hallarla? Por lo que escucho, lo que hay “allí”, no va a ser emocionante. Seguro que nos limitamos a cargar las “baterías”, a analizar y planear las vidas que nos quedan. Nada más… ¿O quizás, haya algo más?
— Para ti, puede ser aburrido… – le escuché decir. — Conoces sólo este plano… Pero esto es parte del plan.
— ¿Qué plan? – Esto me sonó raro. “¿Será que somos sólo unas simples células en un cuerpo más grande? ¡¡Todo tan programado!! ¿¿Qué sentido tiene vivir entonces??”
— El plan que cumplimos todos… – soltó como si nada. — Simplemente, las cosas son así.
— ¿Y quién creó este plan? – un escalofrío me recorrió por dentro haciéndome preguntarle, aunque estaba segura de que no quería escuchar la respuesta.
— Nosotros. – dijo la sabia, despreocupada.
— ¿Quiénes somos, “nosotros”? – seguía sin entender nada, teniendo muy claro que yo no había sido.
— Todos los que participamos en este proyecto… No lo puedes entender, todavía… Para ti, son "personas“… Pero en realidad, ¡lo sois todo!... Tu mente no es capaz de verlo… aún.
— ¿Podré verlo, algún día?
— Quizás. Depende de ti…
8.
El mismo traje, los mismos errores
Con el tiempo me permitió a recordar y revivir muchos acontecimientos de diferentes vidas pasadas, todas aquí en la Tierra. Lo que me sorprendió fue que siempre estaban presentes las mismas personas, aunque con roles diferentes a los de ahora, y apariencias casi idénticas a las actuales. Siempre había pensado que, si realmente existe la reencarnación, tendríamos cuerpos y rostros diferentes cada vez. No estaba segura de ello, ni tampoco lo creía por completo, pero Ella se encargó de demostrarme que estaba equivocada. Parece que en cada vida usamos el mismo “traje”. (¿Será que no hay presupuesto para algo nuevo? ¿Nos hacen trabajar estando muertos y no son capaces de fabricarnos ropa nueva?... Amigos, ¡no os muráis! ¡Arriba las cosas pintan peor! Encima de tanto trabajar, venimos a este mundo desnudos… ¿Ni para un taparrabos nos da el sueldo de allá? ...¿O es para reconocernos más fácil y dejar de confiar en los mismos “hijos de fruta“ de siempre?)
Al revivir esos momentos tenebrosos, descubrí las secuelas que habían dejado en mi subconsciente, influenciando en mi forma de pensar, actuar, percibir la realidad y, en consecuencia de todo: vivir. Algunos de estos recuerdos los revivía durante un largo tiempo, hasta que logré perdonarme y dejarlos ir. Esto disipó mis dudas sobre la reencarnación y, con el tiempo, me sentí más ligera y aliviada, soltando cargas importantes. Eliminaba programas y archivos dañinos que distorsionaban mi realidad; basura mental que ya no necesitaba y sólo servía para hacerme daño, manteniéndome en un bucle eterno para alimentar parásitos del sistema.
Al principio, no quería creer en nada. Cuestionaba y analizaba cada imagen que Ella me hacía recordar. Sin embargo, terminó convirtiendo ese proceso en una manera de vivir, haciéndome entender que, recordando el pasado y observando el presente, puedo prever y “arreglar” mi futuro. De esta forma, sabía qué errores cometería la gente de mi círculo y con qué me iban a “sorprender”. No podía interferir en estos futuros acontecimientos; sólo tenía la opción de estar alerta y esperar su momento. Arreglar el futuro significaba que, cuando sucedieran estos eventos, yo no cometería el mismo error del pasado, mientras los demás sí, repetirían sus fallos conmigo.
Así, yo ganaba “puntos” y a mis “enemigos” se les restaban. Sus almas los “castigaban” por cometer los mismos errores, mientras yo acumulaba puntos por corregir mis fallos del pasado. Los “castigos” para ellos no eran inmediatos; se acumulaban con el tiempo hasta que, al alcanzar el limite, caían sobre ellos uno tras otro, en forma de lecciones duras. Yo tampoco recibí ningún premio inmediato, al menos nada de lo que más creía necesitar en aquel momento, mis “puntos” se acumulaban hasta ser suficientes para canjearlos por un destino completamente diferente.
Pero el primer regalo grande - el que menos esperaba y que resultó aterrador al principio - fue mi despertar. Gracias a él empece a ver las personas tal y como eran, despojadas de sus máscaras, a través de los ojos de Ella. Podía detectar sus bloqueos subconscientes y la falsedad que algunos de ellos ignoraban que existía en su interior, actuando como muros impidiendo que su subconsciente evolucionara.
Poco a poco, empecé a entender lo que Ella predicaba. Me hizo ver, vivir y comprender al mismo tiempo.
— ¿Siempre reencarnamos en la Tierra?
Mi curiosidad nacía de recordar sólo vidas vividas aquí. Por eso quería saber si no teníamos otras opciones o si era yo la que no podía desapegarse, por alguna razón, de este sitio tan hostil.
— No necesariamente. – respondió Ella.
Esta respuesta me tranquilizó: la Tierra no era nuestra única opción. ¿Pero por qué siempre volvía aquí? ¿Qué me atraía de este mundo tan corrupto y vicioso?
— ¿De quién depende?
— De nosotros mismos. De lo que queremos y podemos hacer, según la evolución en la cual nos encontramos.
9.
El peso de la elección
— ¿Entonces todos tenemos una única misión? ¿No tenemos infinitas oportunidades para vivir? – se me iluminó una bombilla.
Empecé a sospecharlo el año pasado, cuando evité algo que estaba a punto de suceder. Tenía que detenerlo o, más bien, esquivarlo; de lo contrario, varias personas y yo nos habríamos hundido en un abismo del cual no saldríamos hasta la muerte. Nuestras vibraciones descenderían drásticamente debido a las decisiones que, por inercia, estábamos a punto de tomar.
Tuve dos opciones. La primera era salvarme sólo yo, siguiendo el camino marcado en mi subconsciente, (ese que parecía inevitable). Por un corto tiempo estaría bien, pero esta prioridad egoísta habría hecho que mis vibraciones descendieran como nunca. Además, al no haber resuelto mis propios asuntos pendientes (que no sabía que tenía entonces), terminaría pagando los “platos rotos” los míos y los que ellos romperían con el tiempo. Era una solución temporal que sólo aplazaba el desastre y finalmente me empujaría al mismo destino oscuro que a todos: ir al infierno.
La otra opción era salvar a todos a costa de mi presente, así subiría de vibración. En aquel entonces no sabía qué significaba eso ni para qué me serviría. Veía sólo lo superficial: dos opciones pésimas que me llevarían al mismo lugar: el sufrimiento; con la primera llegaría más tarde y con la segunda empezaría en el mismo instante de tomar la decisión; por esto ninguna me gustaba. Mi única certeza era que no quería elegir el camino que haría daño a los demás, consciente de que yo no me podía escapar en ninguno de los casos. Elegí este camino por ellos, sin saber que, en realidad, lo hacía por mí. Apostando por el camino incierto que no estaba programado en mi destino Ella me mostró como construir un sendero nuevo, lo que con el tiempo se convirtió en mi oportunidad para instalar nuevos programas en mi subconsciente, gracias a las lecciones que estaba por aprender allí. Sólo entonces recuperaría mi energía, corregiría mis errores de vidas pasadas, y aprendería por fin a priorizarme, usando mi energía a mi favor en lugar de gastarla pagando karmas ajenos.
Los billetes ya estaban reservados en la zona VIP… cortesía de algunos de los que yo misma quise salvar. Sabía que ellos repetirían sus errores del pasado por esto me costó tanto decidirme. No es fácil tomar una decisión que otorgará una salida limpia a otros, mientras a ti te envía directo al fuego.
La vida no nos regala nada: hay que trabajar duro para merecerlo, y después activarlo. Si no, nada sucede.
Ignoraba que el averno me tenía preparadas lecciones vitales, y la más dura fue descubrir que no me quería, porque siempre priorizaba a los demás antes que a mí misma.
Sólo yo veía a qué nos enfrentábamos, y de mí dependía el final “feliz” de una historia que se repetía en bucle. Mi destino “escrito” era caer con ellos y pagar sus deudas, pero Ella me enseñó que podía reescribir ese pasado traumático. Era un camino extremadamente difícil, una opción que no figuraba en mi mapa y que desafiaba mi propio destino.
Pero en ese tiempo, ignoraba que estas personas no merecían tal sacrificio. Mi decisión de reemplazarnos en el infierno les ofrecía una oportunidad de escape, pero no conté con que su propia naturaleza los traicionaría. La forma en que actuaron contra mí sólo sirvió para que, al final, recibieran lo que en realidad les correspondía. Mientras tanto, tendrían tiempo suficiente para despedirse del resto de los “puntos” que aún conservaban.
Eran seres sin valores, sin alma... Pensaba que cometerían sus errores de forma más comedida, pero hasta que no tomé la decisión de ir en su lugar, no vi quiénes eran realmente.
Esta gente se volvió en mi contra, intentando destruirme psíquicamente y anularme como persona. Orquestaron un bullying contra mí, utilizando astutamente a terceros para ejercerlo, mientras las organizadoras estaban escondidas tras sus mascaras. Todo ocurrió por el simple hecho de intentar salvarlos de su propia caída, porque los culpables siempre detestan a quien se atreve a decir la verdad. Ellas tenían su propia verdad…la que les convenía.
Los mentirosos prefieren vivir en la mentira, engañando a los demás y refugiándose en su propio autoengaño. Pero ningún error que cometes contra el prójimo, o contra ti mismo, sale gratis, todo se paga a un precio doble. Así que finalmente pagamos todos, y la primera fui yo.
Me juzgaban, se burlaban de mí y me criticaban, proyectando en mí sus propias carencias. Hablaban a mis espaldas cosas que, en realidad, eran típicas de ellos, contándoselo a todo aquel que me conocía en ese círculo. Pero no sabían a quien tenían delante, ni la trampa que Ella había preparado. Ignoraban que esta sería su peor partida y que las consecuencias de sus actos las pagarían durante muchos años.
Yo tampoco lo sabía en ese momento, y me sorprendió el buen humor y la inmensa felicidad de Ella, cuando ocurrió el “espectáculo”, del que fui protagonista absoluta.
Mientras yo me sentía fatal por la fama notoria que había adquirido de repente, Ella se divertía como nunca. Me hacía sonreír y tener la cabeza en alto ante todo lo que ocurría, contagiándome con sus emociones que no podía ocultar, aunque por dentro me sentía fatal y sólo quería bajar del escenario.
En aquel momento no alcanzaba a comprender de qué se reía ni por qué rebosaba de tanta felicidad.
Poco después de tomar mi decisión, Ella me mostró lo que realmente estaba ocurriendo: ¡era un jaque mate! Aunque ellos aún no lo sabían y seguían celebrando su falsa victoria, estaban entrando muy poco a poco en el infierno por su propio pie. Así cada uno pagaría justo lo que le pertenece. Pero si yo estaba en piloto automático, dirigida por mi ego y mis traumas del pasado: yo sola iba a pagar todo el desastre que ocurría. Fue una jugada maestra de Ella, de mi sólo dependió elegir si usaría mis viejos programas o me atrevería a probar algo completamente nuevo. Al descifrar su plan perfecto, me quedé con la boca abierta: ¡¡era una genia!! Así que, no me quedó otra que entregarle su primera medalla de oro. ¡Se la merecía! ¡¡Chapeau!!
Con el tiempo descubrí que esas mismas personas me perseguían en casi todas mis vidas por aprovecharse de mi dharma. Ignoraba que poseía un “capital” acumulado durante vidas, algo que, por gente como ésta, nunca pude utilizar en mi beneficio durante mucho tiempo. Todos me manipulaban por diferentes razones para hacerme sentir culpable, sabiendo que, si yo aceptaba esa culpa, terminaría pagando su karma con mi propio dharma. Gracias a mi energía saldaban sus deudas mientras yo me quedaba en la miseria. Se dejaban llevar por un motivo subconsciente: un hambre instintiva de esta energía limpia que yo había acumulado.
Pero al final, terminé por comprender que, en realidad, nos perseguíamos mutuamente. Ellos a mí, para cargarme con más culpas (viendo que soy un buen cliente que siempre paga lo que le piden, sin mirar la cuenta). Y yo a ellos, para devolverles sus pecados y poder abandonar, por fin, el infierno en el que mi alma había vívido durante muchísimas vidas, pagando deudas ajenas. Su tiempo se había acabado. No solo cargaba con su karma, también pagaba las de mucha otra gente, y por eso tenia una vida escasa; pero ellos eran unos de los principales personajes de esta “serie” interminable.
En esta vida ya conseguí cortar los lazos kármicos con muchos, y con otros terminaré de romper ese “cordón umbilical” cuando llegue el tiempo exacto, para que, de una vez por todas, cada uno pague su propia cuenta. Sólo así podré utilizar toda la riqueza del dharma que he acumulado durante mi larga estancia en la Tierra.
10.
El laberinto de culpas prestadas
A partir de ahí, empezaron a aparecer más y más culpables. Eran sus propias almas las que los traían a mi encuentro, sin que ellos lo supieran, para recibir sus “castigos”. Parecían impacientes por volver a cometer sus errores de siempre, mientras yo sólo les esperaba. Pero aprendiendo de mi experiencia anterior, les devolvía sus pertenencias cuando llegaba el momento. No me gusta apoderarme de lo ajeno. Ya era hora de que asumieran su responsabilidad y pagaran sus cuentas solos. Ellos me esperaban para restaurar el orden en aquel caos e iniciar el equilibrio.
Tal y como Ella prometió (tras elegir para mí el camino que era, a su vez, el peor y el mejor), me llevó directo al infierno para averiguar qué estaba ocurriendo en el presente y por qué.
Al cruzar la puerta, el frío me paralizó. Quise retroceder y cambiar las cosas, pero era demasiado tarde: el programa se había iniciado y, hasta que no se completara, nadie sería capaz de detenerlo.
Aún así, mi curiosidad me impulsó a investigar. Quería ver qué sucedería si cambiaba el guion: si decía toda la verdad y ponía a la culpable contra la pared. Sin embargo, me di cuenta de que Ella me frenaba en cada intento o transformaba la situación al instante: no había forma de sabotearlo. Después de entenderlo todo, me sentí muy agradecida por no haberme permitido actuar: si yo hablaba antes de tiempo, sólo pagaría la iniciadora del bullying, y aún quedaban unas cuantas “cabezas por cortar” que todavía no se habían implicado lo suficiente.
Esto es jugar en equipo con el Jugador: no interferir en sus planes cuando no puedes ver el tablero completo. Aunque yo lo intenté, tratando de soplarle las fichas o moverlas cuando pensaba que no miraba, le doy mil gracias por no haberme dejado. Ella sabía que mi táctica de arreglar los problemas era un desastre que sólo traía más caos. A veces, somos nuestro peor enemigo intentado ser nuestro mejor aliado y esto nos pasa por hacerle caso al ego.
Al no poder detener este camino hacia mi autodestrucción y reconstrucción simultánea, dejé de intentarlo. Sabiendo que no había escapatoria, me quedé con lo único que podía hacer: averiguar por qué este era "el mejor" camino para mí, ya que para mis sentidos parecía todo lo contrario. Me tocaba descubrir qué es un infierno pagando culpas ajenas... y si sería capaz de revertir el proceso para cortar con esa vieja costumbre.
Bajamos en un ascensor. Como siempre, yo tenía prisa. Pensé que si terminaba antes el trabajo que me esperaba allí, saldría más rápido hacia ese futuro “brillante” que Ella me había prometido. ¡¡Qué ilusa!! El tiempo en el averno estaba predeterminado y, por mucho que quisiera correr no pude salir hasta que el programa se completó.
Y como me había mostrado lo qué vendría después, yo estaba impaciente por salir. Pero la muy lista había cambiado esta vez la táctica: me enseñó sólo lo bueno que vendría después del infierno – lo que mi ego deseaba ver – para que yo eligiera ese camino sin dudar. Antes, al mostrarme lo bueno y lo malo a la vez me bloqueaba durante meses pero está vez me sedujo con la meta. Pero con el tiempo, mientras seguía atrapada en el averno, me di cuenta por mí misma de la trampa: aquel camino posterior no era tan bonito como me lo pintó (tampoco era malo, simplemente yo quería algo más sencillo). No obstante, cuando lo descubrí, ya estaba dentro del proceso.
Pero para el infierno, Ella tenía otros planes… hacernos trabajar como un gran equipo. Y con el tiempo, comenzamos a comprendernos cada vez mejor…
Aparte del frío, allí “abajo”, estaba oscuro y el tiempo casi detenido, arrastrándose. Encontraba trabajos sólo de vez en cuando y por unas pocas horas, lo que me mantenía en una escasez y presión constante durante mi condena allí. ¡Uff, ese ambiente no me atraía para nada! Allí, en este sitio infernal, no tenían ni animador, ni diseñador, ¡ni nada de lo que “Dios manda”! Todo era antiguo, viejo, roto, perenne… No había “extras” ni alegría… sólo penumbra.
Así que me remangué y empecé a colorear las paredes; ¡dibujé flores por todas partes! Llené los días de música, baile y trabajo constante bajo su supervisión; era la única manera de soportar aquel dolor y la falta de medios que no me daban tregua. Fue allí, entre el frío y el tiempo detenido, donde recuperé lo que amaba de joven y comencé a disfrutarlo más que antes. ¡Qué más da que esté en el infierno! ¿¿Quién me lo va a impedir?? ¡Si yo soy Dios! Ja, ja,ja…
Ya que el sufrimiento era inevitable y no opcional, (como dicen muchos que no tienen ni idea repitiendo clichés), al menos, lo iba a hacer a mí manera: ¡con la música a tope y bailando encima de todo! ¡Faltaría más! Si el infierno es mío, ¡yo elijo la banda sonora!
El problema eran las luces… Ella quería que buscara a ciegas. Si antes ni con luz veía, ¡¿cómo iba a ver en la penumbra?! Pero la genia de nuevo tenía razón: en la oscuridad se ve mejor. Difícil, poco a poco, sólo con los sentidos… pero mejor.
11.
Desnudando las apariencias
Ella intervino mientras yo observaba este paisaje penoso:
— Y tantos ricos bajaron y bajarán aquí…Si se hubieran acordado, en vida, de cambiar algo de su interior, para que el de ahora les fuera más leve… Pero, como están acostumbrados solo a recibir sin dar, estarán en sus infiernos completamente vacíos, como ellos mismos, mientras otros gastan sus fortunas.
Me molestaba aquella atmósfera lúgubre porque siempre he sido amante de la luz, pero Ella exclamó indignada:
— ¡Nada de luz! ¡No estamos en una discoteca! ¡Tenemos muchísimo trabajo por hacer! Y será muy duro… Uno encuentra mejor cuando no ve. ¡Es hora de empezar!
“¿Qué trabajo nos espera?“– pensé. ¡Allí no parecía haber nada!
Y Ella comenzó… con los secretos que se escondían en mi vida actual, disfrazados por las vidas que he tenido.
Descubrí quienes eran todas estas personas y por qué me hicieron el bullying… Vi a cada uno de los que retenían mi energía a través de sus manipulaciones. Pude ver fragmentos de diferentes vidas donde se repetían los mismos personajes con roles distintos, pero con la misma intención: aprovecharse de mi energía a toda costa.
….Y, de repente, me sentí soberanamente imbécil… ¡ciega de remate! ¿¿Cómo no fui capaz de verlo antes?? ¿¡Por qué ni una sola vez se me ocurrió pensar primero en mí!? Pero ya que ahora tenía los ojos bien abiertos, era el momento de cortar el despojo de energía.
Cada persona que venía después de aquello, sabía quién era y qué podría esperar de ella. Sólo necesitaba que pasara el tiempo necesario para que Ella “soltara” la trampa nuevamente, y ellos caer… Entonces, era mi turno de actuar, de devolverles todos los “pecados” antiguos junto con el nuevo que acababan de cometer. Y luego Ella soltaba con ironía: “¿Ahora entiendes por qué te paraba cuando querías hacer ciertas cosas…?” Sí, lo comprendía y le estaba muy agradecida… ¡¿Pero por qué siempre me deja ver el conjunto sólo al final?!
Cuando envié los principales “culpables“ de mis penurias a su lugar, “la estratega” me reveló lo que se había guardado antes: que, de todos modos, los eventos que tanto temía, y que pensaba haber evitado entrando en el infierno por aquel "club de fans", iban a suceder igual. Pero al intervenir, había cambiado el modo en que llegarían; sucederían mucho más tarde, de una forma peculiar y de la mejor manera posible. Ocurrirían sólo aquellos que eran inevitables, ¡justo los que yo pretendía cambiar! Los que al principio me parecían los peores, con el tiempo se convertirían en los mejores. Sabia que, al salir victoriosa de este camino oscuro lograría transformar la forma, el tiempo y las vibraciones en que vendrían, ahorrándome ¡un dolor tremendo hasta el final de mi existencia aquí!, y no sólo a mí. Y para mis “queridos amigos”, empezaría una vida nueva: la que se ganaron violando leyes universales durante siglos.
Pronto entrarían en un averno bastante más largo que el mío; especialmente las tres “reinas de la mascarada”, esas vampiras energéticas que desviaban sus deudas kármicas, hacia mí y hacia otros.
Con esto, hice que los demás humanos que también pagaban karmas de ellas pudieran hacer lo mismo que yo: liberarse de cargas que no les pertenecen y mejorar considerablemente sus vidas. El infierno de ellas durará mientras paguen todo lo que deben. Allí tendrán que cambiar drásticamente o no saldrán jamás. ¡Qué lo disfruten!
Mi alma está, por fin, libre. Se siente feliz tras quitarse el peso que la desviaba de su misión. La recompensa que me aguarda es tres veces mayor que mi sacrificio, pero no va a ser nada fácil… Ahora, mirándolo sin la distorsión del ego, me parece demasiado grande para mí. Preferiría quedarme en la sombra; nunca busqué ser el centro de atención.
Ella continuó explicándome sobre nuestras misiones que la había preguntando antes:
— Si, tenemos un único propósito, pero también infinitas oportunidades de destino. El caso es que sólo uno de ellos es el correcto: el de tu misión. Todo es contradictorio y tiene dos sentidos, bueno y malo: en cada suceso bueno hay algo malo escondido y, a la inversa, en cada mala experiencia aprendes algo bueno. Todo es cierto e incierto, correcto e incorrecto al mismo tiempo. Es el equilibrio necesario para poder vivir y aprender, si no, el universo colapsará.
Incluso nosotras… existimos y no existimos. Tú eres “real” hasta donde lo crees, y yo no, pero existo; estoy en todas partes.. Las dos somos una y no lo somos; verdad y mentira a la vez. …Vivo gracias a ti, y tú gracias a mí. Soy tu jefe de incógnito, un jefe muy justo y, a su vez, soy tú. Soy quien castiga cada injusticia, incluso si la haces. También, cuando te portas mal contigo misma… cada acción injusta se castiga según su mérito. Lo defines tú. …También, a través de ti, puedo sentir. ¡Soy alguien! ¡Vivo!...
“Uff, ¡es tan confuso todo! … ¿Cómo existimos y no, a la vez? ¿Y si me veo, no significa que existo?”…
— ¿Y los que no sienten culpa? – alcancé a preguntar, pensando en un psicópata que no es capaz de sentirla. — ¿Por qué se castigan sus hechos si piensan que no hacen nada malo?
Ella soltó una risa gélida:
— Ellos creen que burlan la ley porque su ego les fabrica excusas, pero no se dan cuenta de que sus actos son su propia sentencia. El que vive robando habita un mundo de ladrones; el que vive engañando, se ahoga en su propia falsedad. Las leyes del universo son como la gravedad: no te preguntan si crees en ellas o si te sientes culpable antes de hacerte caer. Tarde o temprano la ley de causa y efecto llega - el karma - porque el universo es un sistema que siempre busca el punto cero: el equilibrio completo. … Por ejemplo, lo que te pasó a ti: al despertar y decidir que no eres su esclava, activaste el cobro de una deuda que no necesita su permiso para ser liquidada.
12.
Sincronizacion letal
Me dejó un rato en silencio y luego siguió contándome su vida, de la cual yo no sabía nada. En cambio, Ella de la mía… ¡lo sabía todo! ¡Qué cotilla! Además, sobre la suya me contaba lo mínimo. Así que aprovecharé cada instante que esté habladora para preguntarle lo que me viene a la mente; quiero entender mejor en qué realidad vivimos exactamente... ¿Y a ver hasta dónde pretende llevarme? “Ya, empiezo a sospechar que ni las preguntas son mías... ¿¿Entonces para qué vivo, yo??...”
Ella prosiguió, después de observar mi batalla interna:
— Olvídate de ti y piensa en todo. Es el ego… Allí hay muchísimas almas que quieren, pero ya no pueden renacer. Gastaron todas sus vidas debido a los múltiples e imperdonables errores que cometieron sus “avatares”.
Hizo una breve pausa antes de continuar:
— Los avatares son las formas humanas y conscientes en las que estas almas habitan, capaces de tomar decisiones influenciadas tanto por su ego como por su alma. Muchos nunca repararon el daño causado por sus errores. Ahora quedarán sin vidas si no despiertan de su letargo y arreglan todo su karma del pasado. Otros, en cambio, se van a ganar la vida eterna...
Se quedó pensativa por un instante con una sombra de duda:
— Aunque no sé, si a los vampiros energéticos les queda tiempo realmente. El reloj marca sus últimos años… Han forzado las leyes de la vida hasta romperlas, y el universo, que es pura consciencia en busca de equilibrio, ha iniciado el proceso de ajuste. Es, a la vez, un ajuste de cuentas y una respuesta sistémica. Además, ya ha empezado, poco a poco. ¿Sabes a qué me refiero, verdad?
Yo sólo asentí. Mientras, Ella seguía metiéndome sus pensamientos en la cabeza y me resultaba imposible escribir tan rápido y seguirla a la vez. El dedo me dolía por la presión del bolígrafo, pero no quería interrumpirla porque no sabía si querría seguir luego. Al releer todo después, me quedé asombrada de mi letra, que difícilmente entendía; me faltaban mitades de palabras o las mezclaba entre si: el principio de una palabra terminaba con el final de la siguiente. ¡Era un desastre! Cuando se emociona y empieza a hablar rápido, es imposible seguir su ritmo escribiendo.
Ella me esperó a terminar de escribir y siguió aclarándome la vida:
— …Creen que pueden hackear la eternidad como les conviene. Pero han activado su propia destrucción – aclaró con desprecio. — Quieren crear un humano eterno, a base de piezas, reemplazando lo que no entienden con chatarra artificial para encadenar la mente al sistema. Intentan estirar la vida más allá de sus límites naturales, pero su plan es mucho más oscuro: ¡pretenden “secuestrar” un alma en este plano, para esclavizar su mente y obligarla a servirles eternamente, para usar sus ideas y exprimirla hasta el final! Encerrarla en un infierno constante por culpa de sus egos, sus instintos bajos ¡y sus insaciables ganas de poseer! ¡Quieren el genio sin propósito y la mente sin corazón!
En ese instante, un escalofrío gélido pasó por todo mi cuerpo, erizando los vellos de mis brazos. Lo que Ella decía activó un archivo que mi mente había intentado sepultar. Me recordó una imagen que había cruzado mi camino tiempo atrás. En aquel entonces no le di importancia, pero la carita dulce de una de esas mentes prodigiosas se había quedado en un rincón de mi memoria, aunque algo borrosa. Mientras intentaba rescatar aquel recuerdo, Ella leyó mi mente y proyectó la imagen con una nitidez aterradora, confirmándome que, sí, hablaba de esa clase de instrumentos.
Lo paradójico es el abismo entre las dos realidades: lo que el mundo aplaudía como el mayor avance de nuestra era, Ella lo señalaba como la herramienta perfecta de los vampiros hacia la destrucción.
Sentí un peso en el pecho al darme cuenta de que no era un plan del futuro, sino un proceso que ya está en marcha.
— ... Sus almas han sido preparadas para convertir los planes maquiavélicos de los vampiros ancestrales en realidad – sentenció tristemente. — Los científicos que han vendido su alma a ellos son como "dedos“ que construyen lo que sus dueños ya no pueden ni imaginar. En lugar de usar su genio para salvar el mundo, lo utilizarán para salvarlos a ellos, porque saben que el tiempo se les agota. Y alguien que sabe que lo va a perder todo es capaz de cualquier cosa.
Estaba pensando que lo que para muchos es un sueño noble, para Ella es la trampa definitiva. “¡Qué ignorantes somos! Es increíble que nos traguemos cualquier mierda si está envuelta en papel brillante, como si fuera un bombón suizo de escaparate, sin pararnos a pensar ni un segundo lo que hay realmente dentro del envoltorio”.
De pronto, salté al escuchar su voz, más potente que nunca:
— ...Nosotros, tenemos otras labores, ¿sabes?... ¡Labores mucho más importantes que satisfacer el “diablo” de alguien! ¡Viciosos! ¡¡No entienden la vida, y pretenden jugar a ser dioses!! – Estaba muy enfadada, y su calor me invadía haciéndome sentir de un modo muy parecido al suyo. — ¡Esto que están haciendo, y lo que pretenden hacer, va en contra de la naturaleza! No equilibran nada. ¡Es imposible vivir así eternamente! Se acerca el momento del pago: el siguiente programa que se iniciará, ¡y nadie lo podrá parar hasta que llegue a su fin! ¡Ningún matemático, ni físico podrá hackearlo! No se detendrá hasta que arrase con lo que sobra, con todo aquello incapaz de evolucionar. Acabará con esos psicópatas que siempre nos han vendido sus sueños como si fueran nuestros, a base de mentiras, para tenernos alejados de nuestros propósitos mientras cumplimos sus metas. Esos “programas secretos” ya están en sus mentes esperando su activación. Son programas “infernales”, y no son un castigo externo, son códigos creados por sus propias almas para purgar a sus “avatares” antes de que el daño sea irreversible. Han arrebatado la eternidad de sus almas en vez de ganársela, para dárselas a sus egos y ahora la factura ha llegado al cobro, toda de golpe. En algunos ya ha empezado el proceso… Hay gente que ya ha activado sus programas, y es lo mejor que han hecho. ¡Nunca se encargaron de reparar sus errores ni de aprender de ellos, cegados por su propia codicia y ego!
Ella seguía vertiendo conceptos en mí que, en aquel momento, me sonaban a pura ficción. Sin embargo, con el tiempo comprobé que todos llevamos estos programas de limpieza en nuestra mente. Se activan por un cúmulo de factores: personas concretas, sucesos externos y decisiones de la propia alma. De hecho, parte de esos programas se activan en casi todos a través de nuestro círculo más cercano, como la familia, aunque hayan permanecido desactivados durante muchos años. Todo empieza con un clima astral propicio; una acción nuestra; la reacción de un espejo y el botón correcto pulsado por su alma. Por eso, lo mejor es estar preparados para cuando el programa se ponga en marcha. Así que, quien tenga ojos para ver, que vea.
Al activarse el programa, la realidad cambia y comienza una limpieza profunda donde se repiten patrones y errores nuestros del pasado. El dolor que experimentamos, durante el proceso, aunque nos rompa por dentro, es por la fricción de nuestra resistencia: el ego intenta desviar la culpa a otros pero el alma ya ha firmado el acta: quién se resiste se rompe. Quién aprende trasciende. Y para aprender tenemos que cambiar primero nuestra perspectiva para poder, ver y corregir dichos errores. Pero no todos aprenden; los que se resisten, bloqueados por el ego, siguen experimentando lo mismo hasta su muerte. Cada uno tiene su propio ritmo de aprendizaje.
Me explicó que nosotros no tenemos que atacar a los vampiros ancestrales con su misma arma de odio: esto sólo los alimentará. Tampoco ellos caerán solo por el despertar de unas pocas almas porque se alimentan con la energía de millones, y poseen un suministro acumulado durante milenios. Por eso, nuestro papel ante ellos es mucho más sutil y letal: la sincronización. Cuando logramos que nuestra mente y nuestro corazón hablen el mismo idioma, generamos una frecuencia de coherencia que su sistema no puede procesar. Es como introducir un código limpio en un software corrupto. Al sostener nosotros ese equilibrio, sus subconscientes ya saturados de siglos de deudas no tendrán más remedio que ejecutar sus propios protocolos de autodestrucción, sus programas de limpieza. Nuestra sola presencia en armonía hará que sus estructuras de manipulación milenaria dejen de funcionar.
Nada ocurre de prisa; cada evento llega a su tiempo y dura lo necesario para ser aprendido e integrado. …La energía opera como un búmeran: en los errores pequeños el retorno es rápido y el dolor no es considerable. Pero en los asuntos oscuros y repetitivos, recorre un camino de años en regresar, cobrando fuerza gravitatoria que la vuelve imparable. Es la mecánica del espejo devolviéndote la imagen real para darte cuenta de lo que estás haciendo bien y mal. ¡Siempre recibes lo que das! No lo que finges dar. Lo que sale de tu corazón, siempre vuelve a ti, en otro tiempo, de diferente manera y con doble fuerza. Los errores que haces contigo mismo son también reflejados en este espejo y son muy dolorosos para aprender. Así que, ¡cuestiónense!
— Tú ahora disfruta, y pon algo de color en todo esto… – me intentó animar, —porque estamos y no estamos… Por que, tienes sólo una vida por vivir, aunque, a su vez serán tantas, las que tú querrás ganarte. Porque todo es un juego y algo muy serio, al mismo tiempo. Un experimento sin fin, un aprendizaje eterno… Sólo hay victoria real cuando el equilibrio es mutuo; donde el bien común no nace del sacrificio de uno, sino del éxito de todos trabajando en equipo.
13.
Dios somos nosotros
Cada vez me ronda más la idea de que este mundo en el que vivimos es una mente enorme y solitaria. Debe de estar muy aburrida para haber creado el universo que conocemos sólo para divertirse y aprender. ¿Y si esa mente enorme tampoco sabe quién es y su anhelo de experimentarse y reconocerse es lo que la hace proyectarse en nosotros?
Si nosotros nos hacemos conscientes, seguro que esa Gran Consciencia también lo hará, porque todos estamos conectados. Entonces, el universo entero cobrará consciencia de sí mismo, ¡y lograremos lo que hoy parece imposible! Todo el sistema trabajando por un bien común, no como hasta ahora, que cada uno va a su bola. Lamentablemente, ya hemos llegado a un punto crítico con sólo dos salidas: la destrucción del planeta y la humanidad o el cambio necesario para que esto no suceda.
Todos nosotros hemos pasado por todas las experiencias básicas posibles hasta llegar a ser humanos. Y de ahí, a humanos conscientes, con mentes elevadas, listos para abandonar la Tierra. Esto sucederá sólo si conseguimos el equilibrio entre lo bueno y lo malo que está dentro de nosotros: el „demonio“ y el „ángel“, que no están en ningún otro lugar, sino en nosotros mismos. Es decir, el corazón y la mente deben vivir y pensar en coherencia. Cuando logremos este equilibrio, recuperaremos nuestra condición de dioses: las pequeñas piezas que forman este Dios que la religión se ha encargado de exteriorizar. Al terminar nuestro aprendizaje aquí, nos uniremos con esa consciencia elevada, para formar a ese Dios a quien muchos rezan, sin sospechar de que ellos mismos son parte de él. ¡No necesitamos rezos, señoras y señores, sino acciones! ¿De verdad creéis que para estar más cerca de Dios necesitamos iglesias? ¿Todavía pensáis que ese Dios tiene poder sobre vuestras vidas y las puede cambiar? ¡Nosotros somos el Dios que buscamos! Por eso, ¡todo depende de uno mismo! No necesitamos ni religiones ni iglesias, sino personas conscientes con valores. Hasta ahora, la Religión no ha conseguido nada positivo, sólo separar a la gente creyendo en deidades distintas. Pero la malicia no ha disminuido, sino que ha crecido. ¿Quiénes necesitan entonces la Iglesia? ¿Aquéllos que hacen negocios sucios escondiéndose detrás de ella? ¿Hay todavía alguien que no sepa de qué se ocupa el Vaticano?
Si la gente que nos gobierna fuera de personas con valores, esto no ocurriría. Por lo cual, depende de nosotros, poner fin a este caos y a esta injusticia mundial. ¡En la unión está la fuerza, y en la creencia en uno mismo! No en Dios... Este cambio, ¡tiene que ser ya!, porque no tenemos tiempo... El mundo se desmorona bajo nuestros pies y la culpa no es solo de los gobernantes, sino también nuestra. Una vez más, por culpa de unos pocos, perderemos todos. Hasta ahora, sólo hemos estado destruyendo y desequilibrando el sistema, y lo seguimos haciendo.
Me esperó de nuevo hasta terminar mi parte; luego, continuó con su odisea:
— Eran milenios de sufrimiento por los errores de los demás. – su voz sonó como un eco antiguo — ... Durante vidas me convertí en el amortiguador de sus sombras. Me castigaba a mí misma una y otra vez permitiendo que sus acciones me golpearan, con la esperanza de que al ver mi dolor, ellos despertaran. Pero la manipulación es también un juego de espejos: mi ego me convenció de que mi sacrificio era bondad, cuando en realidad sólo era combustible para su vampirismo. Me convertí en la víctima perfecta porque acepté culpas que no me correspondían... Es difícil dejarlo ir sin ver que pagarán sus deudas. ¡Aún me duele! Espero que lo entiendas… Por este motivo, tú me tienes que controlar, porque mi deseo de justicia puede ser devastador cuando recuerdo sus malas acciones. ...Aunque yo tenía gran parte de culpa por prestarme gratuitamente en nombre del bien.
— ¿Y cómo conseguimos cumplir nuestro propósito, si no lo conocemos? – le pregunté, desviándola del tema porque no quería escuchar lo que habíamos sufrido. Con el presente tenía suficiente, aunque cuando Ella decidía, me devolvía a diferentes bucles pasados, sin poder cerrarlos durante mucho tiempo.
— La misión es mía y tuya a la vez. Nosotros (las almas) les empujamos a cumplirla. Programamos eventos en los que sabemos cómo vais a reaccionar, según las lecciones no aprendidas y el estado de evolución de vuestras mentes. Con un 95% de certeza, como mínimo, sabemos qué decisión vais a tomar. ¡Nos conocemos! De esto se trata: del autoconcimiento. Son exámenes difíciles para ambas partes. Por tal motivo, intentamos ayudaros, pero depende de vosotros daros cuenta de las cosas y hacer algo para cambiar su curso. ¡Vuestro destino depende de vosotros! Podemos ayudar un poco, sólo si nos escucháis y hacéis caso. Es un trabajo en equipo. Todo sigue un orden - ¡no lo olvidéis nunca! - con patrones que se repiten. Algoritmos que creamos con nuestras mentes y corazones. Ninguna experiencia es casual, tampoco la manera en que os sentís; cada cosa tiene su sentido profundo y oculto. Por lo tanto, todas vuestras decisiones y acciones os llevan a vuestra misión. Pero no siempre se consigue... la mayoría de las veces, el “avatar” lo impide.
— ¿¿Cómo?? ¡Yo pensaba que todos cumplíamos nuestros destinos siempre!
— El ego descontrolado, el miedo, la avaricia, el querer controlarlo todo... incluso el destino, eso lo impide. - explicó — Esa gente piensa que está sola, encerrada en su egocéntrico punto de vista. Su ego les aleja de su alma y no pueden escucharla… Y después, se sienten solos convencidos de que el mundo entero conspira en su contra. Pero se equivocan, no es que el universo sea su enemigo, es que han roto la conexión con su propia guía, con su verdadera identidad. Siempre se equivocan porque escuchan a su ego en vez de escuchar a su alma. El „diablo”, como lo llaman en los libros sagrados, no es más que ese ego que vive dentro de ti y crea tu propio infierno. ¡Dejad de exteriorizar y de buscar las soluciones dónde no están! – su voz era enojada y profunda.
— ¡No grites! Te escucho sólo yo. (De todas formas, no lo escribiré con mayúsculas.)
Ella paró enseguida y tras un breve silencio prosiguió:
— Normalmente, nos pasa vida tras vida. Últimamente, muy pocos llegaban a cumplir sus propósitos para poder abandonar la Tierra, ¡esta cárcel para las almas! Los demás estamos atascados aquí por parásitos energéticos que nos manipulan constantemente de maneras muy astutas. Ellos no quieren que abandonemos la Tierra porque viven de nosotros. Por eso nos manipulan: para tenernos aquí siempre, en su mundo, viviendo para pagar sus cargas y alimentarlos con nuestra energía.
Me quedé mirando fijamente las palabras que acababa de anotar. La idea de ser una simple “batería” me revolvió el estómago. Habían conseguido una esclavitud tan perfecta que ni siquiera necesitaban cadenas físicas, les bastaba con nuestra ignorancia. Mientras intentaba asimilar la magnitud de ese parasitismo, Ella continuó profundizando en la estructura de este sistema:
— Los vampiros energéticos nunca han conseguido elevarse para abandonar éste planeta, y la Tierra se ha convertido en una cárcel, tanto para los manipuladores como para los manipulados. Existe una jerarquía en este parasitismo. Han creado una pirámide del hambre: desde los parásitos más jóvenes en el seno de cada familia, hasta los más viejos que forman la élite en el tope. Cada uno intenta manipular al que tiene debajo para vivir a su costa y librarse de cargas, y todos juntos se alimentan de nosotros. ¡Y piensan que se van a escapar de su castigo, como lo han hecho siempre!
...Pero, por fin, las cosas han cambiado y estoy segura de que los vampiros "jóvenes“ podrán despertar para limpiar su karma. En cambio, los otros, que llevan milenios gobernandonos y han hecho de la manipulación y sus instintos primarios su naturaleza ya no pueden cambiar, es demasiado tarde... Ha llegado el momento de que cada uno de nosotros tenga su merecido. Aunque piensan que ellos tienen el poder y nadie los puede vencer ignoran algo muy importante: son unas “bombas de relojería” y el mando de distancia lo tenemos nosotros... ¡De nosotros depende pulsar el botón!
Dejé de escribir por un momento. Mis dedos no podían seguir el ritmo de su descarga. Al soltar el bolígrafo la "contadora de cuentos" se calló también. “¡Menos mal!“, pensé agradecida. Llevaba escribiendo y escuchándola más de una hora sin parar. Ya me daba igual si seguía contándome su vida o no. Necesitaba masticar todo este relato de vampiros y mundos ocultos antes de seguir. Si consigo mantener la cordura después de sus relatos, ondearé la bandera del éxito.
— ¡Estoy harta de esos humanos, que no son humanos y solo fingen serlo! Pero tengo un comodín para los que siempre daban y no recibían; ahora vendrán sus recompensas, una tras otra. Y no, no será ni suerte ni casualidad, sino el “premio” a sus constantes esfuerzos durante muchísimas vidas.
Realmente, ¡la suerte no existe! Con “suerte” nos referimos a algo al azar, algo bueno que nos toca por casualidad. Sin embargo, en la vida nada pasa por azar, sino por causalidad. Es una consecuencia de nuestros actos durante muchas vidas, algo como recompensa.
— La mayoría de vosotros no os dais cuenta de lo que está pasando. O, a lo mejor, nadie… Es un tiempo muy importante. No lo queréis ver, estáis fijados en cosas “más importantes” todavía.., ¡en mentiras sin fin!
No hay manera de escapar, nuestras almas nos observan, siempre. ¿De quién intentan esconderse? ¿De sí mismos? En todo el universo sólo estamos nosotros, ¡no hay más dioses! No hay un juez externo: sólo estamos nosotros frente al espejo de nuestra propia creación. ¡Somos los únicos culpables de lo que ocurre! Y como el universo es inconsciente de su conciencia, y nosotros ignoramos lo primordial – que no existe acción sin reacción – la cuenta siempre llega… y llega con intereses. Sincronizar a cada persona y cada evento a la perfección exige mucho tiempo, pero como la mayoría hemos repetido siempre los mismos errores, el plazo se ha agotado. Ahora ha llegado el momento de cerrar el telón y ver las consecuencias.
Ahora toca la reacción a todas las acciones humanas: cada uno ajustará sus cuentas por separado. Durante milenios, algunos hemos sufrido vidas penosas por pagar pecados de gente sin escrúpulos. Y la culpa fue nuestra, en parte, por no poner limites y esperar siempre que la justicia caiga del cielo… rezando a un Dios que castiga a los malos y nos regala el bien a todos porque “somos buenos”.
¡Ja, ja, ja! ¿Entienden ahora qué paradoja es todo eso? ¿Ven por qué Dios nunca puso a los malos, en el lugar que se merecen? Porque Dios eres tú, y si no empiezas a actuar, no cambiarás nada. Pero hay que actuar con el corazón, porque ya hemos visto de qué son capaces los egos por la experiencia que tenemos con los que nos gobiernan primero, con los que nos rodean, y hasta con nosotros mismos.
Muchos ya están encaminados por el trágico camino de la perdición y tendrán un fin catastrófico.., ¡el merecido!
Y algo para reflexionar: siempre, que os quejáis de algo, en realidad os quejáis de vosotros mismos. ¡Nunca lo olvidéis! La queja nace en el interior, pero el ego la proyecta hacia fuera para no ver los propios errores y no sentirse culpable. Es hora de dejar de girar en ese círculo vicioso y empezar a hacer algo productivo: invertir la mirada. Sólo mirando hacia dentro podréis cumplir vuestro destino y ejercer vuestra propia justicia frente a los verdaderos culpables: esos que siempre han vivido disfrazados de “gente buena y bondadosa”.
— ¡Ja, ja, ja! ¡Bendecidos los creyentes! ¡Seguid rezando a Dios por justicia y creyendo en ídolos! Seguro que él os regalará lo que pedís ja, ja, ja, ja… – me interrumpió de nuevo.
Cuando escucha hablar de regalos se pone irónica, se enfada con nosotros, porque siempre esperamos que alguien nos dé algo, aunque este alguien sea el mismo Dios.
Por cierto, nunca me gustó esa palabra. Nunca he sido creyente, y sigo sin serlo: no creo en ídolos, creo en mí. Supongo que mi rechazo se debe a las distorsiones y mentiras por las que han pasado su nombre y significado. Pero ahora ha llegado la hora de admitirlo: Dios existe, ¡y ese Dios somos todos nosotros! Podemos escucharle cuando abrimos nuestros corazones hacia los demás. Sin empatía es imposible oír a nadie que no sea nuestro propio ego… o “el diablo”, como lo llama Ella. ¡No hay nada más grande en este universo que nosotros! Somos los creadores de nuestros sinos, los artistas que han creado todo este mundo, ¡tan perfecto en sus imperfecciones!
¿Hay aún egocéntricos que piensan que no se merecen su destino?.. Pues bien: cambiad de valores y de enfoque mental y el rumbo de vuestro sino empezará a virar. Pero no os equivoquéis: las adversidades no desaparecerán… ya hablábamos de eso antes… Aunque ahora estamos limitados en cuerpos humanos, todavía conservamos el poder de cambiar nuestros futuros, si primero nos cambiamos a nosotros mismos.
Me quedé en silencio después de escuchar aquel relato, intentando procesarlo. Sentí que iba a perder la cordura.
— ¡Me parece un guion interesante tu vida! Se puede hacer una buena película... – exclamé sin ocultar mi asombro.
Nada encaja con mis creencias. ¿Cómo se ha mantenido tantos siglos cuerda viendo vampiros por todos lados? Y lo peor es que yo también empiezo a verlos…¡Una locura, total! ¡Tan irreal!... Y mi vida, ¡otra locura!
14.
Ni santos ni iluminados: el gran saqueo de la soberanía del alma
Al leer la Biblia de joven, comprendí que su interpretación oficial carece en parte de sentido. Es un texto escrito de forma ambigua, permitiendo que cada uno lo entienda según su evolución mental o, peor aún, según los intereses de quien desea manipularnos. El enfoque principal se impuso a propósito para frenar nuestro avance, una estrategia que ha funcionado durante siglos, y que ha hecho que sus seguidores decaigan drásticamente hoy en día. Quisieron asustarnos con el castigo divino y mandamientos que ni quienes predican cumplen. Los mandamientos son, en esencia, leyes de equilibrio, pero la Iglesia los usa como cadenas para los demás mientras ellos rompen cada eslabón. Sus crímenes ya no son secretos; cada día salen más a la luz para que la gente empiece a pensar por sí misma y deje de confiar ciegamente en quienes solo buscan el dominio de las masas. Se puede ver claramente que nunca han tenido respeto ni temor de Dios, lo que demuestra que no son creyentes, sino miserables psicópatas.
Y el propósito del castigo no es el sufrimiento, sino aprender a hacer las cosas bien. Si seguimos culpando al prójimo por las cosas que nosotros hacemos mal y no nos hacemos cargo de nuestros errores, los seguiremos repitiendo, y la lección será cada vez más difícil y el golpe más duro.
La interpretación oficial de la Biblia nos induce a la pasividad: nos pide que no busquemos justicia y que “demos la otra mejilla”, mientras esperamos una intervención divina que nunca llegará. Nos intentan convencen de que la culpa de lo que ocurre es nuestra para que sigamos asumiendo deudas que no nos pertenecen. Pero escuchad bien: del cielo no os caerá nada más que la lluvia si no ponéis límites y no os ocupáis únicamente de la responsabilidad que os toca. No hay milagros. No existe la justicia divina. Ella no es automática; requiere de un testigo consciente. Si no veis el daño, la cuenta no se emite. Por eso, ¡despertar no es un lujo, es el único acto de justicia real que existe! El malvado sólo próspera en el vacío de vuestra ignorancia. Cuando veis la verdad detrás del velo del engaño con una mirada limpia, sois capaces de activar la justicia. Recordad: el odio os ata al culpable y os hace pagar a vosotros, pero la mirada limpia lo expone y corta la energía. Tampoco sirve de nada tener miedo a equivocarse; si no aprendemos la lección, repetiremos el error con o sin temor.
Mientras tanto los mercaderes de la fe promueven la “teología de la prosperidad,” sugiriendo que nuestras donaciones a la Iglesia nos aseguran una vida próspera, el perdón de Dios, y también una vida de lujo después de la muerte. Al mismo tiempo, afirman que Jesús, con su muerte, pagó por nuestros pecados planteando una contradicción peligrosa. Entonces si todo está saldado, ¿da igual lo que hagamos? ¿Siempre seremos perdonados? Esta lógica desafía cualquier ley universal de equilibrio y solo revela una avaricia incasable disfrazada de salvación. La Biblia advierte constantemente sobre los peligros de la codicia y la acumulación de riquezas, recordándonos que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.” A pesar de esto, muchos líderes acumulan propiedades y riquezas terrenales, mientras nos predican la humildad y el desprendimiento de lo material. ¿Cómo pueden reconciliarse estas acciones con las enseñanzas de Jesús sobre la simplicidad? No lo hacen, simplemente explotan el sistema: para su propio beneficio y nuestro perjuicio.
“Dar al César lo que es del César”:
Este pasaje se ha utilizado para justificar la obediencia ciega a las autoridades políticas. Pero el significado del contexto real sugiere algo mucho más profundo: Jesús no pedía rendición incondicional ante el poder, sino que marcaba una frontera. Decía que el César tiene poder sobre tu dinero, pero no sobre tu alma. A lo largo de los siglos, muchas personas han copiado y traducido este libro, y cada traducción ha sido moldeada según cómo los que gobiernan quieren que sea interpretada. Esto ha resultado en manipulaciones que buscan mantener el control sobre las masas y evitar que cuestionen el poder establecido. La contradicción radica en que, mientras los mensajes originales de los libros sagrados abogan por la justicia y la igualdad, las instituciones religiosas han tergiversado estas palabras en un escudo para regímenes corruptos y opresores. Han utilizado el nombre de lo divino para consolidar un poder puramente material, obligando al hombre a entregar su voluntad al “César” como si fuera un mandado del cielo, cuando en realidad, es el mayor robo de energía de la historia: quitándote la soberanía de tu alma. Durante siglos nos han tenido convencidos de que nuestra obediencia es una virtud cuando, en el fondo, es un mecanismo que les alimenta a ellos y a nosotros nos deja sin propósito, desconectados de nuestra propia esencia creadora para convertirnos en esclavos.
La Biblia, por ejemplo, enseña la importancia de la generosidad y el compartir con los demás: “Si tienes dos camisas, da una al prójimo”. Es un llamado a la caridad y la empatía que, al igual que ocurre en todas las religiones del mundo, se queda en papel mojado. Del mismo modo este libro sagrado nos enseña el amor al prójimo como a uno mismo, el principio fundamental de Jesús. No obstante, muchas veces vemos que las acciones de las instituciones religiosas están lejos de reflejar este principio. En lugar de promover la inclusión y el amor, a menudo fomentan la división y el odio hacia aquellos que son diferentes o no comparten sus creencias. Esta contradicción entre el mensaje de amor y las acciones de odio y exclusión es una de las más flagrantes y dañinas.
Sin embargo, muchos líderes religiosos imponen una privación a los demás que ellos no practican. En lugar de dar, acumulan propiedades, viviendo en el lujo mientras sus seguidores luchan por sobrevivir. Esta inconsistencia entre sus sermones y la realidad es descarada y destruye cualquier credibilidad de sus mensajes. Además, la promiscuidad y los escándalos sexuales dentro de algunas instituciones religiosas demuestran una notoria hipocresía: imponen una pureza y moralidad a los demás que ellos mismos desprecian en privado.
El engaño no conoce fronteras, estatus o colores de túnica. Da igual si es el Vaticano invirtiendo en armas mientras reza públicamente por la paz, o si proclaman una pureza que oculta décadas de abusos tras muros de oro. Incluso iconos de la caridad como la Madre Teresa de Calcuta, esconden sombras inquietantes: mientras recibía donaciones millonarias que acababan en las cuentas del Banco Vaticano, mantenía a los enfermos en condiciones lamentables, afirmando que “el sufrimiento de los pobres es un regalo de Dios”.
Tampoco se salvan los “iluminados” del Oriente como Osho, quien predicaba el desapego mientras coleccionaba casi un centenar de Rolls -Royce, o promovía orgias como parte de un camino espiritual, llegando incluso a orquestar el mayor ataque bioterrorista al contaminar con salmonela las ensaladas de varios locales para influir en las elecciones.
Pero estos son solo algunos ejemplos y da igual si visten de seda o harapos el patrón es el mismo y revela la suciedad de su arquitectura interna.
Lo mismo ocurre con figuras como el Dalai Lama, cuya resistencia contra China fue financiada por la CIA y que recientemente ha protagonizando escenas perturbadoras con niños frente a las cámaras. Lo alarmante es ver como su audiencia justifica lo injustificable y lo aplaude sólo porque viste una túnica de “santidad”. Por desgracia, el problema no es solo él, sino el sistema de orfanatos y escuelas tibetanas en exilio, donde han surgido denuncias de exalumnos sobre castigos físicos severos y abusos silenciados durante décadas para no “dañar la imagen” del líder. Ante estos hechos, la desconexión del alma es total. Estos ejemplos nos muestran que el “Cesar” no quiere sólo nuestro dinero, quiere que le entreguemos nuestro criterio y nuestra moral.
15.
El hackeo del Samsara: baterías de carne y cunas de oro
Ellos no quieren que pensemos, estudiemos o reclamemos nuestros derechos. Por eso nos mantienen manipulados con la religión, programas de cotilleo en la televisión y jornadas laborales interminables con sueldos insuficientes. Nos roban el tiempo para que no podamos reflexionar, atrapándonos en el ciclo de trabajar más y más para poder permitirnos el lujo de sobrevivir… pagando cuentas. Cada euro que pagamos es, en realidad, tiempo perdido de nuestras vidas, tiempo que nunca podremos recuperar. Nos distraen con el espectáculo del deporte y el engaño de las apuestas, dándonos una salida mágica a la asfixia económica que ellos mismos han creado. Es una trampa mental: mientras nuestra atención se agota esperando un número premiado o defendiendo unos colores, nos quedamos sin fuerzas para cuestionar la realidad. Prefieren que pongamos nuestra fe en el azar antes que en nuestra capacidad de despertar.
Es un negocio perfecto: nos venden la ilusión de escapar de la cárcel, mientras nosotros mismos pagamos el mantenimiento de los barrotes con el dinero de cada boleto. Saturan el mercado con marketing para fomentar el consumismo y limitar nuestra visión a necesidades superficiales. Hay muchas formas de manipulación que usan a diario y la más común y difícil de desenredar es esconder la verdad en un océano de mentiras, lanzando mil noticias contradictorias al día. Así muchos se rinden intentando descifrar qué es real y se “desconectan”, dejando que la élite tome las decisiones por nosotros. Muchos prefieren el entretenimiento fácil antes que el esfuerzo de investigar.
Otra estrategia consiste en generar una crisis (un colapso económico, una guerra o una pandemia) para fomentar el miedo y presentarse como “salvadores”, con la solución que ya tenían planeada de antemano. También utilizan ideologías, el deporte, la religión, la política etc., para crear bandos: “izquierda contra derecha”, “creyentes contra ateos”, “hombres contra mujeres”, “nación contra nación”... Nos distraen para que no miremos hacia arriba y prefiramos pelear con el de al lado; así ninguno mira al amo que sostiene el látigo, mientras nos sacamos los ojos entre nosotros. Les conviene un sistema educativo en declive, especialmente en los colegios públicos, porque les interesa formar personas sin sentido crítico. Así, perpetúan una sociedad de esclavos modernos, atrapados en un ciclo interminable de trabajo, consumo y pago.
Estoy segura de que no saben que los que nos gobiernan siempre renacen en la cima. No es casualidad que sean las mismas castas controlándonos vida tras vida. Poseen secretos oscuros que nosotros ignoramos, y uno de ellos es la dinámica de transferencia energética. Aunque operan impulsados por un puro instinto depredador, lo ejecutan con una lucidez fría y aterradora, plenamente consciente. Saben perfectamente cómo funciona el sistema y lo utilizan a su favor con una arrogancia total.
Han aprendido a desviar su propio peso kármico, volcando sus pecados sobre nosotros. Mientras aceptamos la culpa y el castigo como “voluntad divina”, ellos se limpian de forma artificial, usando nuestra energía como escudo. Sus egos atrofiados son incapaces de desapegarse de lo material; para su naturaleza, poseer no es un error, sino una necesidad vital. Ese apego es muy fuerte y constantemente genera nuevos karmas que se niegan a solucionar, prefiriendo hackear el ciclo de reencarnación para garantizarse nacer siempre en cunas de oro.
No obstante, su posición en la cima no depende solo de este truco, sino de su depósito energético acumulado. Al alimentarse del dolor, el miedo y la sumisión de millones de almas, poseen un suministro de energía tan vasto que no se agota fácilmente. Esa sensación de ser una “batería” cobra todo su sentido técnico: ellos han construido una red colosal con la energía robada, lo que les permite mantener su estructura de poder incluso cuando el mundo intenta despertar. Poseen tanto “saldo” energético que se sienten invencibles. Sin embargo, este comportamiento les crea un vacío interno porque sus egos comprimen sus almas hasta anularlas, impidiéndoles tomar decisiones a través de ellas.
Así, aunque en cada vida nacen con una nueva oportunidad para vivir desde el corazón, sus mentes están tan bloqueadas por el subconsciente que, al crecer, regresan de inmediato a la búsqueda de víctimas para alimentar sus instintos bajos. Pero no se preocupen, esta “batería” tiene un límite y el mando para desconectarla siempre ha estado en nuestras manos. ¡Su tiempo se acabó!
La escuché mientras sentenciaba con fuerza:
— Por esta razón, ¡Dios no puede parar las guerras, las injusticias ni acabar con el hambre! ¡JAMÁS! Porque de todo esto son responsables las personas. Por eso inventaron a un Dios falso, hecho a su imagen y semejanza, para limpiar sus mezquinas conciencias y doblegar las voluntades dormidas buscando siempre su propio provecho.
¿Qué lógica tiene cometer errores graves y después pedir perdón a Dios? ¿Lo habéis reflexionado alguna vez? Si vuestros actos son fruto de malas decisiones nacidas de un egoísmo hambriento, el único que tiene poder sobre el futuro reside en vosotros. Entonces ¿por qué buscáis el perdón fuera? ¿Siempre esperando que alguien externo os saque de la miseria en la que os habéis metido solos? ¡El perdón os lo debéis a vosotros mismos! Solo si os perdonáis cambiaréis las cosas, aprenderéis de los errores y no los repetiréis. ¿Qué tiene que ver Dios aquí? Pero es más difícil perdonarse a uno mismo que perdonar al prójimo, ¿verdad?
Aquel que no tiene miedo, dice la verdad y no manipula. Y los de la élite, ¿sobre qué han dicho la verdad?...¡Nadie se va de aquí sin pagar por sus errores! ¡El infierno, primero está aquí!, no os preocupéis. Si ahora no conseguís pagar los errores del presente, se convertirán en karma para las siguientes vidas, y las lecciones serán más perturbadoras cuando un día decidáis pagarlos. Y así cada vida cuesta más porque se hacen más pesadas.
— ¡Yo haré el final! – declaró Ella entusiasmada. — Ha llegado el momento de rezar a vuestro inventado Dios y vuestra manipulada religión. ¡Falsos! ¡Que ahora os salven todos estos falsos profetas! ¡Ja, ja, ja, ja…! ¡Mucha suerte señoras y señores! ¡Apretaos los cinturones y disfrutad del viaje! – se rio de nuevo, muy contenta.
Se divierte con todo esto… Es muy curioso y extraño observarlo… y ni hablar de vivirlo. ¡Ciencia ficción todos los días!
16.
El cuarto pasajero
Salí a dar un paseo para despejarme y, cuando volvía ya la sentía impaciente por continuar. Al sentarme de nuevo Ella susurró algo que me dejó en blanco:
— La vida es algo parecido a un sueño que tenemos y, al mismo tiempo, lo único que más se acerca a “estar vivo”.
Esta frase me hizo dudar de todo. ¿Qué es exactamente “estar vivo”? Todos pensamos que lo estamos, que lo sentimos… pero, ¿si somos impulsos eléctricos en un simulador de experiencias?
¿Qué es realmente la realidad? ¿La realidad, de quién? ¿La mía, o la de Ella? ¿O la de una hormiga que vive en el mismo plano que yo? Parece que las dos vivimos en dos realidades distintas, a la vez, y compartimos otra al mismo tiempo, así que cada ser crea y vive su propia realidad. Universos paralelos que se comunican, entrelazan, se colisionan y fusionan entre sí constantemente… Ella siempre intenta llevarme a su terreno porque es capaz de ver todo desde otra perspectiva mucho más amplia. Tiene otros planes que son, a la vez, ajenos y profundamente míos.
Y aquí, surge una duda inquietante: ¿estamos manipulados o guiados por nuestro subconsciente?
Supongo que guiados, aunque se parece mucho a una manipulación porque no nos damos cuenta de que el subconsciente decide más de un 95% de nuestras vidas. Pienso que estamos guiados, porque muchos de nosotros no llegan a cumplir su propósito: según Ella es porque no escuchan a su alma… Si estuviéramos manipulados por nuestras almas, todos llegaríamos al camino de nuestras misiones, nadie se equivocaría. Pero no es así.
…Y acabo de darme cuenta de algo crucial: ¡el alma y el subconsciente no son lo mismo! ¿Es posible que haya alguien más ahí dentro? ¡Esto empieza a parecer un piso compartido! Demasiados inquilinos para una mente tan pequeña y encerrada, ¿no? ¿Y a quién le pagan el alquiler? Porque yo no cobro ni un céntimo soportando a tanta peña. Tendré que ponerles turnos para usar el baño de mi consciencia…
¿¡¡Ya un cuarto!!? Consciente, subconsciente, observador, ¿y el alma? (¡¿Cómo algo aparte del subconsciente!?) No lo sé… Pero empiezo a sospechar que el alma es algo independiente del subconsciente, y está dentro y fuera de cada una de mis células. Es extraño…
He notado que el subconsciente juega un papel dictatorial en nuestras vidas. Ya entendí que es algo aparte del alma, y funciona a base de un algoritmo distinto: te obliga a repetir los mismos programas que nosotros mismos hemos instalado durante toda nuestra experiencia. Al subconsciente no le importa si son buenos o malos, repite aquello que produjo un impacto fuerte sobre la mente: lecciones no aprendidas, o hechos “imposibles” de perdonar. A diferencia de él, el alma elige qué es lo que necesita (siempre que la dejes elegir). Si no lo haces, el mando lo toma el inconsciente y siempre repites el mismo ciclo.
Para el subconsciente, lo importante es el impacto de las emociones que provocan estos hechos. En cambio, el alma intenta que las vivas de otra forma para poder comprenderlos y dejarlas ir, para borrar los archivos dañinos e innecesarios y no tener la necesidad de repetirlos nuevamente.
El subconsciente está adicto a repetir fuertes sensaciones que ya están programadas por la mente, aunque no seamos consciente de ello. Y todo esto, ¿¿sólo para sentirse vivo?? …. Tal vez esa Gran Mente que ha creado todo no tiene su propio cuerpo, y fragmentarse en tantos personajes diferentes no es sólo para aprender y conocerse a sí misma, sino para poder sentir a través de nosotros, creando esa base de impacto emocional constante para alimentarse de nuestras sensaciones y energía, y asi confirmar su propia existencia. Nunca hay una sola razón; siempre son varias, entrelazadas entre sí, y es muy difícil desenredarlas. Pero es posible, si entiendes cómo funciona el programa…
He descubierto que las decisiones del alma son más lentas, casi pesadas. Requieren que os detengáis, que deis tiempo al subconsciente para que procese la nueva propuesta que llega desde lo desconocido. Es como si el sistema necesitara un momento de pausa para aceptar un código que no reconoce. Y entonces ocurre: decidís algo que hasta a vosotros mismos os deja asombrados. Os sorprende porque esa decisión no encaja en ninguno de vuestros patrones antiguos. Es el momento en el que el conductor despierta y gira el volante hacia un camino que el “piloto automático“ no tenía registrado.
Pero debéis tener cuidado: el subconsciente es astuto y utiliza la postergación como una trampa. No hablo de ese silencio necesario para escuchar al alma, hablo de las cosas que dejáis para “mañana”. Ese mañana que nunca llega porque cada día que despertáis es, inevitablemente, siempre hoy. Lo hacéis por miedo o por pereza, buscándoos excusas inconcluyentes porque así ejecutáis otro programa de supervivencia para no gastar energía. La procrastinación es una huida; el tiempo del alma es una espera activa. Mientras que postergar os llena de culpa, este silencio os llena de claridad.
Ella ve las cosas de diferente manera porque su consciencia es inmensa, su memoria, y su sabiduría han sido destiladas de muchísimos “avatares”. Yo, en cambio, veía mi vida como una persona mundana, programada e inconsciente… Aunque ambas partes se afectan mutuamente, solo la superior es consciente de este vínculo. Su misión es lograr que lo inconsciente se vuelva consciente para ganar el juego.
Es muy interesante… Visto desde su perspectiva la vida es como una partida donde Ella intenta que su avatar despierte y confíe en su guía, porque sabe mejor que nadie cómo ganar en este escenario que ha creado. El único obstáculo es el propio avatar, que se ha creído tan superpoderoso y autosuficiente que no se da cuenta de que otro mueve los hilos e intenta ayudarle. La solución es soltar el control y confiar en la mano que sostiene el mando. Y este “otro” que busca salvaros de vuestros propios errores, en realidad, sois vosotros mismos, pero desde un plano superior.
17.
¿Quién desinstaló mi antivirus?
¡Qué hipócritas son algunos! Los actores de este circo absurdo fingen una caridad que no sienten para ocultar una mezquindad que les sobra. Lanzan millones a los necesitados para que el mundo los aplauda, mientras sus directivos brindan en hoteles de lujo y campos de golf con seguridad privada, todo financiado con el dinero del donante ingenuo.
Pero la trampa es sistemática y letal: diseñan contratos con cláusulas blindadas para que cada euro “donado” por ellos deba invertirse en sus propias empresas. Es el negocio perfecto: se cuelgan medallas de filántropos, desgravan impuestos y el dinero vuelve a sus bolsillos convertido en contratos de servicios. No es ayuda, es un reciclaje de capital que utiliza el hambre, la guerra o los desastres naturales, ya sea en África, en Ucrania, en Haití o en cualquier parte del mundo, como una simple excusa contable para su propio provecho. Quieren comprar su entrada al cielo con un descuento fiscal, sin pagar lo que realmente deben a la humanidad. ¡Es patético!
— Ja, ja, ja... ¡Tantos políticos, personas con “prestigio“, matemáticos y científicos en el grupito! – interrumpió mis pensamientos “la graciosilla“, metiéndose sin permiso. — ¡Y ninguno sabe echar cuentas! Los pecados no se pagan con dinero, ¡se pagan con pedazos del alma! Quien perjudica a los demás, se está perjudicando a si mismo… – concluyó mientras se reía.
Se divierte con esto. Su protagonismo florece después de tantos años de ignorancia por mi parte. Y ahora, la siento en su salsa. Consiguió lo que se había propuesto tras persistir más de dos décadas. ¡Sí que tuvo paciencia conmigo!
— ¡¿Por qué siempre te metes en medio?! – la regañé — ¡Yo hago las preguntas y tú respondes! Ya, se me olvidó qué quería decir…
¡Qué más da! De todas formas, ¿qué tan importante puede ser lo que yo tenga que decir?
— ¡Escribe! No te despistes, hay cosas que necesito decir. – la escuché entre mis pensamientos.
Y continuó:
— Ya lo verán, el destino sigue su curso. Estos programas no se pueden hackear… ¡Reinvéntense! Es su último viaje…. ¡Imbéciles! Se lo hicieron todo ustedes solos, se lo merecieron y pagarán con creces: ¡no renacerán nunca más! A todos los que son como ellos les espera el mismo fin, pero por distintos caminos.
Es muy difícil que el alma logre que el avatar sea consciente. ¡El mundo está en pleno y eterno letargo mortal!
Después de unos días, en una conversación Ella sola volvió a mi concepto de que todo parece a una película:
— Puedes verlo de este modo también… Todo depende de cómo lo sientes. Nada es lo que parece. ¡Todo depende de ti!
¡Me quedé congelada!:
— ¿¿Entonces no hay nada?? ¿Todo es sólo mental? ¿¡¡Nada existe!!? ¿¿Somos sólo información y nada más?? – el horror invadió mi mente.
¿Significa esto que yo nunca he vivido? ¿Qué es este teatro, ahora? ¿Quién me ha desinstalado el antivirus sin pedirme permiso? ¿O es que me he salido de la Matrix y me he quedado en tierra de nadie, sin mapa y en pijama?... Y ya no hay vuelta atrás, es imposible... ¡y casi que prefiero este lío a volver a la mentira de antes!
Ella siguió riéndose:
— Sííí, ¡existe! ...¡¡En tu mente!! Y esto es un universo. ¿No lo entiendes?
—¿Pero me quieres decir que yo no existo de verdad? – pregunté exhausta.
Ella continuó riendo:
— ¡Pero te puedes tocar! ¡Te ves! ¿¿Qué más quieres??
Mi mente se estaba saturando… Ya ni sabía cómo definirme:
— ¿Quieres decir que no es real? ¿Qué todo es sólo un programa, una ilusión?
Estaba bastante preocupada con este descubrimiento. …No lo quería aceptar, aunque sé que ni siquiera la materia existe y que, en el mundo en el que vivimos nada es "real“, si tenemos en cuenta que los átomos están vacíos en un 99.999999999%. Pero... ¿podía creerle? ¿Era el ego otra vez, que no me dejaba ver la realidad, o simplemente mi lógica humana era, como siempre, más fuerte?
— Es como tú quieras que sea. – respondió Ella con esa calma que me ponía enferma. — Es algo mucho más complejo que un programa… No eres capaz de entenderlo. Ni siquiera nosotros sabemos la verdad absoluta. Siempre hay algo más... ¡Ahora, disfruta de tu siguiente vida!
Lo que más me molestaba era que lo decía con una tranquilidad insultante y esa risa sospechosa. ”¿¿Qué clase de experimento se está haciendo conmigo??“
No sabía cómo ordenar el "potaje“ en mi cabeza… Tenía el cerebro hecho un puré de conceptos. ¿Cómo entenderlo? ¿Qué pensar?...¿Somos nada?... ¿Sólo una proyección?
Y una vez más, descubrí que soy nada y todo a la vez… Pero, ¿qué imagen le doy a todo esto? ¿Soy solamente un "avatar“ de los juegos que camina solo porque alguien ha pulsado una tecla? Ella dijo que podemos tomar decisiones a través del ego o del alma, pero con todo lo que sigo descubriendo lo dudo muchísimo. Me suena a que el mando lo tiene otro y a mí sólo me dejan creer que yo elijo el color de la camiseta que me voy a poner. ¿O quizás soy una simple neurona en la mente de alguien más grande que yo, teniendo una crisis de identidad?.... ¿Una unidad de información capaz de pensar y sentir? ¿¿De verdad, con un programa se puede conseguir que me duela el alma de esta manera?? Lo dudo...
Mundos mentales… Universos mentales hechos de distintas consciencias. ¿Quién sabe la verdad a ciencia cierta? O, tal vez, muchos la sabemos, pero nos da tanto miedo el “error del sistema“ que preferimos seguir fingiendo que este teatro tiene sentido.
18.
Cuentas pendientes: el amor como transacción de energía
Al observar el comportamiento humano y el mundo que me rodea, he comprendido que los tipos de amor descritos por la psicología tradicional, no son categorías definitivas, sino diferentes combinaciones de pilares que a menudo resultan insuficientes. La teoría de Sternberg, por ejemplo los clasifica en cuatro variantes principales:
1.El amor romántico (pasión e intimidad).
2.El amor compañero (intimidad y compromiso).
3.El amor fatuo (compromiso y pasión).
4.El amor perfecto, (la unión de los tres elementos).
Sternberg define este último como el ideal que casi todos aspiran. Sin embargo, no estoy totalmente de acuerdo con que esta unión sea simplemente “perfecta“. Al contrario: es la más difícil de experimentar y su fuerza no depende sólo de sumar estos componentes. En realidad, a estas combinaciones les falta el pilar fundamental que sostiene la estructura a largo plazo. Por eso, se destruyen con el tiempo, a menos que el apego que se experimenta sea tan fuerte o el miedo a la soledad tan grande que obligue a las personas a permanecer juntas en una estructura vacía.
En realidad, lo que Sternberg define es el umbral de lo que yo llamo amor consciente: el único capaz de detonar los instintos más bajos y profundos – como el odio, los celos, la posesividad, el miedo al abandono, la manipulación, la inseguridad y la envidia - y enfrentar a uno a lo mejor y lo peor de sí mismo. No es que sea un amor perfecto en el sentido idílico, es, más bien, un espejo brutal. Incluso personas que nunca se creyeron capaces de sentir celos, obsesión u odio, descubren que el comportamiento del otro les activa sombras que ni sabían que tenían. No existen los amores perfectos, porque cada relación es un campo de batalla hacia la evolución constante. Pero sí, es un amor pleno cargado de mucha complicidad y pasión, aunque esté lejos de la perfección. A menos que dicha perfección de la que habla Sternberg se refiera sólo al nivel de energías, ya que, en estos vínculos, los cónyuges pueden ser muy diferentes en su nivel de consciencia pero funcionan como opuestos que constantemente se atraen y repelen como imanes. No es que vibran en el mismo nivel de evolución, sino que sus mentes emiten en la misma frecuencia de energía respecto a la memoria traumática pendiente. Están en una sintonía específica donde los programas de ambos encajan con precisión matemática.
Estas cuatro variantes del amor descritas por la psicología son matices y fases de los dos únicos estados fundamentales que he identificado al investigar más a fondo: el amor consciente y el amor inconsciente. Es vital comprender que el amor inconsciente no es evolución; es el punto de partida obligatorio en este sistema. Es una raíz alimentada por programas de necesidad, karmas pendientes y supervivencia. La evolución no reside en el sentimiento mismo, sino en el proceso de despertar que nos permite identificar estas raíces y transformar un vínculo automático en uno consciente.
En el amor inconsciente, no se decide el enamoramiento, pues por ser causado siempre por el subconsciente resulta inevitable; sólo se puede elegir cómo enfrentarlo, y es justo ahí donde entra la consciencia. El sentimiento simplemente surge y, al dejarse llevar por ese impulso, uno termina involucrado en una relación creada por necesidad. Visto desde la superficie es un anhelo de amar y ser amado. Pero si se mira en profundidad, es realmente una necesidad de “pagar las culpas“ (el karma) de una vida pasada.
Visto desde este prisma, el amor inconsciente no es amor, sino apego. El apego es más fuerte que el amor y sirve como “pegamento” para intentar a corregir los errores que hemos cometido alguna vez. Por eso muchas de estas relaciones son tóxicas y difíciles de abandonar. Estos programas, o “amores programados“ (como les llamo yo), residen en la mente de todos, esperando su activación. Esta se dispara al reencontrarse con aquellos con quienes se tiene una “cuenta pendiente”.
Ambos tienen la llave para activar el programa en el otro para que este enamoramiento sea mutuo y pueden reparar el daño causado en una vida pasada. Pero existe una excepción: si el que se entregó sin medida y fue dañado anteriormente ya ha integrado la lección en la vida anterior, despertará ese enamoramiento en el “deudor” (a veces de forma obsesiva), pero el programa en el que fue dañado no se activará por el otro. En estos casos, el sentimiento no es compartido: cuanto más deseo y obsesión siente el “deudor”, más deuda tiene con el perjudicado y más energía se entrega para “saldar su cuenta”.
Pero si la lección sigue pendiente para ambos, caen juntos en la red: se enamoran y quedan atrapados en una relación de pago de la que no pueden escapar hasta que la deuda de energía queda a cero o uno de los dos “rompe” el contrato al no alcanzarse el equilibrio, porque los errores no se corrigen si no se multiplican.
Lo ideal es que la pareja se separe porque ambos han madurado lo suficiente y han corregido su karma del pasado. Así entienden que se enseñaron todo lo necesario y nadie debe nada al otro. En ese punto el interés se apaga de forma natural y los dos se van en paz.
Si el equilibrio no se logra por un exceso de “robo” de energía por una de las partes, el vínculo se romperá cuando uno de los dos evolucione por agotamiento emocional o por el hastío del controlador. El que evoluciona de los dos es aquel que ha experimentado el mayor perjuicio en la dinámica actual, utilizando ese dolor como motor para su despertar. En estos casos hablamos de la dinámica entre un vampiro emocional con una persona empática. Aquí el “deudor” no busca pagar su karma, sino un suministro de energía para llenar su vacío y sentirse pleno. Por eso intenta moldear a su pareja a su gusto, sepultando su identidad para transformarla en una marioneta, que responde sólo a los deseos del captor. Este intento de anular el ser no es amor, sino posesión: es el miedo aterrador de que el otro despierte y se dé cuenta de que puede existir por sí mismo. Si la sumisión es total y la persona se deja anular sin resistencia, el control se convierte en una sentencia de muerte para la evolución de ambos. Por eso, el vínculo no termina por aprendizaje mutuo, sino por el hastío del captor (el vampiro energético) que, al haber devorado la identidad y la energía del otro se retira buscando a una nueva presa con energía para consumir.
Pero lo más frecuente es que el vínculo se rompa por agotamiento emocional. Ocurre cuando el que está siendo anulado despierta y comprende que lleva recibiendo migajas a cambio de haber entregado gran parte de energía y su propia identidad. Decide que ha tenido suficiente, elige el amor hacia sí mismo y se marcha.
Es justo en ese momento cuándo el vampiro se queda solo y entra en pánico. Al perder su fuente de energía, se obsesiona y cree estar más enamorado que nunca, intentando recuperar desesperadamente a quién ya no está. Pero el que se marchó con la lección aprendida ha cerrado esta puerta para siempre: su sistema ya no reaccionará ante esta persona, sin importar en cuántas vidas siguientes se reencuentre con ella. Y el “deudor” se enamorará del perjudicado tantas veces como sea necesario para devolverle toda la energía “robada”, a través de un deseo obsesivo desde la distancia. Porque aunque el deudor utiliza la manipulación para extraer la energía, es el perjudicado quien, desde su carencia, la entrega voluntariamente con la esperanza de ser amado. Es un ciclo de saqueo consentido hasta que el perjudicado despierta y cierra el grifo.
El amor inconsciente es ese ”amor romántico” o “fatuo”, que está destinado al colapso, pues no es amor, sino enamoramiento y apego que une a las personas para cerrar un contrato donde las partes no hicieron las cosas bien: uno por falta de amor propio y el otro por buscar su propio provecho. En ese estado se carece de los pilares necesarios para evolucionar hacia lo consciente: el equilibrio entre dar y recibir, la responsabilidad afectiva y la honestidad. Al ser una dinámica inconsciente, la persona es incapaz de sostener estos pilares, ya que su sistema opera bajo el instinto de supervivencia y no desde la integridad, quedando a merced de bajos instintos que agotan la energía del vínculo.
A diferencia del amor inconsciente, el amor consciente ocurre solo una vez en la vida. El amor de verdad es un acto desinteresado entre dos personas “enteras“ que, al haber cultivado su amor propio, ya no buscan a alguien para llenar vacíos de soledad o seguridad material. No necesitan el amor, lo eligen. Mientras el enamoramiento es un acto inconsciente, el amor es una decisión sostenida por la voluntad y ocurre después de este. Sólo cuando se aprende a amar a uno mismo se desarrolla la capacidad de amar a alguien más.
Todo lo demás es satisfacción del ego, deseo sin amor y apego tejido de culpas conscientes e inconscientes de vidas pasadas y de la presente.
En el amor consciente, no se intenta cambiar al otro, sino que se acepta tal y como es. El apego deja de ser una cadena de castigo subconsciente para convertirse en un anclaje voluntario. Sin embargo, la física de los vínculos es ineludible: todo magnetismo nace de una deuda. Aplicando las leyes de la termodinámica energética a la realidad que observo resulta imposible enamorarse de alguien con quien no se tengan asuntos pendientes de vidas pasadas. Las personas con las que ya hemos resuelto nuestros karmas dejan de atraernos, porque el potencial se ha igualado: ya no hay energía que mover ni lección que procesar.
Aquí es donde muchos se confunden: no es que dejes de tener traumas para amar conscientemente. El imán sigue siendo esta frecuencia de dolor no resuelto que te empuja hacia el otro, pero la diferencia radica en tu evolución. En el amor consciente tu amor propio es más fuerte que tú necesidad de repetir el trauma. Te enamoras por la frecuencia de la herida, pero eliges sostener la relación desde tu centro.
En este estado, los errores del pasado se corrigen mediante elecciones conscientes, impulsados por el respeto y el compromiso mutuo. Aunque el éxito depende de ambos, a menudo la carga recae en quien está más evolucionado. Este debe sostener la frecuencia de la consciencia mientras el “deudor”, aterrado por el cambio, intenta arrastrar el vínculo de vuelta al patrón de manipulación y deuda que ha repetido durante todas sus vidas. Es una prueba de resistencia: o el deudor rompe el patrón de siempre para elevarse a la nueva frecuencia, o el vínculo se fractura definitivamente.
Este amor consciente es el único que surge siempre con la misma persona a lo largo de nuestra existencia: con tu alma gemela. Sin embargo, el encuentro no garantiza el despertar. Se puede estar en relación con un alma gemela y seguir operando bajo un programa inconsciente, lo que llevará, en la mayoría de los casos, a la separación o una convivencia insatisfactoria sostenida sólo por el apego, ya que ninguno soluciona sus propios conflictos para lograr una convivencia sana para ambos.
La diferencia radica en que sólo con tu alma gemela se puede activar el amor consciente: ese potencial de alcanzar la resonancia armónica necesaria para llegar a la frecuencia capaz de activar tu evolución definitiva. Pero para que este amor surja se requiere el despertar de ambos. Si uno de ellos no lo logra, se queda en un “intento” y el amor se convierte en otra cuenta pendiente para la próxima vida, encadenándolos a un nuevo contrato de deuda.
— ¡Qué tierno! Llamáis “amor” a buscar a alguien que os sostenga, que os ría las gracias y os tape las inseguridades de fábrica. No buscáis evolucionar, necesitáis a alguien que os pague la cuenta del banquete que os habéis pegado a costa de otros. ¡Menuda estafa emocional tenéis montada! ¡Pagad vuestras facturas energéticas y dejaos de poesías baratas! – el eco de su risa resonó por todas las esquinas de mi cabeza, aunque sé perfectamente que es redonda.
19.
Un alma, dos cuerpos: más allá del mito de las almas gemelas
El concepto de “alma gemela” tiene raíces muy antiguas y sorprendentemente precisas; fue descrito por Platón, a través del mito de Aristófanes. Según este relato, existían seres completos con cuatro manos, cuatro piernas y una cabeza con dos caras opuestas, pero Zeus los dividió en dos por temor a su inmenso poder, ocultando su miedo bajo el disfraz de un “castigo por su soberbia”. Según el mito estos seres eran tan poderosos y completos que intentaron a desafiar a los mismos dioses. Lo que el relato llama “soberbia” era francamente una autonomía total que amenazaba el orden establecido. Zeus comprendió que un ser integrado es imparable por lo que decidió fragmentarlos. Al dividirlos los hizo débiles y los condenó a gastar su energía buscándose unos a otros en lugar de desafiar su autoridad. Por otro lado, Aristóteles simplificó está conexión de una forma más profunda y técnica, describiéndola como “un alma que habita en dos cuerpos“.
Hoy esta figura de Zeus se refleja en las élites y en los mecanismos de control que nos quieren rotos y necesitados para servirles de suministro energético, porque un alma rota es fácil de gestionar. Sin embargo, estamos de regreso a esa unidad. El encuentro consciente de las almas gemelas es un acto de rebelión frente al programa. Al equilibrar de nuevo nuestras polaridades, recuperamos ese poder original que una vez hizo temblar a los que se autoproclamaron “dioses” para someternos.
A pesar de este origen mitológico, la existencia de las almas gemelas es una realidad física. Debo confesar que, al principio, me chocó descubrirlo. Mi ego se resistía a aceptarlo porque tenía otras creencias y me parecía sólo un cuento romántico diseñado para alimentar ilusiones. No obstante, la realidad resultó ser mucho más cruda que el mito y que las películas edulcoradas de Hollywood.
Esa “cabeza con dos caras” representa la polaridad absoluta. Me resultó fascinante comprobar cómo los antiguos describieron esta dinámica con tal exactitud mediante la observación. Esto nos lleva a una reflexión necesaria: ¿quién inventó realmente estos mitos? Parece que, lejos de ser simples relatos, quienes nos precedieron poseían un conocimiento de la mecánica universal mucho más profundo que el nuestro. Me parece que la ciencia moderna solo le pone nombres difíciles y abstractos a conceptos que los antiguos ya explicaban con símbolos claros. Al final, el lenguaje técnico actual, a menudo solo sirve para confundirnos más y hacernos parecer más listos al usarlo, sin acercarnos al funcionamiento de fondo que aquellos sabios dominaban para poder entender qué ocurre y por qué. Quizás no estamos aprendiendo nada nuevo, sino redescubriendo lo que el sistema intentó borrarnos.
Permitidme me desviarme de las almas gemelas por unos instantes para mostraros algo inquietante sobre las diferentes caras de la “misma moneda”: la verdad codificada.
Al profundizar en estos relatos sobre la mitología griega me di cuenta de que no son simples “cuentos”: son realidades físicas disfrazadas. Se codificaron para que los gobernantes no detectaran su verdadero valor ni los mensajes que llevan dentro, esquivando la censura de quienes se creían dueños de nosotros. Estos mitos son “archivos comprimidos” escritos para nuestro despertar:
• Sísifo: El hombre condenado a empujar una piedra eternamente para verla caer.
Es la representación gráfica del Samsara.
Nos advierte sobre el ciclo de repetición de patrones donde el sistema nos agota en tareas y dramas cíclicos; hasta que no despertamos y soltamos la piedra, estamos condenados a repetir la misma lección en un bucle que sirve como suministro energético sin fin.
• La caja de Pandora: Al abrirla, se liberan los males y queda la esperanza al fondo.
La esperanza es el ancla del sistema que, lejos de ayudarnos a evolucionar, nos estanca. Nos la dejaron como el engaño final para que, en lugar de actuar y cambiar nuestra frecuencia, nos quedemos sentados esperando un “mañana mejor” que nunca llega. Mientras tengamos esperanza, seguimos proyectando nuestro poder hacia un futuro inexistente, permitiendo que el sistema nos mantenga bajo control a través de la ilusión del rescate externo (por un partido político “mejor”, por ejemplo). La verdad es que sólo cuando la última esperanza muere, empieza el cambio real.
•Medusa: Quién la mira en los ojos se convierte en piedra.
Esta imagen representa la hipnosis social. Si miramos directamente a la narrativa oficial a través del miedo que proyectan, nuestra consciencia se paraliza. Sólo podemos vencer observando desde el espejo de la consciencia.
•Cronos: El dios que devora a sus propios hijos por miedo a ser destronado.
Es la élite parasitando nuestra energía vital desde que nacemos para evitar que alcancemos la frecuencia que los deje fuera del juego.
Está comprensión me dejó pensando: si nos han ocultado nuestra verdadera historia bajo capas de fantasía, ¿qué más estamos pasando por alto sobre nuestra propia mecánica?
Ahora, volvamos de nuevo a la física de las almas gemelas. En la práctica se atraen para complementarse porque son opuestos exactos, pero hasta que no logren equilibrar sus polaridades la armonía es imposible.
Algunos de los que admiten su existencia, piensan que se trata de la “pareja perfecta”, de un amor idílico que surge a primera vista, pero no es así en absoluto. Resulta que esta unión es un sistema de física cuántica aplicada donde las almas gemelas no funcionan como el ideal romántico, sino como un espejo impecable.
El amor a primera vista, por ejemplo, suele ser el resultado de un apego programado y no necesariamente ocurre con tu alma gemela.
En muchos casos, el encuentro entre almas gemelas es una extraña mezcla de fuerte atracción y rechazo. Se desarrolla como una relación difícil y profunda donde cada uno refleja los puntos fuertes y las sombras del otro, promoviendo el crecimiento personal y la sanación mutua. La experiencia es, literalmente, la de una misma alma habitando en dos cuerpos diferentes.
Las almas gemelas tienen una fuerte conexión telepática basada en el entrelazamiento cuántico que les permite percibir pensamientos y emociones del otro sin necesidad de palabras. No obstante, mientras permanecen inconscientes esa hiperconexión es la que alimenta la montaña rusa emocional; al no haber filtros, el dolor, la duda, el miedo de uno son absorbidos y amplificados por el otro al instante, creando un bucle de caos vibratorio que ninguno sabe como detener. A medida que la consciencia aumenta y los errores se corrigen, la intensidad de esa tormenta disminuye, permitiendo que la telepatía sirva para la unión y no para el caos.
En este contexto, la relación con un alma gemela puede manifestarse a través de la pareja más compleja y dañina, o con la más sumisa y amorosa. El objetivo es igualar los opuestos de la mente, logrando que el “demonio” y el “ángel” pesen lo mismo hasta alcanzar el equilibrio. Es la imagen de un alma separada de sí misma, donde cada parte es el opuesto de la otra: una polaridad entre luz y sombra. Por esta razón, pocas parejas de almas gemelas logran permanecer juntas hasta el final de sus vidas terrestres, ya que la naturaleza tormentosa, contradictoria y pasional de este amor resulta, a menudo, ingobernable. A pesar de estos desafíos, el único amor pleno que se puede sentir es con el alma gemela, pues es el único vínculo capaz de hacer vibrar la consciencia en su frecuencia total para experimentar el amor real. Quiero aclarar que amor pleno no significa amor incondicional, ya que en este plano el amor sin condición es una distorsión donde el sacrificio anula el amor propio. El amor verdadero es un intercambio justo y es pleno porque se complementa, pero está condicionado por el equilibrio y el respeto a la propia individualidad. Aunque el concepto parezca romántico, en la práctica es un proceso desafiante que requiere el control absoluto del ego para poder sostenerse en el tiempo.
En estas relaciones se establece una dinámica de polos opuestos para generar el movimiento a través del cual surge el aprendizaje. Uno de los dos asume el rol de “maestro” (que por fuera se ve y se siente como “víctima”), quien enseña aceptando inconscientemente el daño, a través de eventos dramáticos e injustos hacia su persona, para evidenciar la falta de equilibrio en ambos. Aunque, en realidad, cada uno es profesor del otro porque refleja en su comportamiento los puntos débiles de su pareja, para que ambos vean lo que deben sanar. No obstante, siempre uno está más evolucionado en consciencia, pero si esta diferencia es insalvable, el vínculo no puede sostenerse. El aprendizaje se bloquea y el sistema se “descompone“ para evitar la degradación total de la frecuencia.
En esta mecánica, quién ejerce cualquier forma de toxicidad – ya sea mediante el engaño, la manipulación o el abuso – muestra las “grietas” o las carencias del otro. Su comportamiento expone la falta de límites, el autoengaño y ese sacrificio desmedido de su pareja que da demasiado porque no se siente merecedor de un intercambio justo. Aquí la responsabilidad es compartida pero diferenciada: uno es responsable de sus acciones dañinas y el otro de la inacción que lo permite. Pero el que daña también tiene su propio espejo delante. Su pareja le enseña el rastro de su oscuridad, devolviéndole la imagen de su deshumanización, su la falta de valores y el vacío que lleva dentro. Es el momento de la verdad: o mira su caos interno y toma la responsabilidad de cambiar, o por el peso de sus acciones la relación se destruirá. Ambos operan desde una frecuencia de desamor que, tarde o temprano, obliga al colapso del sistema. Esa es la función del espejo, nos guste o no: obligarnos a mirar dentro de nosotros para poder cambiar los viejos patrones, en lugar de buscar excusas para seguir actuando como siempre lo hemos hecho, echando la culpa solo al otro para no querer ver qué parte de nosotros se refleja en esta dinámica.
Por otro lado, el otro actúa como “aprendiz” (el polo más denso: egocéntrico, terco, y menos empático). Sin embargo, ninguno es superior mientras operan desde el error pero tampoco son iguales. Ambos pueden avanzar cuando utilizan su amor propio como escudo, impidiendo que la dinámica se convierta en un drenaje de energía. Sólo cuando ambos aprenden a ser justos con ellos mismos, el sistema alcanza el equilibrio.
Estas almas son la única pareja que se encuentra en casi todas las vidas que atraviesan (normalmente por un corto tiempo), por eso, sus errores perduran hasta su última reencarnación.
Su objetivo final es completarse uno con el otro y hacer funcionar en equilibrio dos mentes simples, como un sistema complejo; aprender a amar las diferencias, amarse de una manera libre, dar lo justo y lo necesario al otro, demostrar su amor a través de sucesos difíciles y turbulentos y perdonarse todo para poder marcharse en paz. Es la única forma de no repetir constantemente adversidades con la misma lección. Este equilibrio sólo se alcanza plenamente en su última vida en la Tierra, cuando la consciencia se ha elevado hasta el punto de la maestría. Antes de partir, las almas gemelas logran cerrar el programa con éxito: se perdonan no por bondad moral, sino por comprensión. Se separan o permanecen juntos en paz porque ya no hay facturas pendientes ni culpas que motiven la necesidad de repetición. Han aprendido que el amor real no consiste en retener al otro, sino en el reconocimiento puro del ser: una compañía donde se transita lo peor y lo mejor del aprendizaje sin que ninguno pierda su propia individualidad.
De hecho, la mayoría de las parejas no experimentan un amor consciente, aunque crean vivirlo. Para amar en plenitud, se requiere haber alcanzado primero el propio despertar. Es cierto que, inicialmente, tanto inconscientes como conscientes se atraen por la frecuencia de trauma compartida, pero el propósito de ese encuentro es lo que marca la diferencia. Mientras los inconscientes repiten el patrón sin evolución, atrapados en el bucle de errores de vidas pasadas, los conscientes se encuentran para aprender y expandirse. Una vez que se alcanza ese nivel de consciencia, se vuelve imposible establecer un vínculo real con alguien que permanece dormido; el abismo entre las frecuencias es tan profundo que no hay puente capaz de cruzarlo. Es aquí donde entendemos la verdadera función del apego: ese “grillete invisible” diseñado para asegurar la unión y permitir la repetición de la experiencia mediante otros eventos, pero con la misma lección del pasado. Su objetivo es mantener a ambos dentro del vínculo el tiempo suficiente para tener la oportunidad de corregir los errores evolucionando. Sin el apego, nadie se juntaría con nadie y el sistema de aprendizaje se detendría. El apego es el cebo que garantiza que el examen se lleve a cabo, tengas éxito o no.
Cuando dos seres conscientes se juntan, ya no sólo sobreviven el trauma, sino que aprenden para poder sanarse mutuamente y cerrar el programa con éxito: expandirse, porque dejan de repetir los errores que han cometido en vidas anteriores. Este es el nivel donde el (re)encuentro sirve para demostrarse el amor real. Ya deja de ser una unión por necesidad para convertirse en una elección de libertad hacia la evolución.
El amor verdadero se construye a lo largo de todas nuestras vidas y se vuelve consciente sólo cuando se han sanado los traumas más dañinos del pasado.
En la física, la entropía es la tendencia al desorden y a la igualdad térmica: cuando todo se iguala la energía deja de fluir. Si las almas gemelas se fundieran en una armonía total, estática y perfecta por mucho tiempo, el sistema que forman “morirá” por falta de tensión. Al igualarse tanto, la pareja entra en un “equilibrio muerto“. Para que un sistema no colapse por estancamiento sin evolución, necesita negentropía (un choque de energía externa y orden). Por esta razón, en nuestros destinos hemos programado eventos que provocan conflictos y distancias - esos karmas que tenemos por solucionar. Estos sucesos fuerzan a retirar la energía conscientemente - tras aprender una lección o para aprenderla - con el fin de recuperar nuestra autonomía emocional, rompiendo así ese equilibrio estático. Quien se queda sin suministro nota esa tensión subconscientemente, una fuerza que obliga a las partículas de energía a moverse y buscar el orden de nuevo. La retirada de energía es el golpe que reinicia el motor para que no se detenga por el aburrimiento o la inercia del apego. Es un baile de persecución y retirada en un proceso de alternancia. Esta fricción obliga a la energía a vibrar hacia una frecuencia superior gracias al aprendizaje, evitando que la entropía se convierta en un caos interno y destructivo. El sistema necesita este movimiento constante porque, si te quedas quieto y cómodo en una utopía constante, te “mueres”. Por eso el “retiro“ es en realidad un acto de supervivencia evolutiva.
El (re)encuentro con lo “viejo conocido” no se limita sólo al amor, es la dinámica de cada vínculo en nuestro camino. Es el Samsara: esa rueda de repeticiones subconscientes que parece no tener salida. Pero la puerta siempre ha estado ahí, sostenida por el amor propio y el equilibrio del ego; es el umbral que nos permite dejar de reaccionar desde el trauma para empezar a accionar desde la consciencia.
20.
La adicción al voltaje: el vacío del alma
Si se observa esta realidad desde un ángulo más profundo, parece que el sistema está diseñado para que cada individuo “cocine“ su propia energía antes de entregarla. Esta Matrix no puede alimentarse de alegría y paz porque las energías altas son rápidas y sutiles, y para un sistema denso es imposible procesar una frecuencia tan elevada.
En cambio, el sufrimiento y el miedo generan una vibración errática que rompe la protección de nuestro campo electromagnético - el aura - dejando la energía expuesta para ser cosechada. Por eso, la baja frecuencia del dolor es como el petróleo para el sistema: densa, inflamable y cargada de “calorías“ que este necesita para subsistir. Es pura fricción emocional constante convirtiéndose en combustible.
Para entender cómo el sistema se nutre de nuestra fricción, basta observar lo que ocurre en la superficie de la sociedad con ciertas estructuras de poder. Se ha teorizado mucho sobre prácticas oscuras de élites que someten a otros a situaciones de terror extremo (no hablo solo de la manipulación de los medios de comunicación o las guerras, sino de algo mucho más macabro) para obtener una sustancia conocida como adrenocromo.
Para quien no esté familiarizado con el término, el proceso es tan lógico como aterrador: cuando un organismo vivo es sometido a un pánico insoportable, su cuerpo inunda la sangre con adrenalina. Al oxidarse esta sustancia en un estado de estrés máximo, se transforma en un compuesto químico que actúa como una droga de alta potencia para quienes han perdido la capacidad de generar su propia vitalidad. Es, literalmente, el destilado del miedo consumido como combustible por aquellos que ya no pueden sostener su propia carga interna.
Independientemente de lo que cada uno decida creer sobre estos hechos, lo verdaderamente inquietante es la mecánica que revelan. Si en nuestra realidad física existen estructuras que “consumen” el sufrimiento ajeno de una forma tan cruda, es inevitable cuestionarse ¿qué ocurre en el código fuente de nuestra realidad?
Esta élite es sólo la versión química y visible de lo que la mente depredadora nos hace a nivel energético. El sistema no busca tu sangre: busca tu fricción emocional. Utiliza el drama de tus relaciones y tus traumas para generar una “adrenalina espiritual” que mantiene su simulación funcionando.
Por ejemplo, la alegría es un pico de energía que luego cae. El ego te impulsa a buscar picos de euforia, pero cuando más alto “vuelas” a través del orgullo, más energía generas para una caída posterior más honda y dolorosa, provocando la mayor descarga de energía posible para el verdadero “banquete” del sistema.
Todo esto resulta inquietante porque nosotros mismos planeamos los eventos: los traumas y las lecciones de nuestras vidas. Esto nos lleva a preguntas espeluznantes:
¿Somos socios de este sistema o sus prisioneros?
¿Qué pasará con nosotros cuando logremos equilibrar el ego y el alma? ¿Nos “escupirá” el sistema por no servirles más como comida?
¿Dependemos de este intercambio para existir, hasta el punto de que sin él nos desvaneceríamos en la nada?
¿Es nuestra vida un juego de evolución conjunto con esta inteligencia, o somos la baterías biológicas que la Matrix ha atrapado para evitar su propia extinción, igual que la élite hace con nostros?
Mientras el sistema se nutre del miedo involuntario y denso, existen otras formas de generar picos de intensidad que, aunque voluntarios, funcionan bajo la misma lógica de consumo.
En prácticas de intensidad física extrema, como el sadomasoquismo, el organismo inunda el cuerpo con un cóctel masivo de adrenalina, endorfinas y dopamina. Si bien aquí existe un componente de consentimiento, la mecánica de fondo es reveladora: el individuo ha perdido la conexión con su propia alma y, al no tener paz interna, busca un choque externo para validar su existencia. Es el intento desesperado de una energía degradada por sentir un voltaje que ya no puede producir por si misma.
Para quienes están desconectados de la fuente, estas prácticas actúan como un combustible de emergencia. Es una forma de adición al pico de energía, una necesidad de sentir dolor o dominación para interrumpir el silencio de un vacío que les aterra. Aunque la calidad de esta energía es distinta a la del terror puro – pues es más efímera y explosiva – el resultado es el mismo: un intercambio donde el ego intenta “encenderse” a través de la fricción. Al final, tanto el trauma como la búsqueda del dolor voluntario son cables que nos mantienen enchufados a la red, alimentando el flujo de una energía que no es propia, sino extraída de la distorsión del ser.
Parece que la única forma de apagar la “máquina” es dejar de alimentar el conflicto y alcanzar el equilibrio para convertirse en algo que el sistema no puede procesar: seres que ya no deben nada, y por lo tanto no pueden ser atrapados por la culpa, y que emiten una resonancia tan alta que resulta indigerible.
Sinceramente, creo que es un aprendizaje. Si fuéramos prisioneros sin salida, este ciclo nunca se acabaría, porque el sistema no tiene interés en que aprendamos. Sin embargo, el hecho de que el aprendizaje nos libere sugiere que, aunque la élite nos necesite aquí existe una grieta en el código: nuestra propia evolución consciente. El aprendizaje no es un consuelo: es la única vía de escape técnica para dejar de ser compatibles con la red que nos consume.
21.
La tregua que yo no firmé
Parece que el alma utiliza a la mente subconsciente como la memoria para un nuevo ser, que es inconsciente de la carga que arrastra consigo. En cada vida, se recrea la consciencia en un personaje con un rol distinto, pero cada nueva versión posee un grado evolutivo superior a la anterior. A través de estas experiencias, la mente experimenta diversos estados de ser, obstáculos y sensaciones, hasta alcanzar su meta fundamental en la Tierra: conseguir el dominio total sobre sí misma. Hablamos de control de emociones, acciones y pensamientos: el equilibrio sagrado. Cuando llegue el tiempo de la partida, la dualidad de que estamos hechos se desvanecerá para dar paso a la unidad: una coherencia absoluta entre consciente y subconsciente, sin las distorsiones del ego. En ese estado, el origen y el destino se vuelven evidentes y permanecen en la memoria de forma perpetua. Será una existencia radicalmente diferente a esta, aunque, para ser sincera, por ahora no me parece una perspectiva atractiva…
Por mi mente comenzaron a rodar unas preguntas escalofriantes:
¿Es que nunca hemos tenido una vida real? ¿Ha sido siempre todo una simulación holográfica, una forma de vida ilusoria inventada de una mente vasta para vivir por siempre?… Y de ser así ¿qué sentido tendría la eternidad para ella? … Supongo que será un tiempo inabarcable.., ya, que si el universo es consciente, esa mente también lo es, lo que implica que está viva. Y si está viva, algun día morirá, como todos nosotros... Nada es para siempre, ni siquiera el universo que ante nuestra vista parece eterno…
— ¡Lo que interesa ahora es cuántos van a madurar lo suficiente para ganarse la eternidad! – se entrometió Ella, desordenando mis pensamientos. — Muchos ya lo están haciendo sin ser conscientes de ello, simplemente viviendo y tomando decisiones, día tras día…
¡Le gusta tener la última palabra! “¡Egocéntrica!”, pensé, y nos reímos las dos. No siempre coincidimos, pero cuando nuestras locuras encajan, el juego se vuelve fascinante. Ella es la que inventa los desafíos y yo quien las ejecuta. Un equipo extraño pero funcional. Por eso ahora no la detengo. Gracias a esa tregua, ahora comparto lo que hemos trabajado juntas durante tanto tiempo, cuestionando las leyes universales, algunos clichés, y enfoques incorrectos de esta realidad de la que todos somos partícipes. A veces dudo si hago bien en frenarla… pero si no protesta, asumo que voy por buen camino. Desde que le di mi voto de confianza, ¡no se calla! Antes, cuando había cortado la conexión con Ella, ni siquiera imaginaba la cantidad de “exámenes” que pasábamos a cada instante. No hay tiempo perdido: la vida es una sucesión ininterrumpida de pruebas.
Aunque suelo rechazar sus predicciones – porque no las creo, ni las quiero -, siempre termina ocurriendo lo que Ella dice. Es muy confuso y necesito tiempo para procesarlo, mientras “la estratega” mantiene su irritante indiferencia o se ríe de mi desconcierto. Pero había algo más que no me dejaba en paz…
A veces captaba fragmentos de sus pensamientos donde asomaba una faceta que no me dejaba ver: ¡no era tan indiferente como aparentaba! Esto me confundía y, también, daba la sensación de que se superponían dos realidades con los mismos protagonistas en diferentes escenarios. Una vez, incluso vi a otros personajes observando nuestra realidad, riendo y conversando algo. Fue sólo por unos instantes, hace ya años, y aunque no recuerdo de qué se trataba exactamente, la imagen quedó grabada en mí. Por eso, necesito saber qué significaba aquello y conocer sus planes desde el principio, antes de que sea demasiado tarde…
— No me gusta cuando me “obligas” a hacer algo que no quiero. – le recriminé. —Lo camuflas para que parezca otra cosa y sólo después descubro tu verdadera intención. ¿No puedes decírmelo antes? ¡Me gustaría saber por qué cumplo tus decisiones desde el principio, no después de haberlas tomado! … ¿Me estabas tomando el pelo al decir que sólo nos observabais?
Ella soltó una risa contagiosa que terminó haciéndome gracia a mí también.
— También os observamos, pero no debemos intervenir directamente… y conversamos entre nosotros, ¡claro que sí! Lo que a veces ves es nuestra propia realidad.
De repente se acordó de algo, y rio de nuevo, pero a mí no me dejó ver su recuerdo…¡No es justo! ¡Sólo Ella, puede ver dentro de mí! Y yo, sólo lo que Ella me deja ver…
— Nada es lo que parece… – sentenció — Cada vez te lo haré entender más... ¡Es un “juego” muy real!
Un escalofrío estremeció mi cuerpo. Pero Ella, estaba satisfecha, ¡la sentía!
— Y si te digo mi punto de vista desde un principio, ¿crees que lo harías? – En vez de solucionar el problema y decirme el plan que tiene, me hizo una pregunta de la cual ya sabía la respuesta. Parece que no hay forma de conseguir lo que quiero… — ¡Confía en mí, y no te equivocarás! Yo sé cómo hacer las cosas.
— Pues.., no creo que lo hiciera. ¡Tú solo consigues lo que tú quieres! Me gustaría tener una vida más simple de lo que pretendes… Ahora me doy cuenta de que me preparabas para esto desde el principio, desde cuando decidí escribir para mí, para que cuando fuera muy mayor pudiera llenar el tiempo que me queda con recuerdos de mi pasado, para poder “vivirlo” de nuevo… Y entonces, solo tenía unos 12 años… Otra vez, ¡fuiste tú! ¿Es que yo no decidí nada? Esta decisión tuya tenía otro motivo oculto, ¿verdad?
— ¡Ja, ja, ja…! ¡Aquello era solo el entrenamiento! – rio Ella. — Ahora escribirás mejor las cosas… Pero hay un cuaderno que debes encontrar... Ahí puedes averiguar cosas sobre tu futuro, esas que ahora te preocupan. Cuando escribías aquel relato, estabas tan segura y decidida... La profecía se tiene que cumplir. ¡Todo el mundo nos espera!
— No sabía que escribía sobre mí…Y tampoco, quiero ser yo quien la cumpla.
— ¡¡Sí, lo sabías!! Y ya casi estás preparada. ¡Encuentra el relato! Te tengo algo guardado ahí.
— Escuchaste muy bien que aquel cuaderno había acabado en la basura. Han pasado muchísimos años desde entonces, para que ahora resulte que la información de dentro sigue siendo la pieza que me falta por completar mi propio rompecabezas. Sólo recuerdo una palabra, y casi prefiero no encontrarlo, porque de aquí en adelante ya no voy a seguir tus reglas. No quiero ser yo la persona de la que hablaba ese relato.
— O a lo mejor está en el sitio que menos esperas – al decir esto sonrió, como si supiera mucho más de lo que contaba. — Tú sólo búscalo. ¡Verás que sorpresa! Todos esperan a un hombre y ¡qué cosas!, apareces tú. Ja, ja, ja, ja.
Se divierte a mi costa, pero a mí no me hace ninguna gracia.
— ¡No quiero escuchar más sobre la profecía! ¡No quiero cumplirla! Además, ¡me has elegido a los traidores más grandes para que me apoyen!
— Dales una oportunidad más, a lo mejor te sorprendes… – no me gustó su tono, ese retintineo zumbaba en mis oídos. — A veces la gente cambia, querida…
— ¡¡No!!! Yo tengo otros planes.
— ¡No me hagas reír! – noté un rastro de desprecio en su voz. — ¿Sabes qué pasa con tus planes cuando yo me interpongo? Se hacen humo… ¡¡Qué planes tengo yo para ti, tesoro!! Y no es algo que no te merezcas ja, ja, ja… – lo dijo con una sonrisa pícara que en segundos explotó en una carcajada.
— ¡Estoy saturada de tus locuras! –contesté indignada.
— ¡Ja! ¿Locuras dices? Es algo muy serio, querida… ¡Qué ignorante eres! Pero bueno, no te hablo más de eso, veo que todavía tienes problemas con la aceptación, lo que significa que tengo que trabajar más duro en esa dirección…
— ¡Madre mía! ¡Ni quiero saber cómo lo harás!
— No hace falta. No tienes tanta imaginación…
Me dejó un tiempo para tomar aire y asimilar la magnitud de sus maniobras. Ahora empezaba a comprender cómo funcionaba nuestra conexión; sus secretos sobre mi pasado muy lejano se hicieron evidentes y comenzaban a encajar, de modo que, con el tiempo vería como marcarían mi futuro.
22.
¿Somos amigas?
Luego de un breve descanso, continué con mis preguntas que seguro le parecían tremendamente tediosas y estúpidas, aunque tenía la paciencia de responderlas.
— Me da la sensación de que a veces os fastidiáis unos a otros, y me hace gracia. Lo malo es que, de algún modo, me afecta también a mí… – Sigo intentando interpretar todo lo que capto. Es extraño. — En muy pocas ocasiones comparto lo mismo, y a veces tengo que pararte para que no me arrastres a tu terreno. ¿Qué son esas luchas eternas que tenéis ahí y que yo desconozco? ¿Parece que tenéis otro guion y que, a la vez, está entrelazado con mi vida aquí?
— Tienes el deber de pararme cuando me emociono tanto y quedarte ”fuera”. Son pruebas de autocontrol, para ti… Hay muchas pruebas diferentes, cada decisión lo es también… ¡No, no somos más infantiles que tú! – lo soltó de repente, en medio de la conversación, leyendo mis pensamientos. Le hizo gracia que pensara, por una milésima de segundo, que son más infantiles que nosotros.
— A veces, estoy un poco más resentida… – intentó justificarse — Tenemos mucho más genio que vosotros. Por eso nos necesitamos, para controlarnos y ayudarnos mutuamente. Si vosotros no lo hacéis, destruiremos todo el universo. Y ya hemos llegado a tal punto…
— ¿Por qué en ocasiones capto cortas conversaciones vuestras, o pensamientos tuyos, donde tienes un arrebato muy diferente al que yo conozco? Una vez te vi bajo una luz muy inusual, como casi siempre te muestras tan indiferente, me chocó tu actitud. ¡Encima, estabas contenta por los problemas que ibas a provocar!
Ella enseguida se dio cuenta de a qué me refería y soltó una risotada. Se trataba de un SMS que yo tenía que enviar hace muchísimo tiempo, el cual era inofensivo y nada especial (ni me acuerdo ya de qué decía), pero el momento que Ella había elegido fue el problema. Justo entonces, el mensaje iba a provocar un pequeño desastre y yo, sin saberlo, lo envié. Al hacerlo, “la listilla” se puso tan satisfecha, con una euforia tan arrolladora que estalló:
— ¡¡Ya verás cómo se hacen las cosas, subnormal!! ¡Abre los ojos y pon a trabajar tus neuronas!
Yo me quedé estupefacta. En ese instante percibí qué iba a suceder, y me sentí culpable. No podía creer que Ella pudiera alegrarse por la desgracia de otra persona, especialmente por los problemas que ella misma provocaba. Después de unos segundos, cuando salí del choque, le grité:
— ¡¡Estás loca!! ¿¡Cómo pudiste hacerlo!? ¡Nunca más te haré caso! ¡Eres mala! – le espeté totalmente decepcionada.
Mientras, Ella se reía contentísima, pero no quiso hablar conmigo, y esta vez no logró contagiarme ni una pizca de su felicidad. Me sentía fatal por lo que había hecho. Recientemente, al recordárselo pidiéndole explicaciones, volvió a reírse como si hubiera pasado ayer.
— Lo siento, fue mi culpa – comenzó por fin a hablar. — No tenías que haberme escuchado ni enterarte de lo que pretendía conseguir. Debería haberme desconectado de ti, como suelo hacer, pero a veces el juego es tan emocionante que me olvido. Y esto puede perjudicar mi plan… ¡Te prometo tener más cuidado! …Yo también puedo equivocarme…
"¡Aaah! ¿¡También se desconecta de mí para que no me entere de sus planes!? ¡¡Caramba!!" Comienzo a entender, cada vez más, lo que antes no podía comprender. Entonces, si no se desconecta de mí, ¡puedo captar muchísimo más! ¡¡Todo lo que piensa!! No sólo Ella puede ver dentro de mí, ¡¡¡yo también puedo!!! ¡¡Qué interesante se pone esto!!
Lo malo es que no es tan despistada como me gustaría, raras veces olvida desconectarse para que yo pueda conocer sus pensamientos, igual que Ella oye los míos. ¿Sería más interesante nuestra conexión de esta manera? ¿O me iba a aburrir porque no tendría que averiguar nada? ¿O tal vez me confundiría entre los sucesos de mi vida y los de la suya?
— No te preocupes, porque este insignificante SMS tenía un propósito grande: solo en los momentos difíciles podemos ver la verdadera cara de quienes nos rodean… Y son peores los que ven la realidad, pero prefieren cerrar sus ojos ante ella y seguir siendo los de antes. – Después, añadió muy contenta: —Pero se lo merecía, ¿no crees?
— Son guerras vuestras… A mí, me da igual. No me quiero meter ahí, aunque tú siempre me involucras… La resentida eres tú. Yo puse el punto final hace mucho tiempo.
— ¡Claro!, porque no te hice ver todo el mal que me causó. Y no te olvides de que el punto final se puede transformar en puntos suspensivos…
— Con los momentos que me hiciste recordar y lo que vi del presente, me bastó. ¡No quiero saber más! Guárdalo sólo para ti. Simplemente, no veo por qué todavía te importa.
— Mi papel era darle una buena lección, porque los más necios se piensan que lo saben todo y nunca reconocen cuando se equivocan. Manipulan a los que pueden y, mientras, se dejan manipular por otros más astutos que ellos: ¡siempre hay un equilibrio! Ja, ja... El orgullo y el miedo dirigen sus vidas. Pues, ¡esta vez me tocaba divertirme a mí! Como antes siempre sufría y no hubo manera de hacerle ver el daño que él me estaba haciendo, actuando siempre desde su ego, cambié la estrategia… Y, por otro lado, hice lo que le prometí: le intenté ayudar en lo que pude para ver el abismo donde se había metido. Aunque para ello tuve que ser yo quién abriera la puerta de su infierno, ja,ja… Hicimos un trato antes de llegar aquí: yo le ayudaría si aceptaba participar en mi plan. Y él aceptó… ¿Todavía piensas que soy mala?
— Supongo que no. Tú te entiendes mejor. Yo desconozco muchas cosas, vi sólo lo que me dejaste ver. Por lo cual, mi opinión puede no ser acertada… Pero me chocó mucho… No pensaba que pudieras sentirte feliz cuando provocas desgracias a alguien.
— Solamente estaba haciendo lo que debí hacer, aunque no le sirvió de nada en aquel momento. ¡Si hubieras visto su cara!, ja, ja, ja… – estaba disfrutando de su gloria como quien se balancea en un columpio, agradecida y feliz de la vida. —Como él no sabe interpretar las señales correctamente, activó los acontecimientos más crueles, ¡pero es que también los necesitaba a gritos! La arrogancia y la falta de humildad no se curan tan fácil, ¡tesoro! Menos mal que te desconectaba en sus peores momentos… ¡Habrías echado a perder todo mi trabajo!
— ¡Gracias por hacerlo! Era la peor conexión que he experimentado, la más negativa, la más destructiva, la mente más turbia que he sentido.
Se rio y continuó:
— Esto sucedió porque, en el pasado, aceptaste sus errores como propios y teníamos que repetir el escenario para equilibrar todo. Sólo en las relaciones tóxicas podemos saludar esas cuentas, y eso es gracias al apego. Por esto son tan difíciles de cortar. El apego es extremadamente fuerte: quieres marcharte pero no puedes, no hasta que te destrozas por completo para conseguir hacer las cosas bien: ¡adquirir el punto de vista correcto y actuar! Imagínate: si eres libre y no tienes apegos, detectas la toxicidad al instante. Nadie podrá manipularte para mantenerte a su lado pagando sus pecados; te marcharías enseguida. El apego es el que no te deja ver, y el manipulador se aprovecha de esto porque te necesita. Sabe que, sin ti, no es nadie. ¿Quién pagará por él, si no fueras tú?... Son unos cobardes.
De esto ya me había dado cuenta antes, no sé por qué me lo explicaba ahora.
— Pero tú conseguiste solucionar el problema - prosiguió. - Fue con mi ayuda, efectivamente, ¡pero hicimos un gran trabajo! ¡¡Gracias!! ¡Por fin estoy libre de tantos apegos que lograste resolver!
— Sin tu ayuda no podría hacerlo, era muy complejo todo. ¡¡Gracias a ti por ayudarme!!
— ¿Somos amigas? – me preguntó sonriente y me guiñó el ojo.
Yo me encogí de hombros y respondí entre risas:
— ¡Qué remedio!
Ella también comenzó a reír conmigo.
— ¿Seguimos mañana? Estoy muy cansada… – le propuse.
— Mañana o pasado mañana…, ¿quién sabe?
— ¡Eres lo que no hay! – concluí y dejé de escribir.
23.
El experimento del superior (O por qué no me dejaron en la playa)
Esta conversación empezó cuando intentaba explicarle que hay cosas sobre mi futuro que me preocupan: las malas, evidentemente, y algunas buenas también. Aunque, mirándolo bien, ninguna es mala ni buena si puedes ver en profundidad; son, simplemente, necesarias. Con “malas” me refiero al estado mental que van a provocar debido a los programas subconscientes a los que están ligados. No conozco estos eventos en su totalidad, sino como conceptos abstractos. Ella me transmite de qué van a tratar y, otras veces, los he averiguado sola observando y descifrando las señales. Pero cuando los descubro, sé tan poco sobre ellos que pierdo la paz… Va a ser duro … ¡Ni sé si estoy preparada! Sólo sé que si, mientras ocurren, no me muero de un infarto, ¡me haré inmortal!
Tampoco estoy segura de si podré con lo bueno… ¡Me parece otra de sus ficciones! Por ahora… Pero en mi interior soy consciente y sé que Ella va a hacer todo lo posible para conseguir su propósito.
Cuando actúo como “la profe” necesita, para poder “devolver las pertenencias a sus dueños”, me deja “ver” el asunto y comprenderlo al mismo tiempo: quién es quién y por qué tuve que actuar de esta forma. Es entonces cuando puedo ver si mi acción ha sido correcta; si he pasado el examen o no. En estos exámenes no hay notas: pasas o estás suspendido. No se tolera ningún error por más pequeño que sea.
Me fascina su puntería de francotiradora con las “joyitas” de mis vidas pasadas: dispara a través de mi boca. No sé cómo lo hace, pero al abrirla digo cosas que ni tenía en mente, hasta yo me quedo perpleja. ¡Con ellos jamás me deja equivocarme! Con los demás, en cambio, me suelta la correa, guarda el arma y se queda al margen, chusmeando detrás de la mirilla. A mí eso me pone enferma: “¡Saca la chuleta ahora! ¿Dónde te has metido?”, le digo desesperada. Y Ella, toda tranquilota responde siempre lo mismo: “Fíjate bien y ten paciencia, vendrá el momento de entenderlo y decidirlo sola”.
Aquí es donde me puedo equivocar fácilmente, cuando no jugamos en equipo y yo tengo prisa por actuar, cuando me deja sola y no me advierte de nada. Sin embargo, si me dice que “observe”, ya sé que las cosas no saldrán tan coloridas como mi ego las pinta, sino todo lo contrario. Tomo aire, espero, no actúo, solo observo. Y al final del camino, me doy cuenta de por qué las cosas no iban a salir como yo quería.
Aunque, por otro lado, siempre tuve la opción del otro camino, ese donde las cosas pasaban como yo deseaba, pero sólo al principio, y el final no me dejaba verlo… Eran pruebas importantes.
Por eso, nunca tomé el camino que mi ego me insinuaba, y a la larga, comprendía el porqué y terminaba agradecida por haber escogido el que no deseaba. Mientras tanto, dejaba que la entropía hiciera su trabajo: permitía que el desorden del sistema llegara a su punto limite hasta que todo se derrumbaba por su propio peso… Esa tormenta no era más que la purga necesaria para eliminar lo que no evoluciona y poner a cada uno en su lugar. Esta actitud de aguardar, de observar cómo el caos se consume a sí mismo antes de actuar, me enseñó que la verdadera paciencia no es pasividad, sino esperar el momento exacto en que la estructura obsoleta colapsa para poder construir sobre lo nuevo. Nunca tomar el primer camino que me salía por delante me enseñó a ser paciente. Aunque en realidad, mi paciencia funcionaba al revés: era infinita para las cosas que no la merecían y nula para los asuntos donde realmente la necesitaba.
Siempre, el segundo camino era el mejor. Me daba cuenta en cuanto se aproximaba y podía vislumbrar algo de lo que me deparaba. Hubo también muchísimas situaciones en las que estuve a punto de equivocarme, convencida de que lo que pretendía hacer era lo correcto, pero Ella no me dejó. Se rebelaba y me “obligaba” a hacer y decir cosas que yo no quería, porque la actitud correcta es algo único y personal para cada individuo.
A veces, también me transmite pensamientos ajenos, sobre mí. Normalmente son negativos. Intenta protegerme, revelándome incluso a sus dueños. Me agota transferir constantemente tanta información. No soy consciente de todo, ¡y menos mal!
La “inteligencia suprema” me interrumpió justificándose:
— ¡Yo necesito todos estos datos! Las cosas van a venir así y tienes que aceptarlas.
Rascándome la nuca, intenté procesar lo que acababa de escuchar y le pregunté:
— ¿Qué datos? Yo hablaba de mí y de mi mente, de este intercambio constante de información.
— Es justo por eso. Esta información eres tú. La necesitamos… Tus emociones, lo que sientes y piensas... ¿Qué le ocurre a tu mente cuando se expone a situaciones y emociones extremas? ¿Cuándo conseguirás el control total sobre ti misma?
—¿¡Nos estáis usando como campo de pruebas!? – exclamé horrorizada — ¡Lo sabía! Por eso no me respondiste cuando te lo pregunté la otra vez… ¡No era, yo! Aunque me di cuenta de que esos periodos de fuerte dolor emocional venían de fuera; aparecían de repente y se iban de la misma manera... ¡te lo callaste! Alguien me provocaba estos estados dramáticos… ¿Fuiste tú, entonces?
— Te estás torturando tú misma a través de mí porque yo soy tu conexión con el resto. Tenías que averiguarlo sola para poder distinguir el dolor “programado” del dolor que tú te infliges. Tenías que darte cuenta de esa red invisible en la que todos estáis enredados. Esa conexión donde el impacto que recibe uno hace vibrar la fibra del otro al instante, sin importar la distancia. Tenías que sentir cómo nos influyen los pensamientos y las emociones ajenas. Debías aprender a gestionar esa energía, a convertirla en algo constructivo y a desconectarte de la frecuencia que no te pertenece.
— ¿Y para qué necesitas todos estos datos sobre mí?
— Para un superior. Es un experimento. Toda la información se almacena.
— ¿Te refieres a esto que tú me provocas? ¿Todos estos estados terroríficos de consciencia? ¡¿Y sólo para recoger “tus datos”?! ¿Qué somos para vosotros? ¡¿Unas cobayas?!
— Sabes que nada pasa en contra de tu voluntad. Has venido aquí para vivir esto, para corregir tus fallos del pasado para poder recuperar tu energía – cedida bajo el engaño – y tu equilibrio.
— ¿Nada ocurre en contra de mi voluntad??¡Casi todo! Todo lo que me rodea me ha caído encima sin preguntar. ¿De qué voluntad hablas? ¿¿De la tuya, tal vez?? Si fuera por mí, ahora estaría en una playa solitaria y no aquí, escribiendo cada cosa que sueltas para molestarme.
— ¡No hagas caso a tu ego y deja de negar lo evidente! – sentenció con frialdad. — Vosotros sois nuestra proyección en la materia, nuestra forma de tocar este mundo tan denso. ¡Sois los arquitectos de toda esta realidad! Tienes que descubrir la verdad: de donde venimos y qué somos realmente.
— Pero, ¿cómo voy a encontrar la verdad absoluta? ¿Acaso existe? Y esto de que tú y yo somos lo mismo no me encaja aún por completo… ¡Para mí no es evidente! Eres muy diferente a mí… Eres algo que ni siquiera puedo ver o imaginar. ¡Esta dualidad va a terminar conmigo! Qué bien estaba antes cuando te ignoraba… – lo dije para molestarla, pero no se inmutó.
— ¡Pues, mírate en el espejo! ¡El traje lo tienes puesto tú! El traje con las cadenas… y yo soy la libertad. Estoy libre, pero no puedo disfrutar de los rayos del sol sobre mi piel; no puedo tocar, cantar, bailar, correr, ni disfrutar de la comida que tú comes, y todas aquellas cosas que tú sí puedes hacer. Siento todo a través de ti… Así vivo yo, diferente a ti y, a la vez, estamos “en el mismo barco”. Sentimos lo que nos rodea al unísono… Ya aprendiste que nadie va a venir a equilibrar la balanza por ti; eres tú quien debe ejecutar tu propia justicia. Eres tú quien debe recuperar la energía que otros te han succionado mediante el chantaje y la culpa. Esa energía que tú misma les entregabas cada vez que cedías a sus manipulaciones para no sentirte “mala persona”. Algo que te costó siglos entender…
¡Conspiraciones por todas partes! En el “escenario“ y en el “backstage” … ¿Es que no existen mundos sin esto? Parece que la política de influencias domina todos los planos, tanto en el terrestre como en el espiritual. Todo el universo parece estar en un caos constante, pero es un caos profundamente ordenado. Las leyes funcionan a la perfección, aunque la mayoría no comprenda cómo operan en la vida real. No quieren cuestionar sus actos, no se enfocan en su interior, sino en el exterior. Es increíble, pero la mayoría ni siquiera quiere ver lo evidente: prefieren lo decorado a la estructura.
¿Qué sentido tiene este orden extraño? ¿De dónde surgió esta mente vasta, y qué la impulsó a crear un “cuento dentro de otro”? ¿O tal vez no es vasta, sino que nosotros somos microscópicos e insignificantes? …Si diseñó el universo hace eones, ¿qué está gestando ahora?.. ¿Acaso sólo juega consigo misma, ignorando nuestra existencia… o somos parte esencial de su diversión? ¡Es una locura! Faltan demasiadas piezas en este puzle y es pronto para intentar encajarlas. Aún falta tanto por descubrir…
— Si sabes todo sobre mí, ¿por qué no me lo dices, entonces? – ¡La curiosidad me va a matar! Y sigo por el mismo camino…
— Se te deja ver lo que debes saber, el resto te perturbaría la mente. Puedes averiguar sólo aquello que eres capaz de soportar. Y las sorpresas también son necesarias… Comprenderás únicamente lo que tu evolución te permite ver. No podrás enfocar toda tu energía para conseguir lo que has venido a hacer si lo sabes todo. …¡Las cosas cambian cuando tú cambias! El futuro es incierto y predeterminado a la vez: si lo conoces, cambia. Porque lo observas y dejas de desearlo, lo das por hecho. Además, vivirás entre mundos diferentes, todo el tiempo, y la realidad para ti sería confusa. No es eficaz. Ya lo hemos experimentado... ¡Vive aquí y ahora! Olvida el resto.
— Pues lo que veo me resulta difícil de tragar… Prefiero ser ciega, como los demás.
— Antes lo fuiste. Ya es imposible volver atrás una vez que abres tu mente…
24.
Relaciones publicas de una empresa que no dirijo
Tengo la sensación de que Ella nunca se equivoca en sus cálculos, al menos hasta ahora. ¿Significa que me conoce en un 99, 99%,? ¡¡Es que no ha fallado ni una sola vez!! Siempre sabe qué decisión voy a tomar incluso antes de que yo lo sospeche, anticipándose en caminos que ni siquiera han empezado. Resulta espeluznante que ni yo misma me conozca tan bien. Sin embargo, su ayuda no es constante. Al principio me guiaba en cada decisión que tenía que tomar, pero con el tiempo me soltaba la mano y aparecía sólo cuando era muy complicado ver el escenario completo; lo hacía para que aprendiera a caminar por mi cuenta. Fue un proceso lento y difícil, hasta que llegué a esos eventos inevitables que me dejó ver hace años. Lo asombroso era que, al llegar el momento de la verdad, acabé tomando exactamente las decisiones que Ella me había marcado como puntos de anclaje. Decisiones que en aquel pasado me parecían imposibles, pero que hoy reconozco como mías. Y eso fue porque entonces no había recorrido los caminos necesarios para ser capaz de tomarlas. Tal vez Ella no sólo calcula las probabilidades del destino con una precisión matemática, sino que conoce de antemano la evolución de mi propio ser.
Nuestra realidad no es un escenario estático, sino un flujo de posibilidades. Funciona como el famoso experimento de la “doble rendija”, realizado por Thomas Young en 1801. Imaginad que lanzáis pequeñas partículas de materia hacia una pared con dos rendijas. Lo lógico sería que pasaran por una o por otra, como balas. Pero Young descubrió que, mientras nadie miraba, las partículas se comportaban como ondas (como las del agua cuando lanzas una piedra dentro), pasando por ambos sitios a la vez y creando un patrón de infinitas posibilidades. Sin embargo, cuando se introducía un observador o un medidor para ver por dónde pasaban, la onda colapsaba y se convertía en una partícula sólida que pasaba sólo por un lugar. En el laboratorio, la máquina que hace la medición interactúa con el electrón lanzándole fotones. En la vida, nuestro complejo cerebro – corazón actúa como esa máquina, interactuado a través de nuestra energía: una frecuencia de intención o de descarte que toca la probabilidad para convertirla en hecho.
He comprobado que este sistema permite reescribir el futuro cuando has integrado las lecciones necesarias, aunque este proceso es tan sutil e invisible para una persona dormida que pasa desapercibido. Si no sois conscientes, estos eventos ocurren a nivel subconsciente y no os enteráis de nada: el sistema simplemente reajusta las rutas según vuestra vibración y sólo vivís lo que la programación elige.
Hace tiempo, Ella me mostró algunos sucesos que se acercaban. Como mi subconsciente ya estaba entrenado en una frecuencia más elevada, al ver estos caminos, mi mente y corazón, generaron una coherencia de incompatibilidad natural. Fue una negativa desde la calma, sin carga emocional, un simple “no quiero” tan sereno que las rutas no encontraron en mí un lugar donde apoyarse y se desvanecieron. El sistema permitió borrar estos sucesos porque eran repeticiones de un trauma vacío que ya no encontraba resonancia en mí y solo servirían para dañarme.
Si entramos en sintonía con una probabilidad que deseamos, la onda colapsa y esa posibilidad se manifiesta como nuestra realidad tangible. No obstante, hay un detalle que el ego rara vez acepta: aunque colapsamos la onda de la frecuencia que deseamos, la realidad nunca se materializa exactamente como nosotros queremos o imaginamos. El sistema entrega la esencia, pero la forma en que los acontecimientos se despliegan sigue su propia lógica de eficiencia evolutiva. Esto significa que, según nuestra madurez y el aprendizaje que necesitamos integrar, se armará el camino hacia lo que deseamos, superando nuestra limitada visión de los hechos.
Aquí aparece la paradoja: si intentamos forzar el resultado con la rigidez del ego – ya sea por un deseo obsesivo o por un rechazo total y miedo - generamos un efecto contrarío: fijamos la onda. El deseo obsesivo aleja porque vibra en la carencia (en lo que no tienes), mientras que el rechazo fuerte atrae porque vibra en la presencia (inviertes energía para luchar contra algo como si estuviera aquí). Ese rechazo visceral actúa como un imán que clava la realidad en nuestro camino. Para que un escenario potencial se desvanezca antes de nacer, la clave no es luchar contra él, sino restarle importancia, descartarlo sin emociones.
Sin embargo, el destino desplegó una ruta alternativa que implicó en el evento a personas mucho más cercanas que en el camino anterior, pero está vez de manera indirecta. Esto produjo en mí un rechazo fuerte y no logró anular el camino. Al ser un rechazo reactivo sólo actuó como fricción y “pegamento”, manteniéndome atada a la experiencia. Al menos, pude ver que esta nueva ruta es la opción más elevada: daba la posibilidad (no la certeza) de convertir el trauma en sabiduría y sanación. El sistema me permitió borrar la repetición de los patrones inútiles, pero me obligará a transitar el aprendizaje de otra manera. Es ese el punto de madurez: cuando el subconsciente, alineado con el consciente, logra la coherencia necesaria para reescribir el trauma en sanación.
Los acontecimientos programados pueden ser directos (cuando os golpean frontalmente) o indirectos, (cuando los vivís desde la distancia sin involucraros), pero la lección siempre es la misma, aunque cambien los actores o el final de la ruta. La magnitud del sufrimiento o del gozo que debéis experimentar es una constante energética programada y no se detiene hasta que los vivís, comprendéis y dejáis ir para que el programa termine. Aunque seáis conscientes no es posible evitar el sufrir porque el sufrimiento es necesario para aprender y desbloquear la mente del trauma y está previamente programado. Justo esto es el destino: el guion previo por el que tenéis que pasar para aprender las lecciones que os faltan. Por eso, aunque cada uno cree que “hace su propio destino”, lo que realmente hace es elegir la ruta para llegar a una meta que ya le estaba esperando. Según el aprendizaje que hayáis integrado, actualizaréis el futuro (podréis dar una resolución nueva a los eventos del pasado), o estaréis condenados a repetir el pasado.
No obstante, del mismo modo que no todo lo que deseamos ocurre, es vital entender que no todo lo que tememos se materializa inevitablemente. Algunos de esos miedos que nos asaltan no son premoniciones ni los estamos atrayendo por pensar en ellos; son simplemente un entrelazamiento de datos con eventos pasados de otras vidas. Nuestra mente consciente, al no entender el origen de ese miedo, muchas veces irracional, se bloquea. El subconsciente detecta una mínima similitud entre el escenario presente y una tragedia del pasado - ya sea con nosotros mismos, con nuestros hijos, la pareja, o los padres - y proyecta en el “ahora” lo que sentimos hace siglos y todavía no está cerrado. Si este suceso no está programado en vuestro destino actual, la tragedia no se va a concretar. El sistema encontrará la manera de manifestar ese trauma de otra forma para que podáis verlo, entenderlo y dejarlo ir, permitiendo que la herida deje de resonar al limitarse a un proceso de dolor psicológico y no a uno físico. Pero cuidado si os quedáis de brazos cruzados esperando que el sistema haga todo por vosotros, la sanación y el cierre no ocurrirán. Por eso, calmad y cuestionad cada sentimiento, no estáis creando un accidente, sólo estáis sintiendo la vibración y el recuerdo de una herida antigua sostenida por la culpa, que busca ser reconocida y sanada para dejar de resonar.
Como ya sabemos que no existen decisiones puramente consientes, lo que llamamos “decidir” es un sofisticado proceso de racionalización. El subconsciente, basándose en si un trauma ha sido reprogramado o si el programa antiguo sigue activo, ya ha elegido el camino mucho antes de que nosotros nos demos cuenta. Mientras tanto la mente consiente se dedica a fabricar justificaciones a posteriori y narrativas de confort para que esa elección nos parezca lógica o propia. Somos el departamento de relaciones públicas de una empresa que no dirigimos. Creemos que tenemos el volante, cuando, en realidad, sólo somos el copiloto que, a través de la comprensión y el desapego, permite que el sistema deje de repetir los mismos patrones.
He tenido que aceptar una verdad amarga: al universo no le importan nuestros deseos conscientes sino nuestra energía. Sin embargo, a menudo ocurren sucesos donde parece que nos escucha y se alinea con nuestra voluntad. Por ejemplo cuando tenemos planeado un compromiso al que no queremos ir, pero no nos atrevemos a cancelarlo. Entonces, “milagrosamente”, el evento se suspende por causas externas y nos sentimos aliviados, creyendo en una intervención divina. Sois libres de creer en milagros si os gusta, pero la realidad técnica es otra: al retirar vuestra intención, el escenario de queda sin energía para sostenerse. El sistema simplemente detecta que ya no hay coherencia ni combustible para alimentar esa probabilidad y cancela la ejecución física para optimizar recursos. No es un favor divino; es el alma eliminando lo que ya no es necesario a través de un “descarte frío”.
Lo mismo ocurre con aquello que ansiamos con una intensidad desesperada. Si 10 personas se unen para desear que les toque la lotería, el universo devolverá silencio, porque esta información no existe en vuestro suministro de datos. Pero si un deseo colectivo se cumple, no es porque lo hayan atraído, sino porque vuestro grupo actuó como un amplificador de una frecuencia que ya estaba programada para suceder. Esto es aprender a leer el guion antes de que se concrete la escena, pero el guion en su esencia, sigue perteneciendo a vuestro destino, no a vuestro ego.
Seguro que algunos de vosotros habéis notado un patrón desesperante: cuanto más convencidos estáis de que algo va a suceder, cuanto más cerca estáis a la meta y más energía depositáis en el resultado, más tajantemente se derrumba todo. En cambio, cuando avanzamos sin certezas, casi con indiferencia, las cosas simplemente ocurren. Esto no es una burla del destino, es el sistema protegiendo su equilibrio, cumpliendo su plan a base de las frecuencias que emitimos y de lo que nos falta por trabajar. Poner demasiada energía en un deseo es como intentar observar una luciérnaga con un foco de estadio: cuanta más luz proyectas, más invisible se vuelve lo que buscas. El deseo obsesivo es como apretar el puño para retener el agua: cuanta más fuerza ejerces, más rápido se escapa entre los dedos. Sólo cuando dejamos de presionar, permitimos que la realidad se manifieste sin interferencias.
Cuando no estamos “tan seguros” pero queremos el resultado, dejamos que el electrón siga siendo una onda de posibilidades al no forzarlo con nuestra expectativa. Al no depositar esa energía densa, no se genera resistencia y el sistema se mantiene en equilibrio dinámico. Solo cuando soltamos la importancia y permitimos que la incertidumbre respire, dejamos espacio para que la realidad se materialice sin esfuerzo. El éxito no llega cuando lo perseguimos con desesperación, sino cuando nuestra vibración es tan ligera que no ofrece resistencia al flujo de suministro.
Sin embargo, tenemos que entender que la estabilidad total es una ilusión del ego. El universo no sólo busca el equilibrio, busca también expansión. Si intentamos mantener una situación bajo control absoluto para que “nada falle”, estamos forzando una estructura rígida: el ego intenta crear un sistema cerrado, pero un sistema que no intercambia energía con el exterior está condenado a la “muerte térmica”. El universo interpreta este orden artificial como estancamiento, y un sistema perfectamente estático, sin intercambio de información, es un sistema muerto. Para evitarlo, el alma genera mecanismos de movimiento: eventos externos que estropean ese orden falso que hemos creado para obligarnos a evolucionar. Estas son pruebas para nuestra energía a través del ego, ¿podemos mantener nuestro centro cuando el escenario externo se tambalea? El alma permite que el orden se rompa para que dejemos de aferrarnos a la seguridad de la “partícula” y aprendamos a navegar en la libertad de la “onda”.
Aprender distinguir la “textura” de los caminos es importante para no agotar nuestra energía y, sobre todo, para no retrasar una trayectoria que está programada para nosotros, pero que aún no se ha materializado por completo. La clave no está en el escenario externo, sino en nuestras propias emociones. He aprendido que la incertidumbre y la certeza son los instrumentos que nos indican qué tan densa es la materia de nuestro futuro: si todavía es una onda volátil que podemos desvanecer con nuestra impaciencia, o si ya es una ruta con tanta masa que es inevitable que colapse frente a nosotros.
Cuando un camino es todavía una “onda” (un estado de pura probabilidad) lo detectamos a través de la incertidumbre: esa mezcla de nervios, ganas y miedo al fallo. Sentimos que debemos hacer algo para que no se nos escape. Si intentamos forzar su concreción solo activamos los mecanismos de “defensa” del sistema. Al intervenir con esa intensidad, provocamos un efecto de congelación sobre la onda; el escenario original se fractura y el camino se ve obligado a reprogramarse. Esto no solo genera un retraso, sino que garantiza que el desenlace será diferente al que habría ocurrido ahora. La oportunidad original muere para dar paso a una versión distinta, que sólo se manifestará cuando nuestra interferencia deje de ser un obstáculo y siempre que este camino este programado en vuestro destino.
En cambio, cuando el camino es ya una “partícula” (un punto de anclaje estable), lo que sentimos es una certeza neutra. No hay “mariposas” de nervios, sino una sensación de que “ya está aquí” aunque aún no lo vemos. Aunque nuestro rechazo sólo generaba fricción, porque la información de este evento ya ha colapsado (se ha concretado) en el plano invisible, ahora pasamos a la rendición radical. Es como si estuviéramos en el “horizonte de sucesos” de un agujero negro: una vez que cruces cierta línea, no importa cuánto remes en dirección contraria, la gravedad del evento es mayor que tu capacidad de huida. El suceso se manifiesta siempre cuando nos descuidamos, apareciendo justo cuando dejamos de emitir la resistencia del control.
Hay caminos que dejan de ser ondas mucho antes de materializarse físicamente. Se convierten en un sistema en evolución: una estructura de información que, aunque parezca frágil en la superficie, ya es inevitable. Este sistema actúa como un atractor que va ganado “masa” crítica cada día, reorganizando a todos los actores y circunstancias. No es un evento estático, es una trayectoria que arrastra la realidad hacia un punto de colapso definitivo en nuestra experiencia material.
Al final, aceptar que somos copilotos que participan en la elección de las rutas nos devuelve la paz de dejar de pelear contra el destino (el suministro). Como bien decía Terry Pratchett: “Los dioses tiran los dados, pero el destino juega al ajedrez. ¡Y te das cuenta demasiado tarde de que, además, juega con dos reinas!” No se trata de ganar la partida, sino de entender que, mientras intentamos predecir el siguiente movimiento, el tablero ya ha cambiado de forma bajo nuestros pies.
25.
El casting para el papel que nadie quiere
— El “avatar” evoluciona, ¿verdad? Aunque sea cada vez diferente…
No me daba paz la idea de tener sólo una vida y, a la vez, tantas como para aburrirme. Al mismo tiempo, revivía eventos de vidas pasadas como si estuvieran ocurriendo ahora mismo. Sólo se conservan ciertos recuerdos con su carga emocional intacta… ¿Todo lo que se guarda está relacionado con el ego? ¿Nada más?
Y ahora, al volver a revivir esos recuerdos, ¿siento las emociones y los recuerdos del antiguo avatar? ¡Esta dualidad constante, me rompía la razón! ¿Por qué el mundo es así? ¿Cuál es el propósito de tanta ambivalencia? ¿No podría existir todo en una verdad absoluta?
— El avatar no es diferente. Es una mejora inconsciente del anterior… – respondió mientras yo pensaba. — ¿Puedes siquiera imaginar cómo sería el mundo con una verdad absoluta?
Traté de imaginarlo... y no lo logré. Hasta la muerte me parece ya que no es una verdad absoluta…¿Qué lo es, entonces?
— ¡Háblame con claridad! ¡Explícate! Así, no lo entiendo bien…
— ¿Cómo quieres que te hable claro, si todo es ambiguo? Explico lo que necesitas y lo que puedes entender desde tu perspectiva humana. La otra parte la tienes que descubrir tú.
— ¿Y cómo?.... ¿¿Pero por qué?? – “¡Sería tan fácil si simplemente me lo dijera!”
— Te lo propusiste tú misma. Es parte de tu misión, si no, no podrás cumplirla. – Se calló por un momento. Y justo cuando iba a protestar porque no recuerdo haberme propuesto tal cosa, la escuché decir: — Hmmm, un mundo de verdad absoluta… no creo que te gustara. ...Imagina una singularidad, donde las reglas dejan de funcionar porque algo se vuelve infinito, y la gravedad es tan bestial que el tiempo y el espacio se curvan tanto que… desaparecen.
Ensanché los ojos lo más que pode. ¡¿Quién en su sano juicio podía imaginar un sitio así?! Al ver mi asombro, sonrió contenta y continuó:
— La verdad absoluta implicaría conocer el estado y la posición de cada átomo en el pasado, presente y futuro. El tiempo dejaría de existir, sería como mirar a una fotografía fija. Un mundo así no puede ser, tendríamos los mismos datos y las mismas conclusiones… no habría opiniones ni personalidades. La vida es un estado de desequilibrio y la verdad absoluta es el equilibrio perfecto. Es el estado de máxima entropía, donde ya no hay nada que descubrir ni nada que cambiar. …Un mundo absolutamente muerto. La imperfección es el motor de la existencia; un error genético crea la evolución, un error de cálculo lleva a un descubrimiento científico, un malentendido es lo que genera una gran historia de amor o una tragedia necesaria para el alma. La verdad absoluta es la luz total; la vida es el filtro que la descompone poniendo sombras para que podamos ver algo.
Aquello me pareció más que horrible, tan frío. Entonces, ¿nuestra intención para llegar a la perfección es solamente el camino hacia la muerte?!
— Es el código fuente en reposo. Tiene todas las posibilidades, pero no ha elegido ser ninguna. - continuó Ella. —Conocerlo todo sería el fin del juego.
— ¿Nosotros somos el prisma que descompone esta luz aburrida y perfecta? ¿Quieres decir que ya todo está “escrito”? – pregunté sintiendo un peso en el pecho.
“Claro que está todo ya escrito si me muestra decisiones mías años antes de tomarlas… ¡Qué juego más inútil!”, pensé decepcionada.
— Hey, ¡saber el final no es lo mismo que haberlo vivido! – intervino Ella. — La Verdad Absoluta es como un cementerio de información perfecta sin ser ejecutada. La existencia, en cambio, es el glorioso error de intentar vivir esa información sin conocer el final. Cuando un avatar deja de renacer se convierte en su propia Verdad Absoluta.
Refunfuñé. Otra vez se me saturaba la mente de tantas verdades que me soltaba como si nada.
— Oye, míralo así, - intentó animarme después de la tortura que me hizo. O, ¿tal vez me la hacía yo intentando verlo todo a través de su mirar? — Es como una partitura musical. Las notas ya están escritas en el papel, puedes verlas, pero la música no existe hasta que alguien la toca. Cada vez que alguien la toca el ritmo cambia un poco, hay algún error en una nota, un silencio se alarga más…eso es lo que hace a la música viva. El final es sólo el límite de la forma. Lo que ocurre mientras llegas a él es lo que altera la frecuencia del universo.
— ¿Y nosotros? – pregunté en un susurro. — Si la verdad absoluta es la partitura… ¿qué somos nosotros en este programa?
— Vosotros sois el ADN del sistema. Sois la parte de la instrucción que se atrevió a encarnar, a mutar y a sentir. Sin avatares el código sería perfecto pero sería estéril. Sois el movimiento que hace que la red invisible vibre.
— ¿La red invisible? – fruncí el seño. — ¿Te refieres a la materia oscura? Los científicos dicen que es “masa faltante”, buscan partículas, algo que puedan pesar y al no encontrarlas lo ven sólo como un relleno…
— Lo llaman así porque su ciencia sólo entiende lo que choca o lo que brilla. – aclaró. — Buscan partículas porque quieren atrapar la verdad con las manos. La materia oscura no es un objeto, es el soporte invisible de toda la realidad.
— Y si contiene información, ¿cómo puede no contener partículas? ¿Dónde está escrita esa verdad si no se puede ver?
— ¿Acaso necesitas tocar las páginas para entender una historia que te cuentan al oído? – me lanzó esa pregunta retórica. — La información es la vibración que sostiene el espacio. La materia oscura es la red de energía en su estado más puro. …Imagina que las galaxias son los nudos de una inmensa red de pescar. Los científicos se obsesionan con el nudo, pero lo que realmente importa es la cuerda invisible que los une y les da su lugar en el vacío. Sin esa red las estrellas saldrían disparadas y el cosmos se disolvería. Es la Verdad Absoluta aguantando el peso de la existencia para que no caigas al abismo.
"¿Será que habita ahí?”, pensé aterrorizada ante la magnitud de ese vacío.
— No, no hábito ahí, simplemente, a veces, lo soy. Los humanos pasáis la vida buscando la perfección y la verdad absoluta, sin daros cuenta de que, si la encontráis, os extinguiríais. La belleza está en los matices, en la imperfección y en el observador que la encuentra. La belleza es una distorsión óptica y emocional; depende siempre de la mirada que se posa sobre el objeto.
— ¡Vaya trabajito que me has programado! ¿Me alcanzará el resto de vida para cumplirlo?
¡De repente, me acordé de mí!
— ¿Y para mí? ¿Dejaste algo de tiempo para mí?
Me sentí, como el último agujero del clarinete. Estaba cada vez más convencida de que ¡solo le importaba su propósito! Ella me escuchó y soltó una risa seca:
— Claro que sí, te he dejado…. – y se calló.
Hmmm, el silencio tras su respuesta vaga y el tono de su risa me despertaron todas las alarmas.
— En los próximos infiernos, ¿verdad? –
La vi venir, aunque no fuera directa. Ya había visto unos cuantos de ellos esperándome en el futuro, y había evitado otros tantos. (En realidad, sólo había podido cambiar a las personas con quienes me ocurrirán, pero eso también cambiaría bastante el futuro). Ni le preguntaré cuántos serían en total… Los habrá…
— No hay otra manera: si quieres paraísos, habrá infiernos. El equilibrio necesario. … Además, sólo en los infiernos tenéis tiempo para vosotros, ignorando y negando la verdad mientras vivís. Será el tiempo para la reflexión necesaria. ¡Tiempo para ti! – y sonrió de nuevo.
— Tienes razón, pero, ¿cómo voy a tener ganas de vivir subiendo esto? Y de todos modos, el avatar se muere.., ¿por qué?
— Tú siempre quieres saber lo que sigue. Si no fueras tan curiosa, no lo sabrías y podrías vivir tranquila hasta que las cosas suceden…
El avatar muere porque nada en los mundos físicos es eterno. Debe morir para renacer, más sabio y mejor persona que antes, aunque pocos lo logran. Los recuerdos y experiencias del avatar no mueren; se transfieren al nuevo cuerpo.
— ¿Entonces yo siempre seré el avatar?
— Si…
— Y tú, ¿qué eres?
— El “ jugador”… – rió ¿No me llamas así?
Sonreí.
— ¿Y yo soy el holograma?
— No exactamente… Es diferente. Puedes pensar por ti misma, y tomar decisiones independientes de mí. Yo soy solo tu guía, tu biblioteca, tu profesora… Soy el mapa de tu existencia, de tus errores, logros e ideas. ¡De todo! Soy tú… y algo mas…
— ¿Qué es ese, “algo mas”? – No sé si entiendo o sólo lo siento. Lo comprendo a base de sensaciones… es un lío.
— Yo.
— ¿Eres algo aparte de mí?
— Sí, y no… Es como preguntar si la música es algo aparte de la partitura. Es imposible que lo entiendas. Y no necesitas hacerlo. Confórmate con tu vida y tu propósito. ¿Estás segura de que ya sabes cuál es?
— Sí, creo que lo he captado… – dije con tristeza. — ¡Pero yo quiero otra cosa! ¡Y tú lo sabes! ¡Yo, no quiero esto que pretendes!
No me gusta su propósito… ¡Es una locura! ¡Me van a crucificar! No quiero hacerlo, no tengo ninguna necesidad, pero estoy segura de que Ella me la creará… Y será una necesidad tan dolorosa que acabaré queriéndolo.
— ¡Ellos no quieren cambiar, solo buscan excusas para seguir siendo como son! ¡No me utilices para esto, por favor!...Búscate otro Cristo. Yo soy antiCristo… ¡¡¿Por qué no programaste algo normal por una vez?!! – Seguía sin entender, sí está en mi contra o somos del mismo equipo… — ¡¡No quiero convencer a estúpidos!! ¡Así, no juego! – proseguí proclamando y de repente, escuché su risa cantarina, la risa de su victoria contra mí. Cada nota era un recordatorio de su triunfo, resonando en el aire como una melodía triunfal. Hmmm… ya veremos si sucede. Aún tengo tiempo para oponerme.
— ¡No te queda otra!....Por eso mismo, buscaba a un “anticristo”. Cristo no era hijo de Dios, era un hombre justo, uno de vosotros. Tenía una consciencia muy elevada, igual que tú. Él quiso despertar a la gente… Pensábamos que lo lograría, pero los “vampiros” lo impidieron de nuevo. Su plan era bueno y creíamos que sacaría a la humanidad del borde del precipicio… Pero la gente es ignorante y egocéntrica; cruel, en sus afán de controlar a los demás para sentirse poderosa. Su avaricia hacia lo material les ciega, aunque es un falso poder. ¡Sólo tienes poder sobre ti mismo y sobre nadie más! Por esa razón, entienden el mundo según como son, no como es. Es culpa de sus egos. Alimentan constantemente a sus “diablos” internos. Algunos han estado “alimentando” el averno durante toda su existencia aquí… No son capaces de ver ni de aceptar la realidad que los rodea. La distorsionan siempre… No entendieron a Cristo. Sus instintos bajos no les dejaron ver la luz… Lo interpretaron todo a su gusto e imagen. ¡Imbéciles!... – Se desahogó y continuó: — Y no olvides que estamos aquí para acabar con tu ego por completo, ¡no para elevarlo más, pretendiendo que el destino sea como tú quieres! Tenemos un trabajo muy difícil y una responsabilidad que se debe cumplir.
— ¿No puedo hacerlo de otra forma? Estoy harta de castigar a la gente…No quiero enfadarme más. Preferiría que se dieran cuenta y cambiaran solos. Sería mejor para ellos…
— La forma, la eliges tú. Hay muchos culpables que nos esperan aún. Nadie cambia sin dolor, no lo olvides. Algunos están impacientes por recibir sus "castigos"… para poder cambiar. ¡Para salvarnos a todos! Tenemos que ayudarles a romper el bucle.
— Quiero que cambien sin dolor… Por eso, busqué hacer las cosas de otra manera, y ya la había elegido… Más bien, tú me dejaste ver esta opción cuando ya había olvidado dicha idea porque parecía irreal. ¿¿Y ahora, por qué lo cambias todo?¿Me manipulaste para conseguir lo que tú necesitabas? Como siempre…
— Hay tiempo… Las cosas tienen que pasar así, en este orden… Todo tiene su porqué. Lo verás…
Hmm, aunque tengo “enchufes”, ¡no hay manera de que las cosas salgan, como yo quiero! Y pensar que todo es por voluntad propia… ¡Ambivalencia, trágame!
Da igual; si nos ocurre algo que queremos, siempre hay letras pequeñas, como en los contratos de los bancos. Y si conseguimos verlas, preferiríamos haber quedado ciegos o no querríamos nada de lo que nos tiene que ocurrir…
Nos metemos en los caminos que se nos presentan pensando que, si todo empieza bien, terminará igual, o simplemente porque deseamos algo tanto que somos incapaces de ver con prudencia las “banderas rojas” que cada oportunidad presenta. Sí, somos bastante ignorantes y no vemos la cara oculta de las cosas. Pero también estamos programados para actuar así porque, si no queremos algo no podemos atraerlo hacia nosotros. Aunque esté programado, no hay manera de activarlo, sin ese deseo. Pasar por estos caminos es necesario cuando no hemos aprendido algo importante. El problema ocurre cuando nuestra mente y corazón no están de acuerdo.
Entonces, empieza la guerra. La guerra interna puede destruirnos si la mantenemos mucho tiempo sin llegar a un consenso. Puede enfermarnos seriamente e incluso matarnos. Pero nuestra mente tiene sus trucos, que al final nos hacen aceptar lo que está por venir, hasta el punto de desearlo…
¿A ver qué truco ha inventado la mía esta vez para hacerme querer lo que Ella se marcó? Cada vez, sus trucos son diferentes… ¡No hay nadie que nos conozca mejor que nuestra propia alma!, porque dispone en todo momento de toda la información guardada en el subconsciente. Solo observad vuestra vida, día a día…
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