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Fin de la inercia: Universos paralelos creando el "Superhumano" de Nietzsche, bajo tus narces

  • Foto del escritor: Nelson R.
    Nelson R.
  • 28 abr 2024
  • 16 Min. de lectura

Actualizado: 30 abr



El Observador Entre Realidades: Una Crónica Cuántica

Las ideas de los universos paralelos siempre me han intrigado, pero durante años las deje ahí, guardadas en el cajón de la ciencia ficción. No estaba preparada para ver lo que veo ahora. La posibilidad de que existan realidades alternativas donde el protagonista eres tú mismo es de entrada, un impacto difícil de procesar. Sin embargo, cuando mi mente se abrió lo suficiente para percibirlos, la duda se transformó en certeza: sí, existen.

Al principio, era incapaz de comprender por qué mi conciencia se desplazaba a escenas ajenas a mi presente. Observaba versiones de mí misma interactuando con personas que hoy forman parte de mi vida, y con otras que me resultan completamente desconocidas. Eran varias visitas muy breves; nunca interactúe, fui solo una observadora que, a través de una brecha, vislumbraba su otro “yo” en un universo distinto. Con el tiempo, comprendí que no eran alucinaciones, sino bifurcaciones de mi propia existencia.

Lo que los físicos describen en un nivel subatómico no es una teoría aislada en un laboratorio, es una mecánica que se refleja en la totalidad de nuestro ser. Los mundos paralelos interactúan con el nuestro mediante el entrelazamiento cuántico. Gracias a este fenómeno, también interactuamos enviándonos pensamientos inconscientes: la tan misteriosa telepatía no es un enigma metafísico, sino una conexión directa entre neuronas entrelazadas.


El concepto de universos paralelos no es nada nuevo; el psicólogo William James ya lo acuñó en 1895, y desde entonces la física ha intentado dar forma a una hipótesis que hoy parece ineludible: la existencia de múltiples realidades con leyes independientes. Mi enfoque trasciende lo académico para adentrarse en lo fenomenológico; una espiritualidad futurista donde las estructuras dogmáticas y los cargos eclesiásticos resultan obsoletos frente a la evidencia de la conciencia pura.

La teoría de los “Muchos Mundos” popularizada por Hugh Everett en los años 50, sugiere que cada decisión crea una bifurcación donde cada resultado posible se materializa. Lo que la ciencia describe mediante conceptos como entrelazamiento cuántico, yo lo traduzco en una realidad antropológica: somos una red de información en constante expansión que opera simultáneamente en múltiples planos.


La paradoja de la materia: ¿Teletransportación o Clonación?

La ciencia ha comprobado que la información entre partículas entrelazadas viaja de forma instantánea, incluso superando la velocidad de la luz. Este fenómeno conocido como teleportación cuántica, permite transferir datos a distancias enormes sin que los objetos físicos tengan que desplazarse. Es la base de los ordenadores cuánticos y la criptografía moderna, y ocurre principalmente de dos formas:


1. Cuando un electrón desciende dos niveles energéticos dentro del átomo, generando dos fotones entrelazados.

2. Mediante la colisión entre un electrón y un positrón, Lo que también genera dos fotones con un origen común.

En otras palabras, las partículas se entrelazan cuando comparten un evento común que debe obedecer a una ley de conservación. Muchos consideran esto como la base para una futura transportación humana, pero yo estoy convencida de que es imposible y explicaré por qué.

Quiero aclarar que no soy científica y no pretendo moverme en los mismos términos académicos. Seguramente habrá quien cuestione mi razonamiento, pero aquí expongo mi lógica basada en lo que observo y analizo. Tampoco entiendo todo lo que explican los científicos, pero hubo un momento en mi vida donde cosas que había leído e intentado comprender me hicieron el “click”: ¡ahora sí, entiendo! Pero lo entendí en una forma aplicada a la realidad que vivo, no en una escala subatómica. La propia ciencia me da la razón en un punto clave: para que la teleportación funcione en un laboratorio, el estado original del objeto debe ser analizado y, en ese mismo proceso, destruido.


Aquí radica el problema fundamental entre la materia y el alma. En la teleportación, lo que se envía es algo parecido a una ”foto” que se destruye al ser transmitida. La imagen que aparece en el destino es idéntica a la enviada pero no está compuesta por los mismos átomos, sino por materia que ya estaba allí.

Por eso, intentar transportar a una persona completa es un error de concepto. Para hacerlo la materia tendrá que descomponerse y reconstruirse con átomos nuevos en el destino. El resultado no sería la persona original, sino simplemente un clon. Mi conclusión es que el proceso de entrelazamiento es, en esencia, psíquico; es información pura. Sólo el alma tiene la capacidad de teletransportarse donde y cuando quiera, y a menudo lo hace sin que nuestra mente consciente lo perciba.


La Conexión de Transferencia Directa y la Mecánica del Equilibrio

El entrelazamiento que ocurre entre las partículas también sucede entre las personas a nivel mental. Estamos conectados por una especie de “conexión de transferencia directa” para asuntos fundamentales, y cuando mayor es el vínculo emocional más potente es la conexión. El desafío radica en hacer consciente este flujo: reconocer cuándo sucede y qué intenta comunicar.

Prestar atención a lo invisible es vital en un mundo donde la comunicación externa suele ser confusa. A menudo, las personas dicen lo que no piensan y ocultan lo que realmente sienten. Sus rostros pueden transmitir una emoción, pero su vibración subconsciente revela una realidad distinta. El subconsciente no puede mentir; sus gestos y energía delatan la verdad, permitiéndonos ver la máscara detrás de las palabras y detectar la farsa o la manipulación en su forma más astuta. Esta transferencia de datos es especialmente nítida y fácil de detectar en situaciones de conflicto.

No obstante, esta interferencia no afecta todos los sentimientos por igual; la tristeza y el amor auténtico no se alteran. Supongo que la razón es que emanan directamente del corazón por esto viajan con su pureza original. También ocurren situaciones de “resonancia emocional“ donde ambas personas experimentan la misma frecuencia pero provocada por factores distintos. Por ejemplo: uno puede enfadarse por perder un autobús, mientras el otro se enoja por un problema laboral o personal. Aunque el evento es diferente, la vibración y la emoción es la misma, sincronizándose a través del entrelazamiento.

Para comprender como llega esta información basta un ejemplo real: imagina que a un amigo o pariente que vive lejos le asaltan la casa. En el momento en que él descubre el desorden y siente miedo, pánico e inseguridad tú percibes esta carga emocional de forma instantánea. Aunque estés en otro lugar, podrías sentir una angustia repentina o el impulso inexplicable de llamarle. No recibes un texto con datos, sino la realidad emocional bruta. Al confirmar el suceso más tarde, comprendes que lo que sentiste no era una paranoia propia, sino su realidad reflejada en ti a través de la red cuántica que os une.

Mis observaciones sugieren que esta transferencia posee una autonomía desconcertante. Las partículas parecen discriminar qué información enviar, priorizando lo que el sistema considera relevante sobre lo que deseamos comunicar conscientemente. En este plano suceden auténticas “conversaciones entre almas” que transcienden lo humano. Parece que nuestra realidad es de sumo interés para observadores en universos más vastos; como si participáramos en un juego de escalas donde lo que sucede en nuestro plano afecta, inevitablemente, a niveles superiores de existencia.

He observado que, tras una ruptura, las psiques pueden operar mediante un sistema de transferencia inversa: mientras uno permanece sumergido en la tristeza, el otro suele experimentar un bienestar superficial hasta que la energía circula y los estados se invierten. En este punto la energía activa una defensa deliberada: el deseo del emisor causa en el receptor odio o rabia. No se trata de un error de comunicación, sino de un blindaje necesario del subconsciente para evitar un reencuentro destructivo mientras persiste el desequilibrio profundo. Este mecanismo también tiene una función de purificación, y funciona de esta manera solo cuando una pareja no ha terminado su camino en conjunto y tienen que retomar la relación en un futuro. En conflictos menores, el entrelazamiento actúa eliminando el resentimiento para restaurar el equilibrio. Es una limpieza automática que disipa las emociones negativas, permitiendo que la conexión prevalezca sobre el impulso del momento.


El Engaño de los Sentidos y los Universos Invisibles

La realidad que vemos es una alucinación colectiva: nuestros ojos captan datos, pero es la mente la que ejecuta el que proyecta el mundo que aceptamos como verdadero por pura inercia biológica.

El ser humano está programado para interpretar el mundo de una manera coherente. Percibimos un conjunto específico de partículas que nuestra cerebro “traduce” como un árbol de hojas verdes. Pero en realidad no hay ningún árbol, sólo información; cada código está relacionado con una imagen, nuestros ojos captan estos datos y el cerebro interpreta la imagen.

Vivimos en un mundo idealizado. Detrás del escenario, las cosas no son tan mágicas ni idílicas. En un paisaje hermoso, detrás de la belleza que estamos configurados para ver, ni siquiera existen los colores, ni las flores, ni los animales. El mundo es incoloro. Los colores son sólo radiaciones electromagnéticas que nuestra mente está programada para interpretar. La luz que un objeto no absorbe es la que rebota y llega a nuestros ojos; vemos, irónicamente, lo que el objeto rechaza.

Esta ilusión de la materia nos revela una verdad más profunda: la ilusión del ego. Si el árbol que veo es sólo una traducción de información de mi mente, el “yo” que creo ser es también una construcción basada en esa misma materia ilusoria. Al entender que somos energía disfrazada de masa, el ego pierde su solidez.

Los perros y los gatos, por ejemplo nos demuestran que la realidad es una cuestión de filtros. Ellos no tienen nuestro sistema “ RGB”; son dicromáticos, lo que significa que su mundo se construye mezclando principalmente el azul y el amarillo. Mientras nosotros vemos un mundo vibrante de rojos, ellos ven esa misma escena en tonos ocres, marrones y grises. Los gatos, por su parte, perciben azules y verdes pero sufren de ceguera de rojos.

Los humanos, mirando la misma realidad que ellos, la vemos de manera distinta, con la presencia de 10 millones de colores. Este es sólo un ejemplo insignificante de lo diferente que es la realidad para cada ser que habita la Tierra, y es fácil de imaginar lo diferente que será su percepción interna.


Cada especie está programada para ver el mundo así como lo ve, aunque la realidad de ninguno es la verdadera. La auténtica realidad parece ser una especie de programa.

Por eso todos los humanos vemos una mesa cuando está delante de nuestros ojos (y nadie la ve como una manzana), porque compartimos el mismo código y nuestra mente proyecta la misma imagen. Pero para un gusano que se arrastra sobre ella, esa mesa no existe. Para él es una superficie enorme, un terreno lleno de valles y grietas. La mesa es sólo una interpretación humana, una etiqueta de nuestro propio juego, mientras que para otros seres, por ejemplo un microbio, ese mismo espacio es un universo totalmente distinto.

Con esto quiero dar a entender que, más allá de los universos paralelos de los que hablan los físicos, en nuestro propio universo visible cada célula vive en su propio universo. Incluso me atrevería a decir que el universo de las células tiene sus propias leyes físicas, diferentes a las nuestras.

Pensamos en una célula nuestra o de un árbol: para ellas, la gravedad que nos empuja a nosotros apenas existe. Su mundo es otro. Para ellas, el agua no es un líquido fluido, sino algo espeso como la miel por donde tienen que nadar con un esfuerzo que no imaginamos. Las células de las plantas, incluso usan trucos de física cuántica para captar la luz con una perfección que no podemos replicar. Viven bajo sus propias reglas de juego, en una escala donde lo que para nosotros es sólido, para ellas es un universo de señales eléctricas y químicas. Es como si la realidad cambiara por completo según el tamaño de la pieza que mira.

El Matrix, el Superhumano y el Despertar de los clones

Toda esta mecánica nos lleva a aceptar que vivimos en una especie de Matrix donde soñamos con lo material, aparentando quienes no somos para ser aceptados. Buscamos sentirnos importantes y seguros en una sociedad engañada y enferma por las apariencias, sin darnos cuenta de que aquello a lo que nos apegamos no es lo esencial. Sin embargo, este “engaño común” es, paradójicamente nuestra mejor oportunidad: de vivir y evolucionar.

Y atrapados en nuestro propio juego, hemos olvidado para qué estamos aquí: la meta no es acumular riqueza material para ganar la partida, sino lograr una evolución mental, un equilibrio entre el ego y el alma para poder despertar. Es un trabajo tan complejo que nos toma muchas vidas. Al despertar, dejamos de ser unas simples piezas del juego para convertirnos es sus dueños.

Esta elevación de conciencia es el proceso de gestación de lo que Nietzsche llamó el “Superhumano” (Übermensch) .

Personalmente, no creo que esta realidad es el experimento de una civilización avanzada como sugiere Nick Bostrom, sino una creación de nuestra propia consciencia.

Bostrom si tiene razón que somos una simulación y esto ya mucha gente lo sospecha no sólo por intuición sino por lógica. Pero él se equivoca en el material de esta simulación. Yo sospecho que no habitamos un código frío de silicio, sino algo mucho más orgánico y profundo.

El cerebro no puede reconocer una emoción o un concepto que no tenga una raíz previa en nuestra estructura, lo que llamamos nuevo es siempre una reinterpretación de una memoria que ya nos habita.


La Cuarta Dimensión y la Naturaleza del Tiempo

Para comprender esto, debemos integrar la Relatividad Espacial de Einstein. Según esta teoría, el tiempo es una cuarta dimensión (el espacio – tiempo) en la cual coexisten pasado, presente y futuro. No existe una simultaneidad objetiva; lo que es presente para mí puede ser pasado o futuro para otro observador según su velocidad relativa. Lo que para mí es futuro ya existe para otro observador que se mueve con suficiente velocidad respecto a mi marco de referencia. Aunque no percibimos estos efectos en la vida diaria debido a nuestras bajas velocidades, son fenómenos reales. Esta visión científica apoya el Eternalismo: la idea de que el futuro ya existe, sólo que aún no lo hemos visitado.

Basándome en mis observaciones, las líneas del tiempo están superpuestas, como determinó Einstein. Pero esto no significa que existan otros universos paralelos donde una copia tuya vive tu pasado y otra tu futuro. Todo en el universo se sostiene a través del entrelazamiento de partículas, incluido el tiempo.

Vivimos el pasado y el presente simultáneamente cuando experimentamos lecciones no cerradas del pasado (y esto ocurre constantemente). Atraemos a nuestro presente personas y situaciones que nos traen traumas antiguos para que, está vez, logremos comprender la lección y cerrarla, así el pasado y el presente se entrelazan. También cada vez que pensamos en el pasado o en el futuro, los vivimos en un momento presente. Y justo esto es la cuarta dimensión: el tiempo, que existe sólo si hay un observador. Lo que reafirma que el universo en el que vivimos, y todo lo que conocemos es una realidad que reside sólo en nuestras mentes.

El concepto de que “el futuro ya existe, sólo que aún no lo hemos visitado” es válido porque está previamente programado por nosotros mismos. Esto parece que anula el libre albedrío, pero en realidad no lo hace, porque las opciones programadas y, las que seguimos programando desde el presente, son innumerables y depende de nosotros escoger los caminos a seguir. Vivimos el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo, ya que cada lección aprendida nos hace actuar de manera distinta, desbloqueando mejores oportunidades para el futuro. De esta forma, el tiempo no es una línea recta y es imposible recorrerlo mediante un desplazamiento físico. Lo que experimentamos como "transcurso" en realidad es el procesamiento de un entrelazamiento de cuentas pendientes.

Por lo tanto, este entrelazamiento de cuentas pendientes es lo que define nuestra trayectoría. El futuro, aunque ya está programado como una estructura de datos, no es una cárcel inamovible, es más bien una mapa de probabilidades. Si nos limitamos a repetir los mismos errores nunca sanaremos los traumas que tenemos, así simplemente visitaremos el futuro que ya está "escrito" por inercia del pasado. Pero si logramos a cerrar estas cuentas aprendiendo la lección para sanar, el sistema nos permite elegir opciones que reescriben esta programación, desbloqueando un futuro nuevo que antes no estaba disponible. No estamos cambiando el tiempo,estamos cambiando nuestra frecuencia dentro de él.



El Subconsciente y la Falsa Ley de Atracción

Esta superposición de tiempos tiene un centro de mando: nuestro subconsciente. Aunque nos gusta creer en el libre albedrío constante, la neurociencia (mediante experimentos como los de Benjamín Libet) ha demostrado que el cerebro toma las decisiones milisegundos antes de que nosotros seamos conscientes de haberlas tomado. El subconsciente opera para forzar que la lección sea aprendida, integrada y, trascendida. No es “mala suerte”, es el programa intentando cerrar un ciclo. Siempre el subconsciente lleva la delantera. Y mi experiencia en el tiempo circular me dio la prueba definitiva.

En una decisión vital, me vi atrapada en una nebulosa de impulsos contradictorios. Mi reacción inmediata fue la de actuar como “salvadora”, sintiendo la urgencia de intervenir en conflictos ajenos para defender los acusados. Incluso estuve a punto de dimitir por pura dignidad, al no querer ser parte de un proceso que consideraba injusto. Sin embargo, terminé tomando la decisión de permanecer en el lugar sin meterme en estos problemas, justificándolo ante mí misma como una cuestión de control del miedo ante la incertidumbre y la lealtad hacia los que iban a permanecer en el sitio porque la guerra no era en contra de ellos. Fue meses después cuando comprendí que mi subconsciente había tomado el mando: la verdadera razón no era la justicia externa, sino aprender a no desgastarme en guerras que no me pertenecían y dejar de huir de mis propias dificultades internas bajo la excusa de la indignación. Mi consciente fabricaba excusas para gestionar el miedo para poder tomar la decisión correcta: la que mi subconsciente me forzaba a enfrentar: mi propio proceso de maduración.

Esto explica por qué, mientras no sanamos nuestros traumas (o no aprendemos lecciones que tenemos pendientes), el futuro será una repetición del pasado y del presente. El consciente se bloquea y el subconsciente elige a través del trauma (de lo no aprendido) para cerrar el ciclo.

Aquí es dónde los “dormidos” malinterpretan la Ley da la Atracción, viéndola como un método egocéntrico para obtener dinero y fama de manera fácil y rápida, sin esfuerzo. Hablan de “subir la vibración” pero sin entender como funciona. La triste realidad es que no atraemos lo que deseamos por capricho, sino atraemos lo que vibra en nuestra sombra, o, lo no aprendido. La vibración no sube repitiendo mantras ni afirmaciones vacías, la mente aprende a través de la acción: cerrando ciclos de dolor. El universo no te da lo que pides para lucirte, te da lo que necesitas para dejar de ser un ignorante de tu propia existencia.



La Mapa del Futuro y la Simultaneidad de los Clones

Imaginar el futuro es una forma de habitarlo, pero sólo se manifiesta aquello que es primordial para nuestra evolución, no por simple visualización a una frecuencia elevada, atraerás lo que quieras. “Despertar” es reprogramar el subconsciente a través del aprendizaje. Una vez que él integra la sabiduría, nos aleja del trauma de forma instintiva.

Cuando observaba esos otros universos donde mi conciencia se encuentra bifurcada en clones, comprendí que no me es posible entrar en su realidad, ser el otro clon, ni interactuar directamente con él. Mi capacidad de influencia es exclusivamente indirecta: lo que transformo en mi consciencia aquí, resuena en ellos. Inicialmente, pensé que mis otros “yo” viven simplemente las otras opciones del “juego” que yo no había elegido, pero una observación más profunda me sugiere que su propósito es más complejo.

Al verlos, me sorprendió la total ausencia de apego emocional. Los observaba como imágenes externas con las que no estaba involucrada, a pesar de la certeza de que, en esencia, eran “yo”.

Esa falta de apego me permitió entender la conexión real: no necesito comunicarme con ellos para influirles, porque estamos unidos por el entrelazamiento. Así que “todos somos uno” significa que no sólo mi estructura de clones, sino la tuya también, somos lo mismo: el mismo principio y el mismo fin, todos junto formando un “Yo” extra grande que juega consigo mismo dividiéndose en personajes innumerables para evolucionar a través de diferentes estados de consciencia y conocerse a sí mismo.

Es una realidad que para algunos puede parecer abrumadora: no hay un Dios externo al que idolatrar, porque no hay nadie más que tú. Todo el universo es tu propio reflejo. El daño que haces a otros, te lo haces a ti; los errores que ves en los demás, son proyecciones de errores tuyos. Vivimos en una simulación donde el protagonista de todos los escenarios ¡eres tú!

¿Qué realidades virtuales nos esperan más adelante al terminar este “juego” de superación del ego aquí en la Tierra? No lo sé. ¿Existe una forma de ser real, que no seamos sólo consciencia disfrazada de masa? Tampoco lo sé. Pero mi experiencia hasta aquí me ha dado de entender que hay un alma que dirige todos estos personajes, y a su vez, todas las almas con sus clones forman a un ser complejo llamado “Yo Superior “. Y me pregunto: este Yo Superior, ¿estará también contenido dentro de alguien aun más grande? Incluso me tortura dulcemente una duda: para que el “yo” grande “muera” ¿debemos morir todos sus clones a la vez?

Mi existencia aquí no es lineal, sino simultánea. Atravesé un ciclo de siete años de tiempo circular – mi propia Noche Oscura del Alma - donde mi mente trajo un pasado bastante complicado a mí presente. Físicamente, el tiempo circular se cerró sobre mí. Generé una Curva Cerrada de Tipo Tiempo debido a la densidad de mi propio proceso interno; una “gravedad mental” que curvó mi línea temporal hasta que el final de la lección tocó su principio. Como observadora, mi percepción era el eje gravitacional que mantenía las mismas lecciones orbitando a mi alrededor. El bucle no se rompió inmediatamente al aprender las lecciones; el sistema me puso a prueba con múltiples desafíos de distinta índole para confirmar mi nueva frecuencia. Se destruyó exactamente cuando el tiempo programado llegó a su fin, coincidiendo con movimientos astrológicos clave que marcaron el fin de mi restricción. Fue entonces cuando la energía atrapada en este círculo colapsó permitiendo que la línea temporal se enderezara y me lanzara hacia esta aceleración extrema que experimento ahora.

Es un error buscar universos paralelos con naves espaciales, esperando encontrar leyes físicas distintas, como por ejemplo un universo donde el tiempo esta parado y siempre repites lo mismo, fuera de nosotros. Las teorías físicas que hoy parecen ciencia ficción son correctas, pero las miramos desde el prisma equivocado. Buscamos afuera lo que está en nuestra mente. Basta con cambiar el punto de vista del observador para entender el universo que habitamos. Somos la mente que sostiene esta simulación.

Este despertar global es la verdadera realización del “Superhumano” de Nietzsche: no un ser superior a otros, sino una persona capaz de superarse a sí misma. Y esto ocurre cuando consigue superar su propio ego. Sólo así la persona puede alcanzar su máximo potencial y convertirse en quien realmente es, su mejor versión.

Cada copia de nosotros compite y a la vez ayuda, inconscientemente, al resto de sus clones para alcanzar esta meta. Cuando una de estas versiones se acerca al mérito, se hace consciente: su mente se abre y percibe la realidad sin filtros, aprendiendo a descartar lo falso de lo verdadero. Mientras los inconscientes compiten con el mundo para destruir el sistema, el que despierta compite por superarse a sí mismo y desarrollar sus dones para aportar algo a la humanidad.

Al final todos los universos paralelos están intentando lo mismo: superarse para llegar a ser, por fin, ellos mismos.

Y nosotros, vivimos tan lejos de la realidad… Saboreamos falsos valores impuestos, buscamos aprobación ajena y nos olvidamos de nosotros para complacer el resto (o caemos en el polo opuesto: pensando sólo en nosotros aprovechándonos de los demás). Anhelamos ser amados sin amarnos, y valorados sin valorarnos. Actuando así, somos esclavos de nuestros traumas. Para ser uno mismo se necesita mucho coraje, amor propio y algo de locura.

¿Quién ganará al final la partida en tu sistema de clones? ¿A quién dejarás vencer: a tu ego o a tu esencia? Esto depende sólo de ti.

Os dejo con esta reflexión: ¿En qué os habéis convertido y cómo queréis ser realmente?

Con todo lo dicho, espero haber ayudado a algunos, haber hecho pensar a otros y, tal vez, haber decepcionado o enfadado a terceros. Si os quedáis indiferentes, no habré hecho bien ni trabajo.

Gracias por acompañarme en este análisis.

Seguimos decodificando.

Hasta la próxima.


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